España 37 10 02 y 09
Índice del Artículo
España 37 10 02 y 09
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7

España en llamas (58) La SI 02/10/37 p. 5
España en llamas (59) La SI 09/10/37 p. 3-5

336. El plan desequilibrado de un pacifista
            “Primera: Conservación de las posiciones actuales por las tropas. Segunda: Suspensión de todas las actividades militares. Tercera: desarme de todos los españoles, que deberán entregar las armas a las autoridades internacionales, contra promesa formal de tratados comerciales de reciprocidad de todas las naciones europeas. Cuarta: Formación de un gobierno español provisional, integrado por tres miembros, que representarán respectivamente a Valencia, Salamanca y los estados no intervencionistas. Quinto: aceptación de una ley agraria semejante a la promulgada en el Paraguay el 5 de mayo de 1936. Sexta: Fiscalización temporaria, por lo menos, de las exportaciones e importaciones, a fin de habilitar al gobierno provisional a elevar el nivel de vida de todos los españoles.
            En el caso de que alguno de los beligerantes se negase a aceptar este plan, será invitado a especificar las condiciones según las cuales estaría dispuesto a aceptarlo”.,
            El documento termina diciendo: “Dios salve la paz”.

Me permitiré este paréntesis. (¿Quién es el autor de este plan? No se le indica. Sospecho que es el mismo JBC. A) Muchas veces JBC tuvo iniciativas, en el campo periodístico, que dio a conocer sin su firma o usando seudónimos. ¿Porqué no pensar que en este caso quiso actuar de la misma forma? (Queda en la sombra el envío de esta propuesta a Londres) B) El más que nadie estaba enterado del Derecho Internacional del Instituto Americano y de la ley agraria a que hace referencia en la propuesta C) JBC se tenía por Quijote, aquejado de locura, desequilibrado, amante –entre otros valores- de la paz, lo que explica el título del comentario: “El plan desequilibrado de un pacifista”)

337. Conferencia del Mediterráneo
            Semanas atrás aparecieron en el Mediterráneo submarinos. Cualquier buque mercante que pasara era torpedeado sin aviso, registro ni piedad.  Se llegaba a la impiedad  de no sólo no salvar las tripulaciones, sino de disparar sobre las naves de salvamento. Fueron torpedeados uno, tres, diez, veinte vapores mercantes. Llegados a este número extraordinario, Gran Bretaña tomó la iniciativa de reunir en Conferencia a todos los países, que tienen costa o intereses en el Mediterráneo, para cambiar impresiones sobre este hecho tan inusitado, no ya dentro de las leyes de guerra, sino aún dentro de los odios internacionales.
            a) Este es, precisamente, el primer aspecto que hay que notar: la maldad de este hecho.
            La guerra submarina han pretendido suprimirla las grandes potencias marítimas. Se comprende que así sea y se comprende que las demás potencias no hayan accedido a esos deseos. Las armas de guerra todas son igualmente peligrosas. No sería fácil ver qué diferencia podría haber entre ser hundido por una torpedera o por un submarino. En sus efectos, es decir, en cuanto a la víctima. ¿Qué distinción podría establecer uno pateado entre que la pateadura fuese dada a plena luz o en la oscuridad misteriosa de la noche?
            Los submarinos –con ellos, los aeroplanos- son las únicas posibles defensas de pueblos chicos o medianos. Son los mosquitos que pueden dar cuenta de un toro. Las hormigas rojas del Africa, que tumban inteligentemente la corpulencia extraordinaria del elefante de las selvas, venciendo la maña a la fuerza; la táctica a la brutalidad. Y representaría un suicidio, de parte de los países chicos, acceder a la supresión de su única posible defensa.
            Pero, tienen las armas sus reglas de caballero, y sus fueros el duelo y la animosidad. No observarlos, delata primitividad bárbara e instintos de fiera.
            Es lo que sucede con esos submarinos “Fantomas”, que en el Mediterráneo han hundido unas docenas de buques comerciales. Han conculcado todas las reglas de Caballeros. Y, quienes los hayan lanzado a esas salvajadas traicioneras, están, no solamente en la zona inmoral de “el fin justifica los