1925
Índice del Artículo
1925
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10
Página 11
Página 12
Página 13
Página 14

Pastores de pueblos La Unión, 04/01/25
La supresión de las preparatorias   La Unión, 11/01/25
Reforma de la enseñanza primaria  La Unión, 16/04/25
Un problema general candente: El maestro y la política La Unión 11/07/25

PASTORES DE PUEBLOS
LA UNION, 04/01/25   (A propósito de la Tercera Convención del Magisterio Nacional celebrada en Valparaíso bajo la bandera de la Asociación General de Profesores de Chile)Resumen de ideas: sobre el maestro; el status social del maestro; la incidencia de la Revolución Francesa en la configuración de ese status; alfabetismo y educación; la ponderación del maestro según el criterio de JBC; la Escuela nueva y el maestro; la política antieducativa de los gobiernos, que los maestros secundan; la enseñanza que no es función estatal, sino de las familias; la necesidad de mejorar la remuneración de los maestros

l LA PEQUEÑA COSA QUE ES UN MAESTRO

            Entre las humanas instituciones, no habrá  una que se acerque, siquiera de lejos, a la noble profesión del maestro. Sin embargo, ¡cómo todos, pueblos y Gobiernos, ignorantes y sabios, tienen en poquísima cosa al humilde forjador de generaciones!
            Los Gobiernos, despilfarrando por todos lados, se gozan en arrojar al magisterio las migajas de los grandes y continuados festines. Hablan los políticos -en días de férvidas elecciones- del "santo sacerdocio magisterial", riéndose a carcajada limpia, en sus adentros, de los infelices maestros. Los hombres públicos pícaros, los usan como escabel para convencer guasos y escalar puestos. Los hombres públicos más o menos sanos, los tienen a ración de hambre. Y todos, convirtiéndolos en dóciles empleados públicos, han hallado manera de tenerlos a sus órdenes, a remolque de partidos políticos sin ideales y de caudillos de todos los colores, que tienen en la política un modus vivendi lleno de pingues ventajas.
            Profesionales y artistas, escritores y poetas, concuerdan con los gobiernos en ese menosprecio al maestro. Catedráticos de universidad y profesores de secundaria, tienen a menos alternar con el humilde mentor de niños. No es tenido en cuenta en fiestas, solemnidades y acontecimientos sociales. Y noveleros y dramaturgos, estereotipando ese desprecio en tipos de risa, nos pintan al maestro víctima del hambre, saco de ignorancia y desnudo de sentido común, los codos raídos y la faz contrahecha, supurando pobreza por
todos sus poros.
            Políticos y pedagogos hijos espirituales de la Revolución Francesa, han sido la causa primera, a parte antea, como dirían los dialécticos, de ese menosprecio al maestro. Ellos concibieron al maestro, no como un educador de niños y forjador de caracteres, sino como un loro repetidor del abecé, borroneador de palotes, descifrador de cifras estereotipadas y canturreador insulso de canciones incomprendidas. El papel del maestro, según esa concepción, ¡cómo se prestaba a empequeñecerse! Creador de memorismos, repetidor de letras hechas, castigador de díscolos, enseñador de leer y escribir, su misión se reducía a bien poca y chica cosa. Es así como aún la pedagogía enciclopedista empequeñecía la misma concepción técnica del maestro, poniendo ya en el origen doctrinario de la profesión, la causa del desprecio que había de venir.
            Y tras Gobiernos, profesionales y pedagogos ¿que había de pensar la plebe?  El pueblo educado en la poca consideración al maestro por el ejemplo menospreciador de los de arriba, había forzosamente de rebajar todavía más su idea sobre el maestro. Y esa idea cristalizó, en todos los tiempos y países, en aquella opinión según la cual "el maestro es un providencial guardador de guaguas, un infeliz ayo de penecas, que libra a la madre y a la calle, de los gritos y de las  maldades de los niños".
            Tras esa pequeña opinión general sobre el maestro, venía desgraciadamente, una crítica despiadada a poner de relieve lo defectuoso de su labor. Somos no pocos los críticos que amamos cordialmente al maestro; que amamos, también, los fueros de la verdad. Y no podemos menos, cuando