18 Política internacional 40

alrededor de, lo que atañe al gran mar, hasta ahora sin importancia. Y, extremando las cosas, no sería imposible que en ese Pacífico se diera la última mano al problema de la guerra actual, que no es “una guerra”, sino el pórtico por el cual la humanidad entra en una nueva avenida de la historia.
    Bajo este punto de vista, los pueblos que tienen su asiento en ese enorme mar advienen como a las playas infinitas de un mundo nuevo. Su mar ha sido hasta estos instantes intrascendente y de tercer término en el panorama de la vida internacional, y, por lo mismo, de la vida humana; que lo internacional es un reflejo y corolario del conjunto de cualidades en acción de los pueblos en integralidad. Mientras que, ahora, mar y pueblos pasan a primer término.
    Puede darse el caso de que un país se encuentre como llevado remolque a ese plano de suprema importancia. Cuando Roma, por su esfuerzo (combinado –aunque en función antagónica- con el de Cartago) convertía el Mediterráneo en el mar número uno, numerosos pueblos que habitaban las orillas de ese mar se encontraron puestos en escenario de vanguardia sin saberlo siquiera. En este caso, su destino marcado quedaba: o intensificaban su vivir y proyectaban la plenitud de él hacia fuera y quedaban convertidos en pueblos próceres de vanguardia histórica, o permanecían agazapados vacíamente en la inhabilidad y la impotencia y quedaban desde el mismo instante unidos a fuer de siervos al carro del fuerte.
    El Pacífico inmenso no es, solo, el Extremo Oriente. Cierto que su elevación actual a mar de primera categoría viene, viene en su mayor parte, de aquel Extremo Levante en el cual la raza amarilla pura se ha erguido, exigiendo al blanco –hijo del Atlántico- que se haga para atrás, cada santo en su altar y cada gente en su sitio. Bajo este punto de vista, Japón es la Roma de este siglo, ejerciendo, con vistas acomodadas a este milenio, de galvanizador imperial de toda una civilización oriental que está apuntando sobre el horizonte. Más, no deja de verse ya en el otro lado del gran mar, nuestras costas americanas de poniente, algo que delata participación –activa o pasiva- en este hecho nuevo extraordinario.
    Estados Unidos, por fuerza fatal,  dentro de la cual Mr. Roosevelt es actor libre dentro de una amplia línea forzada, están teniendo en ese resurgir del Pacífico su parte. Sus escuadras van y vienen de Los Angeles a Hawai, y de este Pacífico-centro al mar filipino. Panamá no mira solo al Este. Ciudades enormes como san Francisco y Santiago tienen su puerta a ese mar. Van y vienen los aviones –los de guerra y los de paz- saltando de una a otra isla. Y si bien miramos a esa cordillera andina –que ha provisto al mundo durante años de materias primas; que tiene enormidades inexploradas y que no son necesitadas al otro lado del Atlántico- se comprenderá que ese espinazo andino, reventante de nuevas posibilidades, va a cambiar –tendrá que cambiar por la fuerza- de sentido, enfilando los frutos de sus entrañas hacia poniente, para servir a la nueva Civilización Pacífica.
    Estados Unidos, vencedor o vencido en esa pelea con la raza amarilla, querrá ser siempre el centro nuclear en estas zonas americanas del gran mar. Porque el “delenda est Carthago”  ha pasado a la historia, solo posible en una época de atraso que no retornará ya. Y estos pueblos americanos que asoman su vida y sus afanes por la ventana azul de ese mar, se hallan frente al problema que se presenta  en todas las formaciones nucleares histórico-geográficas: o se yerguen decididamente para formar el núcleo dinámico latino del Pacífico americano, o, en un complejo gris de inferioridad, fatalmente doblegarán su espinazo –“Ave Cesar”- ante el núcleo norteamericano, a guisa, como todo lo impersonal y fofo de eunuco de rollizas carnes pero de infecunda y grasienta esterilidad.


España reanuda relaciones con Chile
La SI 19/10/40 p. 7-8

   
    Una buena noticia, bajo de la cual laten otras dos: España acaba de reanudar relaciones diplomáticas –que nunca debían haber sido interrumpidas- con la República de Chile.


 
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Mapa 2 del 06 de Marzo de 1943

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Mapa 4 del 06 de Marzo de 1943

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Mapa 4 del 13 de Marzo de 1943

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Mapa 2 del 27 de Marzo de 1943

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