España 37 10 16 y 23
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España 37 10 16 y 23
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España en llamas (60) La SI 16/10/37 p. 11
España en llamas (61) La SI 23/10/37 p. 4

342. Habla un ministro izquierdista católico (conclusión del número anterior)
            - No existiendo en vigor ningún tratado concordatorio entre el Vaticano y el Estado español ¿estima usted necesario pasar del actual “modus vivendi” a un concordato?
            - Ya le he manifestado que la dirección me obliga  a callar en este aspecto. Mi posición como hombre de gobierno, mientras forme parte de él,  me obliga a no traducir otra obligación que la derivada de los acuerdos del gobierno. Claro es que yo, como católico, como ciudadano y ministro de la república, aspiro y deseo una vida de relación cordiales del Estado con la Iglesia, como con todas las potencias que vivan dentro del régimen de la dignidad y de la moral, sea cual fuere el nombre que a sus relaciones quiera darse, que ello es lo menos, pues lo importante es asegurar su consistencia en mutua y recíproca comprensión y respeto”.

343. A caza de submarinos
            En varias ocasiones hemos notado el raro misterio de los submarinos españoles. En el instante de la rebelión, quince meses atrás, tenía la Marina de Guerra española alrededor de una docena de sumergibles. Confiesan las Derechas que no tienen ninguno. Los tenían, pues, las Izquierdas. Ellos solos eran capaces de voltear los escasos buques del general Franco. No lo han hecho. No han actuado. No han aparecido. Nadie atinaría a adivinar la causa. No se ve.
            Pero ahora, por vez primera, sale a cuentas un submarino español. Y nada menos que anclado en el puerto francés de Brest. ¿A qué fin? ¿Cuándo llegó? ¿Cuándo saldría? Nada se sabe. El misterio.
            Pero ahí que un derechista audaz –el mayor Troncoso, una especie de héroe de novela- cae sobre Brest y siente ansias de submarinos. Primero, por el soborno, que no da resultados: 12 millones de francos, una décima parte del valor real del buque. Luego, por la intimidación, que tampoco da resultados: el centinela del sumergible recibe a tiros a los doce asaltantes y huyen con sus doce revólveres ante un  Máuser y un muerto...
            El mayor Troncoso es un hombre audaz, pero de escasos pantalones. ¡Demasiado doce hombres contra un centinela! Y demasiado correr ante un solo fusil de repetición.
            Pero lo interesante son dos noticias relacionadas con este intento de captura realizado con tan pocas agallas. Primero, el saberse cierto que tiene allá el gobierno español, cuando menos, dos submarinos: los “C2” y “C4”.  Segundo, el haberse probado la anterior comisión de atentados terroristas en Francia por parte de la banda derechista del mayor Troncoso. Lo primero no hace sino afirmar el misterio del por qué Valencia no usa sus submarinos. Lo segundo representa un traspié del Derechismo español: ningún país toleraría que un bando cualquiera de otro país, en plena guerra social, altere la paz de un Estado vecino.

344. Por los picos de Asturias
            A principios de Octubre los mineros asturianos continuaban su gesta en las alturas pirenaicas de su tierra, poblada de nieve, de poesía, de venados y de heroísmo. Nombres vibrantes y sagrados: Pajares, Covadonga, Gijón, Peñas de Europa, Oviedo, donde alrededor de ese heroísmo minero, a base del más frío sacrificio de la propia vida, se desarrollan cien episodios dignos del poema.
En estos días han sonado dos de estos nombres: Puerto de Pajares y Covadonga.          
            Pajares es el nombre que se da a las más altas crestas del Pirineo asturiano, línea divisoria entre León y el viejo Principado. Alturas de más de 10.000 pies, donde sólo habitan las águilas, las nieves y pequeños rumiantes trepadores de altos riscos. Todo se ve, desde ese mirador sublime, más serenamente. A un lado –por el norte- el suelo asturiano, plegados en innúmeras arrugas cordilleranas, en las cuales han surgido caseríos y haciendas, aldeas, villas y ciudades, organizaciones mineras y