España 36 08 08
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Ese pueblo magnífico de los euscaros La SI 08/08/36 p.1-2
Los sucesos de España  La SI  08/08/36 p.7

 Arriba, en 2/3 de la página, una imagen: al centro el árbol de Guérnica; en semi círculo, sentados en pétreo asiento, en torno a aquél, los diputados vascos escuchan a un anciano, que lee el texto que sujetan sus manos. Bajo la imagen, estas palabras, que la describen y puntualizan: “Los diputados vascos comprométense, bajo el árbol de Guérnica, a defender sus fueros, por las armas si era necesario, el año 1601, ante imposiciones de Felipe lll, logrando con su actitud que el rey revocase sus disposiciones.”(JVG)

            España, como decía el dramaturgo castellano, es un pañuelo zurcido con cien variantes. Este es un hecho. Y esta es su gracia. O, como decía el manco inmortal, Miguel de Cervantes, de varias naciones: él nos habla en su libro famoso de la “nación” vasca, de la “nación” catalana. Es que Cervantes, a pesar de vivir en el siglo de los malos políticos de los Austrias, era más científico y mejor español que los inconsútiles de hoy,, que a toda costa quieren afrancesar a España unificándola, llamando españolismo a esa desnacionalización extranjerizada.
            España es una yuxtaposición de pueblos y razas. Allá, en un rincón occidental, ese pueblo gallego prometedor, que ya es uno de los grandes exponentes de la península. Allá, en el otro extremo, esos catalanes hoscos y cordiales que no quieren salirse de sus cosas y hacen muy bien. Ahí abajo, esos andaluces extraordinarios, a los cuales, para ser perfectos, sólo falta que cada hogar tenga media docena de hectáreas regadas. En el centro, ese buen pueblo castellano, que no tiene que ver con los políticos castellanos: el primero en ser despojado por reyes extranjeros en la rota caballeresca de los Comuneros. Y allá arriba, en un rincón escondidos, y metiendo bulla sin meterla, es decir, haciendo hablar de sí por su valer y su trabajo, los vascos.
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Ese pueblo, que era viejo y milenario cuando los castellanos y catalanes veían la luz de la vida. Esa raza-isla, que es la más vieja de Europa, mil años anterior a la celta cuando menos, cuatro mil años anterior a la castellana y a la francesa, cinco mil años anterior a las hoy más avanzadas de Europa.
Todas las razas hermanas suyas han desaparecido. Siete mil años atrás, vivían en la costa catalana, extendiéndose hasta Marsella y Génova, los ligures. Han desaparecido. Existían en las mesetas castellanas quien sabe qué estirpes, que hoy vuelven locos a los protohistoriadores. Se fueron. En las campañas andaluzas convivían famosos tartesios con fenicios venidos del oriente y atlantes que venían del poniente. Los tartesios (se) fueron(sic). Los fenicios fueron tragados por el mar y sus vecinos. Los atlantes se ahogaron en el cataclismo famoso.
Sólo los vascos perduran, como en los días en que, mediante intérprete, comerciaban con tartesios, griegos, cartagineses, carpetanos e ilergetes.
Seis mil años atrás, florecían en Egipto los faraones; en Mesopotamia, los asirios; en Persia, los medos. Todos son idos. El faraón yace en las tumbas que descubren habitantes turcos. Los asirios han sido exterminados. Los medos son un puro nombre en la historia.
Los vascos perduran en su rincón atlántico, roca viva inquebrantable en el temporal de los siglos.
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            Se habla del castellano orgulloso, del catalán vanidoso, del gallego que usaba el Rey Sabio en sus “Cántigas” famosas. Idiomas mozalbetes y bebés, al lado de ese éuscaro plurimilenario cuyas palabras recias suenan hoy igual que en los días de Semíramis, del fabuloso rey Teón, de la Atlántida poblada de ciudades. Esa lengua única, que constituye en filología una isla, porque en el árbol filológico no se le ha hallado todavía el entronque ni la rama.

            Cuando nacía el gallego-portugués, el éuscaro tenía seis mil años. Cuando florecían los grandes poetas catalanes, en el siglo Xl, el vasco era reviejo. Cuando el castellano comenzaba a balbucear, en el final de la centuria Xll, el vasco se hablaba, hacía miles de años. Y hoy puede decirse esto: que, mientras todos los demás idiomas españoles tienen escasamente 13 siglos el vasco tiene por lo menos 40.