1939 07 y 08
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Para la juventud que estudia. La pequeña filosofía del gallardo volantín  La SI 22/07/39 p.15-16
Iniciativa escolar en El Salvador La SI 22/07/39 p. 16
Para la juventud que estudia. Otro viaje por las raíces del lenguaje: la opulencia del superlativo  La SI 05/08/39 p.18
Para la juventud que estudia. Tiene Chile en el mar una defensa inagotable
La SI 12/08/39 p.6-7

Para la juventud que estudia. La pequeña filosofía del gallardo volantín
La SI 22/07/39 p.15-16
Resumen de ideas: sobre la habilidad en el hombre, el aprendizaje, el estudio, la "digestión" espiritual (sobre esta última expresión ver BOY núm. 52 Dic. 23 p.79-81)

            1. Allá va la gente. Verdaderas riadas humanas. Ricos y pobres. Hombres y mujeres. Grandes y chicos. Especialmente chicos, la cara vivaracha del que va a una linda fiesta. Las puertas de las murallas (1913) andan abarrotadas de gentíos. Saint Cloud revienta de multitudes. Puteaux es una riada humana. Y, como los ríos marchan al mar, vaciándose en él sin jamás quedar vacíos, así todo París -el verdadero "Tout París"- se escurre joyoso y brincando hacia el inmenso Bois de Boulogne, el parque histórico que ha servido de marco a tantas novelas famosas y a tantos idilios que no son novelas ni famosos.
            Pero ahora no se trata de idilios. ¿Se tratará de un match ciclista? Porque andan tantas "becanas" camino del parque, que más parecen divisiones militares de ciclistas. Todas han de pasar por la Puerta Central del Bosque:
            -Dígame, guardián ¿cuántas bicicletas, y para qué?
            -Hasta ahora 41.678. Para ir a ver volar pájaros hechos de papelitos de color.
            Y allá se va. La gran explanada ladera a los grandes lagos del Bois. Las enormes multitudes se apiñan. Se espera una gran fiesta. En tanto, los vendedores hacen su Agosto, a pesar de ser Julio; los buenos hogares están merendando bajo un pino escuálido que vió pasar, en aquellos días, a la Dama de las Camelias del brazo de un apuesto galán; los niños chillan y saltan sobre el pasto, y en los rincones profusamente distribuidos, conjuga la juventud en todas sus formas el Verbo Amar.
            Es París, ese París auténtico, que nada tiene que ver con las crónicas usuales, ni con las críticas
extrañas, ni siquiera con los vaudevilles parisinos... Es París, en cuerpo y alma, que ha vaciado acá, unidos quien sabe por qué motivos, a los estudiantes del Quartier Latin del brazo de sus flexibles midinetas, a los artistas del Montmartre con sus modelos graciosas, a los menestrales del Barrio San Antonio con sus cestas llenas de mermeladas, a los buenos obreros de Clichy olvidados por unas horas de sus quemantes hornos de vidrio y de sus ríos de metal fundido.
            2. ¡Ya va! El sordo mar de murmullos de las 200.000 personas alza el tono, y sendos gritos de entusiasmos llenas los aires. Ya vá. Y comienzan a alzarse cielo arriba, al toque de una aguda corneta, mil volantines de toda forma y color, que arrancan los comentarios más variados.
            Unos se alzan orgullosamente, remontando los aires como en terreno fácil y conocido, la cola de cien papeles ondeando magníficamente sobre las gentes. Otros menean elegantemente  sus colas perfectas sobre las cabezas, como no queriendo subir para que puedan ser admirados mejor. Estos van escalando la atmósfera a sacudidas, como si remontasen por escalones invisibles. Esos entrelazan sus colas con los vecinos, importunos y enredones aún entre la cometería papelesca. Y aquellos, que no han nacido para cosas mayores, devienen impotentes, cayendo entre mil extorsiones sobre la multitud, que los entierra bajo una montaña de chistes.
            -Y así es la vida -piensa aquella vieja que sigue con cabeza vivaz los mil distintos accidentes que acaecen a los cometas volantes). Unos ascienden al buen viento de la influencia, y otros caen sin ayuda. Unos elegantemente suben hechos una gracia viva, y otros caracolean cien ridículas posturas, como borrachos.
            3. Pero aquel alto y delgado filósofo que contempla el cuadro apoyado sobre el tronco de un roble secular -Emilio Boutroux- mira, más que a ese bello y movedizo jardín de papeles floridos que en el aire está, a los mil muchachos que los manejan, el hilo nerviosamente en la mano y los ojos clavados en el azul del cielo.
            ¡Qué maestría en tantos jóvenes, que conocen de los achaques de las corrientes aéreas, saben las mañas de su caballo de papel, y aciertan a manejar el larguísimo hilo con la disciplina y la exactitud de un cronómetro!