España 37 09 11
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España en llamas (55) La SI 11/09/37 p. 2-5

311. Las disensiones en los dos bandos (conclusión del número anterior)
            Tenemos noticias que nos merecen fe, aunque no podemos responder absolutamente de ellas, a pesar de su lógica, de que en el futuro Gobierno del general Franco formaba un solo representante de los siguientes bandos o partidos derechistas, y que quedaban todavía cinco grupos sin alcanzar representación a causa de lo frondoso que habría resultado un Gobierno de esta índole:
Falange española.
Tradicionalistas (Requetés).
Acción popular o gilrobledistas.
Monárquicos alfonsinos (presididos por Goicochea).
Monárquicos juanistas, representados por la nobleza y Gran Bretaña.
Antiguos liberales.
Antiguos conservadores.
Agrarios de Castilla.
Catalanistas. El designado era Juan Ventosa, representante de Cambó.
Sindicalistas católicos. Agrarios.
Grupo banquero.
Ejército.
Marina de guerra.
Iglesia.
            En numerosas reuniones habidas en Salamanca, y en vista de la imposibilidad de ponerse de acuerdo sobre un programa total común, se tomaba un acuerdo que podría ser el principio de una solución, siquiera temporal: el prescindir en absoluto de programas ideológicos, quedándose cada uno de los veinte grupos con el suyo, y confeccionar un Programa Mínimo Común, a base de una docena de puntos prácticos, de inmediata necesidad nacional.
            ¿Estaría aquí, tanto en las Derechas como en las Izquierdas, el principio de una inteligencia, que hiciese posible mañana un Gobierno cualquiera?

313. Las primeras misas en tierras de Izquierda
            Un año de Catacumbas en la zona izquierdista de España. Un año de catacumbas religiosas, después de tantos años de Catacumbas sociales. Los curas habían de esconderse. Los fieles iban a misa sigilosos, celebrada en una obscura alcoba, procurando que las preces fuesen moduladas en voz baja, para no ser sorprendidos por los partidarios de la libertad.
            Y esto no era extraño y fuera del curso ordinario de las cosas. En las masas populares oprimidas, se comprende, aunque no se justifique, esas circunstancial aversión al sacerdote. Lo que no se comprende, escapando, sobre todo, a la estrategia más elemental, es que incurrieran en esa persecución religiosa, en plena guerra, los dirigentes de esas izquierdas que no han llegado a comprender lo que han comprendido los comunistas franceses y hasta los bolcheviques rusos: que hay que hacer un esfuerzo, por mucho que cueste concretarlo, para separar lo necesario y lo inaceptable en la conducta de los que en España tenían en sus manos la responsabilidad de las doctrinas salvadoras de Cristo.
            Por extraño que ello sea, así fue. Hubo Catacumbas. Y han tardado un año los hombres de Valencia en comprender que las Catacumbas jamás dañan a la Iglesia, muy acostumbrada a la media luz de las mazmorras, y, en cambio, había de hacer un daño enorme a los izquierdistas mismos.
            Por fin, y especialmente por exigencias de los restos, santificados por la sangre del sacrificio, del Gobierno vasco, Valencia ha comenzado a abrir los ojos,, y se han celebrado en Valencia, Madrid y Barcelona las primeras misas.
            El no haberse celebrado a plena luz, con las puertas bien abiertas de los templos para que fuesen a ellos cuantos libremente quisieran ir, ha constituido otro error de Valencia. Pero no