España 36 08 15
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España en llamas. La guerra social ha explotado en España, envolviéndola en una doble llamarada de llamas materiales y de odios. Es el siglo XlX que se hunde (1) La SI 15/08/36 p.8-13

1. El incendio es
            Conmoción mundial ante la guerra española, en la cual dos Españas se han enfrentado una contra otra, dando al mundo el gigantesco espectáculo de una batalla a ultranza.
            Las llamas llegan al cielo. Arden las iglesias, hechas piras las imágenes y los altares. Se hunden las casas históricas, cañoneadas por ambos lados. Asesinan los unos a capitalistas, frailes y militares, y asesinan los otros a comunistas, obreros y militares de otra faz. Arden las bibliotecas, hechas ceniza a golpe de bombas. Aldeas de tres  y cuatro mil habitantes arrasadas completamente, vagando por calles y montañas niños y mujeres. Trescientos mil trabajadores alzados en Soviet en una sola ciudad, y trescientos mil campesinos de una región norteña calzando el rifle por sus tierras en peligro. Barricadas en que las mujeres rojas disparan ametralladoras, y barricadas en que las mujeres blancas lanzan bombas con mano delicada. Los niños gritando ¡mueras! por las calles, la misma infantilidad contagiada de sangre y pólvora, de ideal y de lodo. Se cazan por las calles unos a otros. Los comunistas matan en fila a burgueses. Los burgueses matan en fila a comunistas. La familia militar misma dividida y la pelea metida en los Cuartos de Banderas. Los aeroplanos cruzan los aires cargados de instrumentos de muerte. Y tienen la palabra, por todas partes, el cañón, el tanque, el revólver y el puñal.
            Es un gran país que está en llamas. Y el mundo se ha alineado a su alrededor, contemplando la carnicería estupenda.
            Es un espectáculo único. Único, en estos tiempos, por la extensión, por la ferocidad, por las consecuencias. En Rusia se realizaba uno, mucho mayor; pero era en los años de la guerra, y los gritos de las víctimas eran ahogados por el interés de la guerra mundial. En Estados Unidos se está realizando ahora un experimento desde las alturas del gobierno, que probablemente sea más grave en consecuencias que esta revolución española: pero es movimiento callado, incruento, legal. Un solo mes de gripe mata diez veces más que todos los que mueren en estas luchas: pero es muerte resignada, callada, como si la muerte se llevase la presa con derecho a no ser estorbada.
            En ese incendio español, no. Hay, no sólo movimiento, sino estridencia. Hay, no sólo muertos, sino cadáveres insepultos, y ferocidad en el asesinato. Hay, no sólo cambios sociales, sino un ruido horrísono alrededor de estos cambios. Es decir, como todo lo español, es hondo, pero es, además, ruidoso.
            Por esto tiene tanta trascendencia espectacular y periodística, alineándose las gentes en corro alrededor de España.
            Entremos entre los espectadores.

2. Una observación oportuna
            No es esta guerra española una guerra civil, como dan en decir los periódicos. No tiene ninguno de los caracteres de las guerras civiles, salvo el matarse y la crueldad. Tampoco es una guerra religiosa, como dan entender otros, a pesar de arder iglesias y de andar azoradas y torturadas infelices monjas. Es más que esto. Es una guerra social (ver 08/08/36 p.7). Sin embargo, el lector no entendería esta guerra social si no entendiese las guerras civiles del siglo pasado, así como ciertos levantamientos de aquel tiempo, tan propios de España, que la Europa ha tenido que emplear palabras españolas para entenderse.
            Tenemos interés en presentar tres clases de esas revueltas españolas durante el siglo pasado: las guerras civiles, los cuartelazos y las revueltas antirreligiosas.
            Hemos dicho que el mundo entero se ha alineado alrededor de los dos combatientes, llorando unos, y alegrándose otros, por la pelea. Añadamos esto: esos espectadores, después de presenciar el