España 37 03
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España 37 03
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España en llamas (29) La SI 06/03/37 p. 3-4
España en llamas (30) La SI 13/03/37 p. 3-4
España en llamas (31) La SI 20/03/37 p. 3-6
España en llamas (32) La SI 27/03/37 p. 6-7

166. El malogrado García Lorca (continuación del número anterior)
            Lo regular es no creer cuando nos dicen que ha muerto un pariente querido. Hasta que la tierra cae sobre la fosa. En Madrid, todos los poetas lloran a su compañero. Antonio Machado ha escrito una tierna elegía a García Lorca, unido a él por la tierra andaluza, donde ambos nacieron, por la poesía, donde ambos tan alto llegaron y por la bondad que identificaba al anciano poeta y al joven ansioso de altura. Otros escritores, Miguel Hernández, Emilio Prados, Manuel Antolaguirre, han expresado, también en poesía, su desconsolación. Ya hay una calle con su nombre y un grupo escolar que se honra también con él. Sus romances los recitan los niños de las escuelas. Artistas y escritores se han ido a luchar en el frente, componiendo un batallón que asimismo se llama como el poeta muerto.

            Lo sorprendió la horrible mueca de la muerte cuando estaba en su tierra granadina, a la que iba todos los veranos en busca de sol y paz. Antes de partir, hizo una lectura privada de su última obra teatral, recién terminada, en la cual abordaba un problema psicológico hondo, como en “Yerma” y “Bodas de sangre”, y que estaba llamada a ser la sensación de la temporada de invierno. Se preparaba su consagración definitiva como autor dramático. Las piezas anteriores de Lorca eran una mezcla maravillosa de teatro, poesía y populismo español. En ésta había querido, deliberadamente, prescindir de estos últimos elementos para hacer teatro puro, nada más que teatro. Y había alcanzado su objeto muy holgadamente. La obra, que estudiaba el drama de una mujeres solas, a la espera del hombre, estaba tratada con una comprensión humana profunda, con una experiencia teatral de verdadero maestro.
            Un nuevo libro de poesías –verdadero regalo que esperábamos con impaciencia, ya que Lorca siempre estaba negándose a los requerimientos editoriales- encerraba gran parte de su obra poética reciente. “Introducción a la muerte” se titulaba. Y ha sido una introducción a la muerte, a su muerte, a la del poeta, a quien no volveremos a ver, con sus ojos negros de gitano, con su ancha risa que parecía bajarle desde el mismo corazón.

167. Wellington en Madrid
            Crónica en la que JBC se hace cargo del aserto de “varios críticos” que, “al hablar de los desesperados ataques de los ejércitos derechistas en el oeste de Madrid, se han referido a la táctica del general Wellington, que, 120 años atrás, operando más o menos en el mismo campo de batalla, dirigía tres arremetidas contra Madrid, logrando entrar en la ciudad en una de las ocasiones”. Seguidamente añade: “Es una historia  que interesa sumamente a los militares, pero que al gran público no podría en manera alguna llamarle la atención, pues se trata de algo eminentemente técnico.
            Sin embargo, hay unas líneas generales que pertenecen a la comprensión general. Y ellas muestran que estas comparaciones entre los actuales ataques de Franco y los de Wellington son absolutamente absurdas. Comenzaron a ser hechas en crónicas de corresponsales norteamericanos cuya ignorancia general técnica, es universalmente conocida. Y algunos críticos cayeron en la trampa, continuando por este camino completamente inaceptable.
            Veamos qué hizo Wellington en su tiempo, con respecto a Madrid” (y se toma más de una página de este número y casi otra -cuatro columnas- del ejemplar siguiente (13/03/37 p.3) para referirse al hecho, partiendo por los orígenes de la intervención de Napoleón en España, en 1806, y concluyendo con las descripciones –breves- de las tres arremetidas).

España en llamas. La guerra social ha explotado en España, envolviéndola en una doble llamarada de llamas materiales y de odios. Es el siglo XlX que se hunde (30) 13/03/37 p. 3-4