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Las plantaciones de la ciudad. Como enseñar al público a respetarlas, quererlas y cuidarlas  La Unión, 30/10/27
El Decreto de Reforma Educacional  es susceptible de importantes modificaciones  La Unión, 22/11/2
Juicio crítico sobre la Reforma Educacional. Modificaciones substanciales que el Decreto exige para que la enseñanza responda exactamente a los propios anhelos del Gobierno   La Unión  24/11/27
Escuelas para la vida  La Unión 14/12/27
Edificios escolares La Unión, 17/12/27

Resumen de ideas: sobre la educación nueva; la educación y ecología; la educación y vida cotidiana

            El Director de Parques Municipales, en unas declaraciones sobre los jardines de la ciudad, se queja amargamente de que el público, por la ineducación de algunos, no pueda gozar debidamente de tan agradables como sanos atractivos urbanos.
            Como se sabe, nuestros jardines son estropeados, pisoteados y robados por los vándalos... apenas formados o reparados.
            El señor Midleton lleva toda la razón, no sólo como técnico responsable, sino como ciudadano moderno, que sabe que las plantaciones son los pulmones de la urbe, descanso de la nerviosidad, encanto para los ojos y sitios de recreo para la colectividad vecinal.
            Todas las ciudades cuidan esmeradamente sus jardines. Aun podríamos decir que las plantas de las calles y los parques de la ciudad constituyen una especie de barómetro señalador de la cultura media urbana.
            Es necesario que Valparaíso se modernice en este sentido, comenzando por resolver el problema de la conservación y respeto de las plantas y jardines municipales por parte del público, para poder, sobre esta base, aumentar los parques -especialmente los rústicos- en la futura urbanización de los cerros y del Camino de Cintura.
            Quien busque los medios para llegar a resultados en este sentido, deducirá fácilmente que el problema entraña tres órdenes de consideraciones distintas pero que mutuamente se completan.
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            Está en primer lugar aquel principio de la educación nueva que podría formularse brevemente así: una cultura o habilidad cualquiera se aprende, no por medio de la predicación o de una intelección, sino mediante la práctica de la cosa misma que se desea poseer.
            Toda predicación verbalista del amor a los jardines ha de ser bien inútil. En cambio, la creación de jardines públicos, parques, parterres y musgales, así como la plantación de árboles en las calles, para que el público culto disfrute de ellos, y el público inculto los estropee, es el único medio de llegar a la finalidad de que este público inculto no lo estropee al fin.
            Todo aprendizaje se debe realizar -si ha de ser verdadero- sobre la misma materia, y sobre la misma operación que se desea aprender, so pensa de pasar de verbalismos intelectuales. El que desee confeccionar zapatos no tiene otro camino que comenzar a estropear cuero aprendiendo a hacer zapatos. El pueblo que respeta sus jardines y parterres ha aprendido esta cultura mediante un aprendizaje doloroso, durante el cual su incultura ha sido batida por distintos medios, y el hábito y el gusto de respetar las plantas se han ido sedimentando poco a poco.
            Ya aquí, es evidente que una pequeña sanción debería rigurosamente imponerse. Es el medio más activo de educación popular en estas materias. Existen unos letreritos en los parterres de la Avenida Pedro Montt, donde se explica que habrá de pagar 20 pesos el que pise los musgos de alrededor de aquellos árboles. A la mañana siguiente de ponerse estos letreritos, la Policía, al relevar los guardias, formaba tranquilamente dentro de los parterres mismos... ante los ojos asombrados del público.
            El señor Midleton, que es empleado municipal, debería enviar sus reclamos a sus colegas municipales que no saben hacer cumplir las disposiciones sobre esas multas, que existen en todos los países, con la diferencia de que allá se cumplen por todos, incluso por la Policía.
            Tiene este problema su aspecto de educación escolar. Debe ser Chile el único país que no tiene establecida la fiesta del árbol, y que no ocupa a los colegios de niñas en el cultivo de jardines, más o
menos públicos. En Santiago se ha hecho algo, pero muy poco y sin la constancia necesaria.
            En Holanda, los niños de las escuelas cuidan los árboles de carreteras tan hermosas como