España 37 01 23 y 30
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España 37 01 23 y 30
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España en llamas (23) La SI 23/01/37 p. 8-11
España en llamas (24)La SI 30/01/37 p. 4-5

128. Principio de las disensiones
            Durante los años de República, desde 1931, hacíamos ver en estas mismas columnas una circunstancia que era verdaderamente trágica. Decíamos: el mal político de España no es que haya Derechas e Izquierdas, fruto natural de estos tiempos de transición, sino que no haya tales Derechas e Izquierdas como grupo esencialmente homogéneo; incapaz por lo mismo de gobernar.
            Ir a unas elecciones veinte grupos bajo un programa mínimo común, es cosa fácil. Gobernar veinte grupos distintos, aunque lleven un vano nombre común, es, no sólo difícil, sino absurdo. Porque gobernar no es resolver media docena de puntos que constituían el programa mínimo. Es resolver toda clase de asuntos que la realidad pone en el camino del gobernante.
            Las Izquierdas entraron afanosas al gobierno, una vez caído el Rey. Tenían más inconsciencia que malicia, a pesar de ser su malicia harto elevada. A los dos meses de estar en el gobierno, los anarquistas y sindicalistas se declaraban enemigos del Gobierno. A los tres meses se separaban los gremios no afiliados al socialismo. Y al año era tal la inquina entre los grupos de izquierda, que García Prieto no hacía más desde el gobierno que perseguir, encarcelar y matar izquierdistas. Alguna vez surgía una persecución contra derechistas. La labor usual era cazar comunistas, llegando unos izquierdistas contra otros a las crueldades de asesinarse a mansalva y fríamente.
            Fruto principal de esas disensiones –que no de opinión nacional- fue el triunfo derechista a los dos años y medio de república. Las Derechas habían ido a las elecciones conjuntamente. En el mismo instante del triunfo profetizamos que no realizarían absolutamente nada, ni siquiera el programa mínimo que habían confeccionado para las elecciones. Tomaron esto a parcialidad muchos ilusos.  A los dos años Calvo Sotelo decía en las Cortes que el peor enemigo de las derechas era Gil Robles, los monárquicos insultaban a los de Renovación y se mordían como perros los distintos grupos derechistas. Al caer Gil Robles, sin haber hecho absolutamente que valga la pena, decía en un comunicado: “mis planes de reformas cristianas han sido obstaculizados por los elementos de las derechas”. Esto veía Gil Robles después de fracasado. Debía de haberlo comprendido antes de ir al Gobierno. Que este es uno de los deberes del estadista: saber lo que podrá hacer y retirarse si los obstáculos vienen de sus mismas filas.
            Y esta es la tragedia de España ahora también. No pierda de vista el lector este punto de vista. Porque volvemos a profetizar sin necesidad de ser profeta, con sólo tener aquel “olfactus mentis” de que hablaba el famoso obispo Cano en los días del Renacimiento: triunfan Derechas o Izquierdas, su labor se verá barrenada y torpedeada por los mismos de su grupo, navegando por los mares grises de la esterilidad.
            La causa está a la vista, y sólo los muy inocentes no saben verla: que no hay en España tales Derechas ni Izquierdas, sino un montón de grupos que se unen bajo un nombre y que no tienen ideales comunes con sus compañeros.
            Es este un tema que nos ha de ocupar largo el día –que sea pronto- de la victoria de uno u otro bando; pero que comienza a plantearse ya  en la realidad, aun en medio del estruendo de los cañones.

            a) En Barcelona ha habido nuevamente crisis política. El gobierno catalán estaba integrado por todos los partidos llamados izquierdistas. El jefe del Gobierno, consejero Terradellas, no podía actuar. No había acuerdo jamás. No concordaban nunca los republicanos con los comunistas. No concordaban nunca los socialistas con los sindicalistas. Y los que mayormente estorbaban eran todavía los de las P.O.U.M. –los trotzkistas- que, por temperamento esencialmente comunista y por no haber el gobierno catalán permitido la entrada de Trotzky, boicoteaban todo, a pesar de formar parte del Gobierno.