LA SEMANA INTERNACIONAL 1934
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Al doblar el año
"LA SEMANA INTERNACIONAL" iniciará con el número próximo el ll Año de su Segunda Epoca.

            l Trece años atrás
            Hacia 1922 iniciábamos, en un cotidiano de Valparaíso, la publicación de estas críticas internacionales, con la convicción absoluta de muchos de que se iba al fracaso.
            La idea general de la elite chilena, y en especial de los hacedores de periódicos, acerca de la cultura del público nacional es tan falsa como primitiva. La gente no lee otra cosa que crónicas de criminales, puñetazos de box y odiseas de football. Como llapa más o menos amanerada, trágase, también, las noticias sociales, en las cuales se explican al público importantes acontecimientos de familia que no interesan al público. Así dicen.
            Nunca hemos convenido con ideas tan alejadas del valor real de las cosas, fruto de una poca acertada comparación de lo nacional con lo extranjero y de conocer poco la manera de ser cultural de otros países.
            Cierto que en capitales europeas se tiran enormes cantidades de periódicos. Nadie negaría que algunos diarios de París traspasan el millón diario de ejemplares. Ello depende de varias cosas, ninguna de las cuales delata que en otras naciones se lee más que en Chile. Depende de que -en París, por ejemplo- los periódicos se editan para 42 millones de ciudadanos. Pende, también, de que allá, libre el periódico de avisos, resulta menos voluminoso y más barato. Depende, también, de que, teniendo aquellos editores idea optimista de su público, le sirven comida substanciosa diariamente, con lo cual los lectores se multiplican.
            El éxito de "La Semana Internacional" desde los primeros meses de su publicación hablaba claro de lo que nosotros sosteníamos: que en Chile, como en cualquier otro país, había buen golpe de público que deseaba cosas muy distintas de las ligerísimas que suponían los pesimistas; que había fuertes núcleos que deseaban cosas serias y medulares.
            Por esto, en Abril del año pasado, no sólo iniciábamos una Segunda Epoca sin apoyo ajeno, confiados en las solas fuerzas de "La Semana Internacional", sino que no teníamos inconveniente en afirmar, ya antes del éxito probado, lo siguiente, que aparecía en el número 586, primero de este Segundo Período.
            "Cuando, en Enero de 1922, iniciábamos la publicación de "La Semana Internacional", teníamos fe absoluta en el éxito de la página, a pesar de ir contra la tendencia de la época, ansiosa -decíase- de artículos cortos, ligeros y vibrantes.
            Teníamos a la vista dos graves defectos de la prensa en cuanto a asuntos internacionales: primero, la extensión diaria -enorme, informe, amazacotada- de las noticias referentes a asuntos extranjeros, con una montonada de notas sin importancia, y de fraseologías inútiles cuando las noticias eran de interés; segundo, absoluta falta de sentido crítico, dando los corresponsales saltos por la corteza exterior de los acontecimientos, desorientando al lector con juicios disparatados, escasas veces poniéndole en la mente el hilo interior de los sucesos.
            De esos dos defectos deducíase una conclusión evidente: perderse diariamente mucho tiempo en la lectura de la marcha de las cosas internacionales, y, todavía, sin conseguirse una orientación guiadora.
            Salir al encuentro de esos vacíos, urdiendo una crónica que, dando en una página la totalidad de asuntos sobresalientes de la semana, los enlazase a guisa de cosas vivas, entrase en la médula de los sucesos y, con ello, se pudiese casi prever los venideros, era tarea ciertamente difícil, pero bien útil. Se necesitaba de un paciente trabajo y de una visión interior de los acontecimientos, penetrando debajo de sus varias cortezas. Y eso es lo que nos propusimos realizar, al inaugurar, diez años atrás, esas Semanas Internacionales de los Lunes.
            Teníamos en el éxito fe absoluta, a pesar de la general opinión contraria entre la gente dada al periodismo. La experiencia probó casi inmediatamente, que no habíamos equivocado el camino. Y, después de diez años de publicación ininterrumpida, los hechos sobrepasaron todas las