02 soc nac 33
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SOCIEDAD DE NACIONES
01  Su razón de ser. 02 La hora de lo internacional, La SI 09/10/33 p.7
03. Antecedentes en el mundo antiguo La SI 16/10/33 p.8
04. Antecedentes en la Edad Media La SI 23/10/33 p.6
05. Los antecesores de Vitoria La SI 13/11/33 p.7
06. Vitoria echa las bases jurídicas del Derecho Internacional La SI 25/12/33 p.8

01     Su razón de ser.
02     La hora de lo internacional,
LA SI 09/10/33 p.7
Indice de ideas: sobre la Sociedad de Naciones, su razón de ser; el anarquismo; el neo-nacionalismo; las naciones, la hora de lo internacional

            Está reunida en Ginebra, en estos instantes, la XlV Asamblea de la Sociedad de Naciones. Y estimamos interesante para nuestros lectores resumir en una serie de artículos comprensivos la vida, desarrollo y proyecciones de esa entidad internacional sobre el futuro.
            Hasta hace dos o tres años se hablaba continuamente, en diarios, revistas y conferencias, de la Liga de Naciones. Ahora, por causas que vamos a indicar más adelante, la prensa habla poco de ella; y como una rara atmósfera de silencio se ha acumulado a su alrededor. Es ahora, por lo mismo, cuando más interesante puede ser dar una noticia concreta y un juicio desapasionado sobre la institución ginebrina.

1. Su razón de ser.

            En el mundo de las utopías, tan extenso como pintoresco, hay dos que tienen relación estrecha con la Sociedad de Naciones: el Anarquismo y el Neo-nacionalismo.

            a) El anarquismo científico sostiene una teoría que, cuando menos, está reñida con los hechos actuales: actuales y de siempre. El anarquista no quiere gobiernos, códigos, ni leyes. El hombre, para él, es susceptible de tal perfección que puede muy bien pasarse sin disposiciones legales y sin autoridades que se las haga cumplir. Cada cual debe de tal modo ser fiel a su deber y a lo que "debe ser", que no ha de haber necesidad de coacciones legales ni personales para forzarle a llenar perfectamente su rol social y humano. Leyes y autoridades son inútiles. A-n-arquía, es decir, no gobiernos.
            Estamos en el terreno de la novela, donde cada cual es dueño de fingir un mundo a su especial gusto. De este modo Platón fingió su ciudad ideal comunista; los milenarios cristianos sostenían que Cristo es suficiente para que la paz sea un hecho; y el mismo Cervantes hacía delirar a Don Quijote con ensoñaciones anarco-comunistas.
            Pero, los hechos tiran claramente por el otro lado. Los hechos nos imponen, no sólo de transgresiones continuadas al deber, sino de la existencia de dos leyes íntimas, contra cuya realidad nada podemos hacer, que van derechas contra aquella perfección que el anarquismo supone. La ley de la libre determinación, que anida dentro de nosotros. La ley del progreso, que nos impele avanzar siempre, y, por lo mismo, a faltar y caer continuamente, sin lo cual no hay avance posible.
            Siempre habrá de haber, en la realidad vivida, leyes e instituciones que las hagan cumplir.

            b) Por el otro lado, los nacionalistas del Extremismo, al admitir leyes e instituciones, quiérenlas exclusivamente nacionales. La nación es, no sólo una realidad para ellos, sino la única realidad en lo internacional. Cada país debe gobernarse sin relación alguna con los demás, soberano de hacer lo que le dé la gana, sin cortapisas de ninguna especie: materiales ni morales.
            La contradicción es evidente. El nacionalista acepta el carácter nacional de la organización