España 36 04
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España 36 04
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Por qué han triunfado las izquierdas en España Manuel Prados y López La SI 04/04/36 p. 9
Por fin, reforma agraria en España La SI 04/04/36 p.9-11
Alcalá Zamora ha sido destituido por el Parlamento La SI 18/04/36 p.1
Izquierdas y Derechas del Parlamento Español contra la Presidencia de la República La SI 18/04/36 p.8-9
El ejército español y el Gobierno La SI 25/04/36 p. p.6-7
Por qué han triunfado las izquierdas en España
Manuel Prados y López
La SI 04/04/36 p. 9


    Los derechistas españoles no aciertan a razonar su fracaso. A mucha gente de orden no afiliada a ningún partido, también le parece injustificado el predominio de las izquierdas. Estas mismas han rebasado la linde de su propia esperanza.
    ¿Será que una gran parte de las derechas no han votado? ¿Será que las izquierdas han contado con más probabilidades que aquellas para ciertos manejos electorales?
    Seamos sinceros: el triunfo del Bloque Popular es indiscutible. Analicemos las causas de ese triunfo. El programa de las derechas ha sido, durante el período electoral, bandera de raza: grito de fe, de esperanza, de españolismo, de concordia. ¿Cómo ha podido fracasar un programa de este género? Si la pugna hubiese sido solo de principios entre hombres de una misma jerarquía social, el fenómeno no tendría explicación. La tiene porque no se trata de una lucha ideológica, sino de choque inevitable entre pobres y ricos, entre poderosos y humildes. Unos y otros han acudido al famoso comicio del 16 de febrero por inspiraciones económicas, por apremios de orden materialista.
    En este aspecto de la cuestión, hemos de reconocer que el materialismo en los pobres es más perdonable que en los ricos. Estos forman minorías selectas y poseen todos los medios para hacer el bien, nivelando el desequilibrio social de nuestro ambiente. Existe la verdad del hambre, la del paro forzoso, la de enfermos mal atendidos. Los ricos tienen  más tiempo que los pobres para meditar y para entregarse a prácticas religiosas que asotilan (sic) los sentimientos
    Pero los ricos, en vez de aprovechar los bienes propios como ventaja para provecho de los necesitados, en lo cual radica el espiritualismo eficiente de la vida, han convertido las riquezas en usufructo egoísta, en barrera de clase, en privilegio antipático, en motivo de incomprensión y de odio. Puestos a luchar, el rico lucha por detentar sus caudales innecesario y el pobre por apoderarse de ellos. Los políticos, en esta pugna, tratan de imponer criterios y fórmulas antagónicas. El sistema conciliador y humano preconizado por Gil Robles no ha hallado eco ni en los de abajo ni en los de arriba. Unos le consideran tirano; otros le tildan de obrerista. Su amor a la legalidad, su espíritu de sacrificio y su eclecticismo cristiano le han hecho perder.
    Algunos caudillos de derecha y de centro han tratado de imponer viejos estilos en la política española; pero se han encontrado con que el obrero ha adquirido ya una sensibilidad ciudadana de que antaño carecía, aunque le falta la responsabilidad del discernimiento indispensable para elegir doctrinas o representantes.
    Ese trance de incultura y de afanes materialistas, desordenados, de la clase obrera –las reivindicaciones lógicas degeneran en pasión- es aprovechado por falsos caudillos del extremismo izquierdista que viven superbamente, mientras los pobres tienen hambre y carecen de trabajo.
    Sean sinceras las izquierdas triunfantes creando obras de amor y de paz parta aumentar las posibilidades de una vida digna a los obreros, sin mermar los derechos de la propiedad. En cuanto a las derechas, sean comprensivas, captando la voluntad del pueblo e imponiéndose con la verdad de actos generosos a la falsa propaganda de confusionismos inoportunos.
    La crisis del mundo es esa: la resistencia de las clases ricas a cumplir la justicia social que Dios impone. Y, por otra parte, tal crisis ha sido agravada por los extremismos de izquierda, incomprensivos como los de derecha.
    No se diga, pues, que el triunfo de las izquierdas en España significa la derrota de Gil Robles, sino del egoísmos de las derechas que quieren comprar con su dinero hasta el favor de la Providencia.
    Ahora bien: el gran error de las izquierdas republicanas ha sido unirse con los socialistas, comunistas y sindicalistas que entorpecerán  toda labor sensata de gobierno.  Sigo creyendo que solo un bloque de derechas tolerantes y republicanas, sin dejar de ser españolas y católicas, podrá compadecer los intereses y las aspiraciones de nuestro grande y desdichado pueblo.