LA SEMANA INTERNACIONAL 1939
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LA SEMANA INTERNACIONAL 1939
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¿Qué pasa con la electricidad porteña?
La SI 14/01/39 p. 7

    Se nos ha incitado muchas veces a que intentemos cada semana una crítica sobre política chilena. Un suscriptor que insiste en ello, nos dice en una carta reciente: “…La altura de miras con que “La Semana Internacional” enfoca las críticas, siempre superpartidariamente, sería garantía de acierto, contribuyendo a la purificación de la política nacional, necesitada más que nunca ahora de críticas desapasionadas… Por ejemplo, el pleito local –mejor dicho regional- sobre la electricidad y los tranvías. ¿No le interesa el avance de la región y el buen nombre de Chile ante el extranjero?
Nuestro comunicante tiene una parte de razón. Sólo una parte. Aquella que atañe a la obligación de colaborar en cuanto tiene relación con la limpieza social. “La Semana Internacional” nacía para presentar al lector el cuadro de lo que acaece en el mundo, política y socialmente. Nada más. Y para que el lector formara juicio y aprovechara experiencia, tal vez sacando conclusiones que interesasen a su propio país.
    Si hemos de ser sinceros, diremos más: que no sólo nos interesa la política chilena, sino la que tenemos constantemente a la vista. Y que, si directamente no queremos juzgarla, es precisamente “para influir más en ella”. Porque estamos seguros de que más imparcialmente, más eficazmente, se influye en ella no tocándola directamente y presentando a la vista casos similares del exterior. Esto lo saben cuantos han oído hablar de “La Semana Internacional” a elevados personajes. La mayoría, en son de alabanza, están reconocidos por la influencia de estas crónicas en la vida política chilena, atribuyéndoles, a veces, más importancia de la que han tenido en la evolución de las ideas. Una minoría –extremadamente chica- en son de desalabanza, se irrita –o se irritaba- , echándonos la culpa –atribuyéndonos el demasiado honor- de haber llegado a desviar completamente a numerosas personas y aún de atribuirnos la paternidad de movimientos políticos nacionales de juventud.
    El lector nos permitirá, por lo mismo, continuar en una abstención, que, precisamente, no hace más que influir desapasionadamente en la formación de la conciencia política nacional. En otras palabras: no creemos necesario directamente hablar, porque indirectamente el efecto es más hondo y mejor.
    Pero nuestro comunicante desdobla su advertencia. Y no habla solamente de política, sino también de “limpieza”, es decir, de abusos sociales, de casos concretos de explotación pública. Y nos recuerda el deber de contribuir a esa limpieza social, estudiando casos vivos que hagan bien.  
    Y, ya aquí, le damos la razón. E iniciamos con este número una campaña. Nada tiene que ver con política. De limpieza pura y exclusiva. El título de esta nota muestra por dónde comenzamos.
    En Valparaíso se ha hablado mucho de la Compañía de Electricidad. Se han hecho largas campañas sobre ella. Apasionadas.  En pro o en contra. ¿Examinemos el caso? Examinemos.
    Queremos hallar a esta campaña un motivo social elevado.  El mundo se está hundiendo por culpa de una minoría. Aquella de que hablaba León Xlll con frase audaz, que había quienes se preocupaban por cualquier medio de acumular en sus manos las riquezas, con injusticia para los demás. Estas minorías están reunidas alrededor de grandes negocios que, además de serlo económicamente, socialmente son, en francés, “affaires”. Limpiar un país de esos “negociantes” es hacer, no sólo obra de justicia, sino de paz social.
    ¿Qué ocurre con la Compañía de Electricidad? ¿Realiza un rol social o es simplemente un extorsionador que merece ser, no solo rayado, sino castigado? He ahí la cuestión que nos proponemos estudiar.
    Pesa sobre nosotros la responsabilidad de pertenecer, la mayor parte de nuestros lectores, a las clases dirigentes política, económica, social o científicamente dirigente. Queremos ponerles ante sus ojos este problema, desarrollándolo bajo todos sus aspectos.