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Francia y los idiomas nacionales  La SI 03/01/42 p. 5
España retorna a sus viejas cortes  La Si 01/08/42 p.6-7
A imitar   La SI 01/08/42 p. 10
A imitar: Essen y el espíritu   La SI 19/09/42 p. 19
A casarse tocan La SI 21/11/42 p. 7


Francia y los idiomas nacionales
La SI 03/01/42 p. 5

Resumen  de ideas: sobre una diferencia entre la Francia de los “affaires”  (“decadente”, asimismo la denomina al final de la crónica) y la actual (bajo Pétain): la persecución de las lenguas vernáculas por los gobiernos de la Francia anterior; la defensa de las lenguas maternas de JBC y su rechazo del unilingüismo

    Una de las más brutales imposiciones de la Francia de los “affaires” era la sorda y tenaz persecución  de los idiomas nacionales que no eran la dulce lengua de la isla de Francia. El bretón, muy anterior en edad de Racine; el normando, cuya personalidad científica está fuera de toda duda; el catalán y su rama provenzal, que precedía en dos siglos a la lengua d’oil; esa milenaria lengua vasca, que era ya vieja cuando el francés tarareaba los primeros balbuceos y cuya estructura es mucho más personalizada y vigorosa que cualquiera de las lenguas neolatinas: todas esas lenguas, que habrían podido matizar tan elegante y científicamente la Francia total, eran objeto de persecución por parte de esos gobiernos que, a base y a la sombra de la palabra democracia, ejercían una verdadera dictadura sobre las almas, privándolas de lo más substancial y propio, que es el  instrumento natural para su cabal expresión.
    Se recuerdan detalles groseros referentes a esa persecución. Labriegos bretones, ignorantes de la lengua francesa, que no era la suya y no tenían para qué adoptarla, perder pleitos continuamente por negárseles toda defensa; alemanes de la Alta Alsacia aprisionados por amor a la lengua propia, don de Dios y expresión íntima del espíritu; vascos que no podían hablar su verbo famoso fuera del hogar y cuyos hijos no entendían una palabra del maestro –que pagaban con sus tributos- llegado de regiones centrales.
    Se recuerda, en cambio, como los famosos generales de la Francia siempre habían sentido un gran amor a las lenguas varias del país. Jofre, en los mismos días del Marne, arengaba en catalán a los soldados que venían del Rosselon, su patria natal. Foch hablaba en vasco a los oficiales de su recia tierra gascona. Y es ahora otro mariscal, Petain, el que acaba de ordenar que en todas las regiones de Francia sea obligatorio el estudio de la lengua materna.
    El Nuevo Orden, en la Europa del futuro, se asentará sobre patrias linguísticas voluntarias. Y sobre la Francia despótica del unilingüismo pesaba ahora una formidable amenaza: si el francés es la única lengua nacional, el corolario salta a la vista: las regiones que no hablan naturalmente el francés no pertenecen a la Francia del futuro. El unilingüismo es ideal netamente separatista.
    En Bélgica tiene lugar en estos instantes una polémica que se ha convertido en problema. La Universidad de Bruselas, acaparada durante el viejo régimen por la parte minoritaria del país que habla valón, dialecto del francés, ha estado hostilizando durante décadas al idioma flamenco, que habla la parte más dinámica y eficiente de aquel Estado.  La autoridad alemana al decretar recientemente la Universidad la expulsión de profesores que explicaban en flamenco, cerraba la Universidad en castigo. Medida ecuánime, mucho más tratándose de profesores, obligados a saber que el idioma es, no solo un derecho natural, sino la única vía para una expresión cabal.
    El mariscal Petain –militar al fin- ha entendido. Meses atrás eliminaba esas idiotas provincias que creara Napoleón contra naturam para poder dominar el país mediante una organización burocrática férrea sometida al poder central. Esa restablecimiento de las 16 grandes regiones francesas por Petain no ha sido debidamente apreciado por la crítica. Los ruidos de la guerra están ahogando el conocimiento de hechos medulares que están teniendo lugar. Y esa vuelta de la Francia renaciente a las viejas regiones naturales, hijas de Dios y entes naturales, dice algo muy hondo respecto a las reformas de recia médula, y también acerca de la capacidad de dirección nueva de ese anciano general que está captando las verdaderas necesidades de la Francia eterna.
    Ese decreto sobre la enseñanza obligatoria de las lenguas de cada región de Francia en las escuelas es de una trascendencia enorme dentro del movimiento universal de reagrupación de los núcleos humanos a base de fronteras naturales. Los políticos de la Francia decadente, gente inane y cortical, no entendían estas delicadas cosas. Petain ha comprendido toda la gravedad de la amenaza separatista que entrañaba la dictadura idiomática. Y con su decreto puede decirse que ha salvado la integridad del Estado francés, además de abrir