LA SEMANA INTERNACIONAL 1936

Feliz Año Nuevo

 

            “La Semana Internacional” entra, con este número, a un nuevo año. Nos acompaña, a Dios gracias, aquel éxito que nunca desampara a la sombra de un noble ideal, con voluntad recua y desinterés perfecto.
            Acostumbramos decir que nuestras columnas están destinadas a hacer una crítica imparcial, y de fondo, de los acontecimientos mundiales. Nuestros lectores saben que vamos más allá. Sería, aquello, hacer labor científica en el terreno histórico. No estaríamos dispuestos, por esto solo, a sostener los sacrificios que nos cuesta la labor extrenua de esta revista, muy modesta, pero muy densa.
            Vamos allá. Tendemos a que América, especialmente Chile –tal vez, si no fuese pretensión excesiva, también ultra Atlántico- saquen de esas críticas algún provecho inmediato: que, como decía Agustín de Hipona “sería por demás ligera la historia, si no aletease entre sus hechos una lección fecunda para el porvenir”.
            “La Semana Internacional” introducía en Chile, hace 14 años, los ideales corporativistas. ¡Qué nos decían, entonces, los filisteos de la política y los habitantes del Limbo terreno! Para unos, era esto una especie de Comunismo. ¡No conocían, siquiera, que ese Sindicalismo era el meollo de la organización medieval cristiana! Para otros, era algo así como salvajería prehistórica. ¡Tampoco éstos sabían nada de la nueva ciencia orgánico-social, que apuntaba ya como una lucecita en el oriente del mundo!
            Han pasado 14 años. Los que más nos combatían como fantasmas comunistas y de desorden, ahora han aceptado –¡cuán tarde Dios mío!- aquel singular comunismo corporativista, y lo han aceptado como único posible instrumento de orden. Los que nos motejaban –en el polo opuesto- de reaccionarios y prehistóricos, han adoptado ya el Sindicalismo como ideal de justicia social y de democracia.
            Recordamos esto por dos razones: primero, para poner de relieve nuestra finalidad útil al hilvanar esas críticas, y nuestra satisfacción por haber logrado algo dentro y fuera de las fronteras chilenas; segundo, para que los lectores se acostumbren a la sana paciencia de saber oír lo que, a veces, no agrada –porque se nos figura lesiona nuestros intereses- en la posibilidad de que mañana sus críticas han de tornarse alabanzas.
            Aspira “La Semana Internacional” a un público de alta mentalidad, por encima de esas agarradas absurdas de la pequeña política. Nos molesta que, hablando de estas sencillas críticas, nos encasillen entre unas Derechas entre las cuales no queremos estar o entre unas Izquierdas entre las cuales no queremos, tampoco, permanecer. Porque la crítica serena -¡y la fórmula salvadora, además!- está más allá de las Derechas y de las Izquierdas que, tal vez, sirvan para la política al día –ignoramos cuanto a esto se refiere- pero ninguno de cuyos grupos acapara la Fórmula de la salud que ha de venir.
            No podemos quejarnos, desde este punto de vista. Nuestra revista dijo al salir en su segunda época, que aspiraba a llegar a cuantos, en los rincones inquietos de Chile y América, aspiran a embocar los problemas con espíritu ansioso y corazón bien puesto. Forman legión estos escogidos. Aunque, por lo mismo que son escogidos, no meten bulla, no levantan la cabeza sobre las aguas como corchos ligeros, y, por lo mismo, cuestan de encontrar.
            Hemos encontrado, ya, a muchos. Ayúdennos ellos a encontrar al resto.  No amamos la turba ni la que andrajosea en las zonas del analfabetismo, ni la que bulle ávida de gajes en la zona del profesionalismo o de la burguesía. El mundo lo dirigen, al fin, los que moran calladamente lejos del bullicio, y es a éstos a quienes aspiramos a llegar.
            Deseamos un Feliz Año a nuestros abonados, que forman ya legión, y  a nuestros lectores. Y agradecemos, en especial, los servicios inapreciables que debemos al ramo de Correos, que ha sido nuestro mejor instrumento de éxito.  Sabemos que Correos de Chile están a la altura de los de cualquier otro país. Nosotros podríamos detallar con qué afán nos han ayudado, con qué voluntad han cuidado del menor detalle, con qué amor coadyuvan a un servicio que ha llegado a ser perfecto. A su dirección, inteligente, eficaz  y modernísima, y a los subalternos que con tan generosa voluntad nos tratan, nuestros agradecimientos.
            ¡Un FELIZ AÑO NUEVO  a todos nuestros amigos!
La SI 04/01/36 p. 1