1934 05
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Bélgica XXVlll Una fórmula escolar ideal   La SI 12/05/34 p.5
Las Tres Marías  La SI 12/05/34 p.11
21 de Mayo. Día del heroísmo y del sacrificio. Lección entusiasta para niños de las escuelas y ciudadanos de la calle   La SI 19/05/34 p.1
El vino de Chile como factor positivo de afirmación internacional La SI 26/05/34 p.6,8

Bélgica XXVlll Una fórmula escolar ideal   La SI 12/05/34 p.5

Resumen de ideas: sobre la organización escolar; la educación del pueblo; de como superar el conflicto entre la educación fiscal y la particular; la organización escolar belga, inspirada en la doctrina del cardenal Mercier, a la que JBC adhiere

            Discuten pedagogos, políticos y hombres de acción sobre la mejor manera de organizar la educación del pueblo, en toda la extensión de esta palabra, es decir, la formación de la niñez y la juventud nacional.  Unos tiran por un lado; otro, por otro lado; no hay conformidad entre dos grupos, cuanto menos entre cien grupos que se disputan la conciencia popular y el acaparamiento del patriotismo.

            Unos, como los latinos, defienden la organización escolar estatal, entregando al Estado las normas educacionales. Otros, como los sajones, reconocen a la sociedad -familiar, municipal, etc.- el derecho a educar a los suyos según les dicte su propia conciencia, dejando la organización escolar en manos de los padres. Unos hablan con elogio de unos métodos concéntricos que no son concéntricos, como en Chile, o de métodos concéntricos que lo son en realidad, como en Suiza. Otros nos elogian el sistema antiguo de intensificación, tirando hacia el "homo unius libri", pero aprehendido este libro en sus cuatro dimensiones. Bajo otros cien aspectos se dividen las opiniones de los entendidos... y de los que no lo son, resultando una verdadera algarabía de pensares, ideales y fórmulas en cuanto a la organización de la educación de la juventud.
            Se ha prestado poca atención a la fórmula belga, que es una de las más originales, democráticas y científicas que existen. Fue generada esta fórmula en la Universidad de Lovaina, al calor de la filosofía del cardenal Mercier. Resumiéndola en pocas líneas -la ley educacional ya tiene muy pocas líneas- diría así:
            1. Los padres son dueños absolutos de dar a sus hijos la educación que les cuadre, tanto respecto a ideales (catolicismo, socialismo, liberalismo, comunismo, etc.) como respecto a metodología, sistemas y procedimientos (concéntrico, simultáneo, Decroliniano, Montessoriniano, método antiguo, etc.etc). El Estado y la política no se entrometen en ello.
            2. Los padres nombrarán para las escuelas de sus hijos los profesores que les cuadre. Punto de aplicación del anterior. El Estado señala, no más, los límites lógicos dentro de los cuales esa libertad se ejercita: condiciones higiénicas mínimas del local, título educacional del maestro, mínimo de instrucción, vigilancia moral y ética, etc.
            3. Una vez organizada una escuela o nombrado un maestro por indicación del hogar, los presupuestos públicos pagan su sueldo, repartida esta carga entre el preuspuesto fiscal del Estado, el presupuesto comarcal de la provincia y el presupuesto municipal respectivo.
            Más simple, absurdo: nada de complicaciones ni preciosismos pedagógicos. Más democrático, imposible: cada cual educa según sus ideales, de derecha, de izquierda o como sean, pagando el fisco.
            Más científico, nada: pueden ensayarse todos los métodos, infiltrar todos los ideales, ponerse en práctica todos los procedimientos.
            Con ello desaparece el eterno conflicto entre la escuela fiscal y la particular, teniendo las ventajas de una y otra y sin los inconvenientes de cada una.
            Se ha divulgado poco esta ley, que merece una gran atención: en ella hay todos los elementos para hallar un punto de convergencia, cuando menos práctica, entre las más opuestas corrientes, que discuten, enredan y meten bulla (casi siempre por móviles políticos) en tantos otros países que no han encontrado el centro de gravedad que estabilice, al menos por algún tiempo, la educación popular.