España 36 09 12
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España en llamas (5)  La SI 12/09/36 p. 8-13
Una fecha trágica y un mal Rey. Felipe V mata la tradición española el 11 de Septiembre de 1714  La SI 12/09/36 p.13

26. Otros extremos de interés (concluye punto comenzado el 05/09/36)

27 “Y “Qué es todo esto?”
            Uno de los vacíos cascarones de los tiempos pasados, aquel famoso Franklin Bouillon que es un “gran financista” y no acertó una sola, pregunta asustado ante el triple espectáculo de la incautación de los negocios por los trabajadores, del cruzamiento de brazo de los gobiernos (el derechista de Renault y el izquierdista de Blum) y ese chorro de reformas sociales, votadas por el parlamento en un mes, a 500 km. por hora:
-          Y ¿qué es todo esto?
Esto es, M. Bouillon, algo que usted no entiende. O, tal vez, algo que usted entiende demasiado. Si es un tonto, no lo entiende. Si es un vivo, lo entiende demasiado. Este es el fin de usted y de otros tantos especuladores insanos de la política como usted.
            Esto es lo que diario conservador “París-Midi” ha comprendido:
            “Ha desaparecido una Francia y ha surgido otra en su lugar”. Otro órgano de opinión pregunta: ¿Fin o preámbulo del estado social? En el transcurso de los días que acaba de atravesar el país se ha destruido algo que no volverá a surgir. Un nuevo orden, que comprende cambios en el tradicional estatuto económico de los derechos reconocidos del capital y el trabajo y de la función del Estado en la fiscalización del crédito, ahorros y capitales, ha reemplazado al  orden de cosas de ayer”.
            Esto es, M. Bouillon, la realización del programa simulador con que usted ha cazado incautos durante treinta años, haciéndose un bonito modo de vivir a costa de Francia y de “los sagrados principios de Paz, Familia, Orden, Trabajo” y todas las demás acostumbradas fraseologías de un mundo inepto e inmoral, que se ha hundido.
            Es un nuevo orden social. Es la Sindicocracia. Y esto es –aunque usted lo ignore, M. Bouillon- la quinta esencia de la filosofía cristiana y del derechismo auténtico.

28 ¿Y el ejército?
            He ahí una frasecita inquietante. El ejército en los años que corremos, está desempeñando     –empujado por las mismas cosas- un papel de gran trascendencia en los campos sociales. Se habla mucho de intromisiones del ejército en la arena política. ¿No sería mejor hablar de que los acontecimientos empujan a todos, sea quien sea -y cada cual con lo que tiene a mano- a la arena?
            Los que quieran estudiar este problema repasen antes la historia de Caldea, Asiria y Persia. La de los antiguos griegos, donde los militares mandaban y decidían, a pesar de las mentiras de los historiadores sobre la democracia de  Atenas. Estudien la historia de Roma de todos los tiempos: la Monarquía, la República, el Imperio. Estudien la historia de la Edad Media en su primera mitad sobre todo, y también en la segunda. Repasen esos decantados siglos dorados del XVl al XVlll, ambos inclusive, en que todo lo decidían –todo- los militares de las camarillas de reyes gigantes o de reyes idiotas. Echese una mirada al siglo de la independencia de estas Américas... Y acábese con el panorama actual. Y se tendrá de esa “intromisión de los militares en la política” otra idea, un poco más exacta y justa que la que nos proporciona el hecho casi provinciano de una intervención militar en un país determinado en estos instantes.
            Ante esa nueva Francia de la Sindicocracia ¿qué opina el ejército francés?
            Quien esto escribe lo conoce de cerca y ha paseado no poco por las casernas parisinas, del brazo de bravos oficiales. Y tiene la pretensión de dar de este ejército y su pensamiento una idea exacta.
            El ejército francés es, después del inglés, el más apartado de la política en Europa. Sus oficiales proceden en gran mayoría, de familias de rancio abolengo o de clase media. Pero los han transformado tanto el Politécnico y la Escuela de Guerra, profesionalizándolos por los cuatro costados, que no sienten más que una cosa: la profesión militar. Hubo dos lustros –alrededor de fin de siglo- que media docena de generales politiqueros masonizaron el ejército,