1939 03
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Bibliografía. Sievers, Hugo K., La vuelta al mundo con diez estudiantes  La SI 18/03/39 p.12

Bibliografía. Sievers, Hugo K., La vuelta al mundo con diez estudiantes
La SI 18/03/39 p.12 (ver tb. La SI 10/11/34 p.13)
Resumen de ideas: sobre la educación científica: un modelo de hombre de ciencia; los viajes y la autoformación personal y científica

            Los lectores asiduos de "LA SEMANA INTERNACIONAL" si hacen recuerdos, rememorarán este apellido. Pocas veces un nombre ha llenado una página de esta revista. Y fue el caso que tuvimos que llenarlo -porque el espíritu ordena- con Hugo Sievers, inquieto entre los inquietos, y, entre los jóvenes, -rara cosa hoy- buscador de cosas nuevas por los caminos de una disciplina científica. En el número 669 más de cuatro años atrás, una página quedaba rotulada con un título sugestivo "En la Yungla Científica". Y era explicado el caso de un joven hombre de ciencia que, en una rinconada solitaria de la Quinta Normal, daba caza a nuevas soluciones veterinarias, de gran trascendencia práctica. Hombre movido, que ha estudiado en París y en Hamburgo, que es conocido en los medios científicos americanos; que acababa de atrapar en aquel instante una nueva solución terapéutica animal.
            Y ese hombre inquieto -suprema distinción de un cerebro activo- levanta ahora nuevamente el vuelo, sueña en el Oriente lejanísimo y sus avances científicos y sus exotismos; y, del ensueño pasando a la acción, embarca con dos profesores y diez discípulos hacia todas las aventuras de una vuelta al mundo con alas ligeras, sin pesarle mucho las responsabilidades y pesándole menos, todavía, la cartera leve de escasos billetes inquietadores.
            Medio año. Y, al llegar, un libro. El relato sencillo y al correr de la pluma de una aventura rara para cuya imaginación basta ser hombre de calidad; para cuya ejecución se necesita ser Sievers.
            La finalidad del viaje era penetrar en el alma japonesa. Más, para llegar al país donde el sol nace y los crisantemos florecen, había que pasar por muchos otros. Y de ahí surgía ese Viaje Alrededor del Mundo, que, comenzando en Las Vegas y Valparaíso, había de tocar todos los pueblos del Pacífico, y, de vuelta del Japón, habían de presentarse a la vista del observador la Manchuria rejuvenecida, la China ensangrentada, la India elefantiásica, el Egipto enigmático, la Italia de la Giovinezza... El panorama es tentador. Y, aunque tenía Sievers un problema casi insoluble -la falta de tiempo para hundirse en tanta vida rara- ese libro muestra que el éxito no depende de dificultades más o menos, sino de la capacidad del que sabe acometerlas.
            Libro denso, con 375 páginas que, editadas en volumen usual, ocupan 600 bien aprovechadas.
            Hemos dicho que Sievers es un investigador. Queda dicho que su finalidad capital es la eficacia. Es un libro que deberían leer muchos, especialmente cuantos, puestos por algún camino en zonas directrices, tienen la responsabilidad de la dirección, bajo algún aspecto, del país. Porque ese Japón exótico y raro, que tiene tantos puntos que criticar bajo el ángulo discorde de un blanco; y también bajo el ángulo, también discorde, de un sociólogo, ofrece simplemente a la vida occidental un rosario de realidades de las cuales ya podríamos contentarnos con aprender unas pocas de las fundamentales. Pongamos por caso la voluntad de trabajo, muy distinta de la idea del deber de trabajo. Porque aquella es vida y realización, a la vez dolorosa y gozosa, mientras que ésta es fórmula vacía que ostenta, sin vivirla, el americano que la predica.
            La verdad es que se viaja muy poco, aún en los países más avanzados, por parte de los hombres de ciencia. Quien esto escribe ha podido, desde muchos años, ver repetido el raro espectáculo de conocidos profesores universitarios que, siendo ampliamente conocidos por sus trabajos y sus libros, no han traspasado jamás las fronteras de su patria.
            Hay cosas que no se aprenden en los libros. Entre lo entendido perfectamente y lo vivido, hay la diferencia del que ha tenido noticia del terremoto en todos sus detalles y aquel que, aun ignorando los detalles, ha sufrido en carne propia sus consecuencias, actor, pasivo y sufriente, de la gran catástrofe.
            Varias veces he escrito contra la "rutina científica" bajo el aspecto de pegarse los eruditos a
teorías y hechos comprobados y no saber desprenderse de ellos para acoger nuevos datos