Italia 47
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De Gásperi endeuda a los nietos de sus nietos: De Gásperi en Estados Unidos La SI 18/01/47 p. 4-6
Los políticos de Italia se extrañan.  Se ríen de Italia. La SI 15/02/47 p. 1-4
Incapacidad de los políticos italianos.  “No podemos afrontar el remedio” La SI 26/04/47 p. 3-4
Sicilia autónoma La 02/08/47 p. 4-6

De Gásperi endeuda a los nietos de sus nietos: De Gásperi en Estados Unidos
La SI 18/01/47 p. 4-6

 a) Ha llegado a Estados Unidos el jefe de la Democracia Cristiana italiana, y además jefe del actual gobierno de coalición reconstructiva. Ha obedecido su ida a un llamado del gobierno de Mr. Truman. Y su objetivo –el objetivo de Estados Unidos- es prestar a Italia aparentemente dinero, endeudando a los biznietos de los biznietos de De Gásperi y sus connacionales.
 El hecho es simple, aunque la explicación es obscura: en Italia hay hambre, faltos de todas las cosas necesarias. ¿Cómo se explica en una tierra que daba lo suficiente para hartar –porque los italianos saben comer- a toda una nación, sin que necesitasen el auxilio de nadie, no haya ahora vituallas, ni aún, últimamente, para trigo y pan?
 No se explica de otra manera que mediante dos abusos, que, de ser ciertos, clamarían al cielo: que los otros, los aliados, se lleven los productos italianos, que ante todo deberían ser para los italianos mismos; y que luego, estos productos o parte de ellos, los hagan recomprar por los italianos mismos, a un precio fuera de toda justicia y hasta de toda especulación usual.
 La baja de la lira, tan extraordinaria y nociva, no ha servido más que para valorar el dólar, y para hacer comprar por miles de liras por los italianos mismos, lo que de ella se llevaron y ahora valoran en dólares. Es la manera de unir un país a los gastos de guerra enemigos, haciendo que ese país pague los gastos propios y además los del enemigo.
 Estados Unidos, como todo pueblo vencedor, ha concretado una idea, que sale por todos lados, sea cuales sean los planes norteamericanos: que el enemigo, y sobre todo, el amigo, pague “mis” gastos ingentes de guerra. A eso tiende todo: los planes, los congresos, las exportaciones con precio incontrolado, las leyes. No hay pueblo en la tierra que deba tanto como Estados Unidos. Pero todo tiende en aquellos gobernantes a que esa gigantesca deuda interna sea pagada a los nacionales por los extranjeros.
 Durante la guerra, el ideal británico-yanki era que los otros peleasen, para gozar ellos, luego, los beneficios de la catástrofe: Después de la guerra, el ideal es que “los otros” paguen de mil maneras los gastos hechos durante la guerra, saliendo esta gratis para los grandes pueblos que la hacían hacer a los demás.

 b) Una de las maneras mas adecuadas para que los demás paguen la guerra, es obligarles a que se les conceda préstamos imaginarios. Ellos han sabido acabar con los préstamos de los dineros, que, con un interés quedan viables. Ellos han querido “hacer ver” que concedían préstamos, porque no han hecho más que posibilitar comprar en Estados Unidos. Con lo cual han ganado tres objetivos:
En primer lugar, han empleado su oro, que comienza a ser rechazado. Oro sin objetivo, oro muerto. Ese metal, en manos de los dueños de la Wall Street, necesita ganar continuamente. Ellos niegan al obrero su salario justo, necesario para comer u alimentar a los hijos. Pero ellos exigen para el oro muerto un salario que va más allá del salario del trabajador. La huelga del oro es de las más perniciosas que pueden herir a los magnates norteamericanos, dispuestos a hacer oro y más oro con el trabajo ajeno, mediante ese oro.
En segundo lugar, se evita toda competencia en las compras. Como ellos han prestado el dinero “aparente”; como ellos han prestado  solo “posibilidad de comprar en su casa”, sin poder comparar precios y cerrando los ojos a la especulación; como no van a pagar el dinero prestado, sino con una deuda que satisfarán en su día, ellos sitúan al cliente en la situación de no consultar precios, y a tener que aceptar los que imponga la industria norteamericana. Quiere ello decir que los préstamos de Estados Unidos, han anulado la condición que hacía que un préstamo fuese legítimo y favorable al comprador: poder comparar precios y comprar lo que le pareciese mejor y más barato.
 En tercer lugar, prolongan los préstamos su imperialismo hasta años y años porque los préstamos son largos y jamás agotados, imperando sobre el deudor con condiciones exorbitantes. Los