España 37 09 04
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España en llamas (54) 04/09/37 p. 2-4

303. Franco piensa en un gabinete (continuación del número anterior)
            Un gobierno derechista ha de tener representantes del Falangismo, de los antiguos monárquicos, de los tradicionalistas navarros, de los primoriveristas, de los agricultores castellanos, de los triturados grupos liberales y conservadores, de los reconocidamente republicanos. Tantos grupos como ministros. Tantos ministros como programas. Sin contar grupos arrinconados, y que son los de más fuerza todavía, como ser los que pertenecieron a la Acción Popular de Gil Robles, integrados por tres maneras de pensar distintas, como se había manifestado constantemente en el parlamento derechista  de 1934.
            No habrá Gobierno en Burgos o en Salamanca. Si lo hubiese, esperemos inmediatamente mayores discordias, siempre repercutentes en los frentes de combate.
            En diversas ocasiones hemos manifestado que una remota posibilidad de salvación estaba en el arrinconamiento de todos esos grupos derechistas y la actuación –buena o mala, jamás peor que la de esos grupos- del ejército, o mejor, de algunos elementos del ejército. La formación de un Gobierno vendría a borrar esta lejana esperanza

304. Como ha quedado Brunete
            Cuando escribía una pluma genial  que el hombre ocupa el lugar más elevado entre los seres que tienen tragaderas, sabía bien lo que se decía. Nunca se prueba mejor esto que en días de guerra y conflictos. Un autor británico ha escrito un libro, años atrás, en el cual se examinaban los Comunicados de Guerra dados por los dos bandos durante la guerra mundial. Y de ellos se deducía que no había existido una sola derrota. Todas habían sido victorias. Una catástrofe la llamaban los Gobiernos “retirada estratégica en la cual  hemos desgastado enormemente al enemigo”. El avance enemigo no era tal avance. Era “una nueva posición adoptada libremente por nosotros para rectificar las líneas”. Cuando los alemanes aniquilaron a cuatro divisiones de caballería inglesa en los campos de Lille, aquello no fue una hecatombe. Fue “una celada en que cayeron los enemigos por la cual les hemos hecho avanzar en terreno peligroso”. Cuando la penúltima ofensiva de Foch por la cual los invasores habían de retirarse como 60 kilómetros hacia atrás en un frente de 160, aquello no era más que “la adopción de la prevista  y preparada línea Hindenburg”. Et sic de coeteris.
            Ha tenido ahora lugar la ofensiva de Brunete. Los izquierdistas atacaron, consiguiendo todos sus objetivos secundarios, pero no el principal, que era aislar a 20.000 derechistas y coparlos. Pues bien. Este objetivo, que estaba a la vista, no era tal objetivo. No se había pensado en él. Contraatacan los derechistas con todas sus fuerzas en la pelea. Realizan un alarde extraordinario. Reconquistan como una sexta parte de lo ganado por las izquierdas. Pues bien: esto ha sido una terrible derrota de los izquierdistas.
            Esta doble ofensiva y contra ofensiva terminada hace ya tantos días, todavía ambos bandos (las derechas sobre todo) están dándole machaqueo sobre sus éxitos.
            He ahí un comentario de un corresponsal torpe, que acompaña el cuartel del general Franco, en el cual hay tantos frases como disparates. Es interesante tocar esas tonterías, que han pasado por la aprobación oficial del gobierno de Salamanca: “La batalla de Brunete fue librada por un ejército “ad hoc”, bajo la dirección exclusiva de los generales Barrón y Ascensio. Esta batalla se abandonó porque se considera que los republicanos han sufrido un revés tan fuerte, que les impedirá toda acción por algún tiempo”. Es sabido que no hubo tal ejército especial, sino que se trata de contingentes del norte vasco y del frente andaluz; que no fueron estos generales los que dirigieron la batalla, sino el propio general Franco como manifestaron los mismos Comunicados oficiales el día en que consideraban seguro el avance y la reconquista; que no fue abandonada la batalla por considerarse que los republicanos habían sufrido un revés grande sino porque no fue posible avanzar y reconquistar. Por lo demás, sería un verdadero analfabeto militar el general que abandonase una batalla en que triunfa por considerar que el enemigo “ya ha sufrido un suficiente revés”. En esta guerra van a inventarse cosas peregrinas.