1934 11 y 12
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El prof. Sievers, investigador chileno  La SI 10/11/34 p.13
Documentación. Sobre Educación Pública.  La SI 10/11/34 p.14
Persecución en México, La SI 08/12/34 p. 10
Francia 12. “Catuzie”  La SI 29/12/34 p. 8

El prof. Sievers, investigador chileno  La SI 10/11/34 p.13
Resumen de ideas: sobre el saber humano; la ciencia; la investigación; el caso ejemplar de un científico chileno

            1. Yungla y camino asfaltado. En el campo del saber, como en la superficie de la tierra, hay dos regiones: la parte del globo conocida, con ciudades edificadas, vías férreas tendidas, campos dóciles al arado y carreteras asfaltadas que desarrollan kilómetros como cinta de plata; y la parte del globo desconocida selva, y manigua, naturaleza virgen y obscuridad, poblada de misterios invisibles, ululante de fieras y señoreada por seres mortales que escapan al ojo humano.
            El saber humano tiene su zona desbrozada, radiante de luz, empedrada de verdades conocidas, con espléndidas concatenaciones de teoremas, luminosos axiomas, caminos anchos bien trillados, por los cuales marchan los hombres fácil y seguramente. Es la escuela primaria, el liceo secundario, la instrucción profesional, la erudición enciclopédica, el manual técnico, la monografía resultado del trabajo de un gran cerebro. Es el diario, la revista, la conferencia pública, el discurso del profesor, la inteligente adquisición de conocimientos, el empollamiento estudiantil.
            Más, tiene el saber humano, también, su yungla. El mundo del saber tiene su enorme zona desconocida, cada vez más amplia y extensa. Tiene sus verdades a descubrir, sospechadas y que se buscan, y sus verdades a descubrir cuya existencia no se sospecha siquiera. La obscuridad reina sobre esa yungla científica, ante la cual pasa el hombre común con absoluta indiferencia; ante la cual el hombre de minoría se pasa, entornando los ojos como para ver si algo percibe. No percibe más, sin embargo, que el ulular de dificultades, el run rún de la tzétzé científica y un enorme interrogante bailoteando sobre el cielo negro de esa salvaje región. Es el mundo de los investigadores, de los observadores, de los inventores, de los pionners del saber, que a brazo partido abren camino en las entrañas mismas del manigual. Son los pastores, que llevan tras sí el rebaño enorme de repetidores, obedientes a la voz del abridor de caminos.
            ¿Dónde estarán esos gigantes del desbrozar yunglas? Están allá bajo, en las lejanías, al otro lado de los montes donde sale el sol y más allá de las pampas hermanas de ultra-Cuyo. Allí hay hombres de cuerpo hercúleo y cerebro densamente amarillo y voluntad energética, que saben rascar en la obscuridad y encender siquiera un pequeño fósforo en la negrura, convirtiendo en cosa conocida lo que era un trozo de yungla. Allí están los que cazan microbios por vez primera y hallan la luz en el seno de una negra cabeza de fósforo. Allí están, cierto; pero... ¿no acabo de encontrar uno en tierras de Chile, escondido en el cascarón de una sencilla vida santiaguina, abriendo brecha más o menos en el perímetro de la Quinta Normal.
            2. El paisaje. La Quinta Normal es, para el vulgo, un parque. Un parque que, si solo fuese esto, tendría un nombre que carecería de sentido. Pero, dentro del Parque, hay, si no una quinta normativa, tipo y ejemplar de cultivos agrarios, cuando menos dos instituciones que son normativas en dos diversos sentidos. Por un lado, la "Escuela de Medicina Veterinaria", que normaliza a ingenieros agrónomos capaces de renovar la manera de entender la patología animal. Por otro lado, el "Instituto de Investigaciones Veterinarias", cuyo oficio es de yungla: experimentar, investigar, ensanchar el campo de lo conocido en la zona misteriosa de las enfermedades de los animales.
            Múltiples edificios, de singular pobreza. Esto, que es un laboratorio, fué un establo perfecto. Aquello, que parece una perrera, es una clínica de operaciones zoológicas. Este comienzo de Museo veterinario, donde hay patas cancerosas de caballo y cerebros tuberculosos de oveja y un principio de biblioteca adecuada, ha sido, poco hace, un pajar. Esas pesebreras lo son a fuerza de ingenio. Y si algún ser dotado de imaginación quiere poner graciosamente a esa sala todo lo que le falta, la convertiría en perfecta sala de rayos X para la introspección animal...
            A falta de paredes y material, bueno es el movimiento de seres vivos. Un caballo escuálido,
huesos andantes, herido de muerte por el misterio de la peste blanca. Ovejas de Magallanes, en busca