España 36 02 22
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El “inesperado” triunfo de las izquierdas. Constituye una seria advertencia a las Derechas, a la Iglesia española y al caciquismo rural La SI 22/02/36 p.1-11

1. Hosannas y silencios.
            Media España está alzada, como en los mejores días del advenimiento de la República. Gritan las multitudes humildes por las calles, después de dos años y medio de candado en boca. Los municipios democráticos destituidos dos años atrás se apoderan de sus puestos sin más trámites. Las Casas del pueblo son reabiertas. En los teatros se viva a nombres populares. Los presos políticos salen de las cárceles, después que los ciudadanos los han absuelto con el sufragio que, al decir de sus entusiastas, borra toda culpa como el Bautismo. Y en medio de tantos cohetes verdaderos y simbólicos, ondean, tras la nacional, banderas rojas y se oyen allá lejos, en lejanías que no lo son tanto cuando se oyen las voces, las salmodias laicas de la Internacional.
            Mientras media España se viste así de fiesta (sin faltar en ella quien sabe qué rumores de esas nuevas), otra media España está silenciosa. Habían dicho tanto sus líderes que triunfarían, y habían tanto gritado contra el adversario, que ahora no queda voz para comentarios. Es la España derechista, en la cual el temor ha hecho presa: habían sus jefes -cortos de vista- amenazado tanto, que temen que cumplan esas amenazas los de en frente, con la lógica indestructible de haber anunciado las persecuciones los que ahora resultarían perseguidos.
            Y entre esos Hosannas gritados y esos temores callados -la España total, que, victoriosa o vencida, tiene derecho de ciudadanía- está viviendo horas históricas, que influirán grandemente en el porvenir del país y aún -no quepa duda- en el porvenir, por influencia, de otros países.

2. Hablemos sin prejuicios
            Desde que la República fue proclamada en España, cinco años atrás, “La Semana Internacional”, por mandato ineludible de los acontecimientos, ha tenido que preocuparse de las cosas de España no menos de media docena de veces. Aludimos, solamente, a las crónicas de cierta extensión, además de otras, numerosas, de corte ligero. Hace muy pocas semanas(1) que una de ellas aparecía, a manera de prólogo de estas elecciones que constituyen ahora el acontecimiento máximo mundial.
            Quien haya leído sin prejuicios las críticas aquí aparecidas a los acontecimientos de España, estará seguro que nos ha guiado siempre el amor a la verdad y el cariño a España: a la España totalitaria de la cual todos, cada cual con su pensamiento, son parte viva. Guían estas crónicas la imparcialidad y el deseo de alcanzar la verdad desnuda. Y bien podría decirse que esta norma general se acentúa, si cabe, al hablar de los sucesos de España. Porque sólo la verdad puede liberar a los pueblos y con la verdad solamente puede el escritor actuar con la cabeza alta y el alma limpia.
            Por lo demás, tenemos un título para que el lector nos siga confiadamente en este hilo crítico de la presente crónica: que los acontecimientos nos han dado la razón aún en ese triunfo izquierdista, que anunciábamos en la mañana misma de las elecciones de 1933, con estas palabras, que hemos repetido varias veces: si las izquierdas presentan candidatura única como las derechas, su triunfo está descontado desde luego.
            Hemos insistido ahora en esta observación sobre la necesidad de ser imparciales y de servir a la verdad, porque conocemos con cuánto afán  -y con cuán equivocado criterio- ciertos grupos, especialmente españoles, se ciegan a sí mismos, sin querer ver las cosas tan claras como son. Ellos extrañarán ese triunfo izquierdista. Y, si hubiesen querido ser fieles a los hechos vivos, hubieran podido ver y prever lo inevitable.
            Entremos, pues, a un estudio sereno, superior a nuestras preferencias y a nuestros prejuicios.
(1)  La SI 21/12/35 p.1-7; 28/12/35 p.12; 04/01/36 p. 3-9