05 soc nac 40
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Las finanzas de la Sociedad de Naciones La SI 06/01/40 p. 5 col. 4-5
El Dr. Voronoff y la Sociedad de Naciones. El cadáver de la Sociedad de Naciones La SI 10/08/40 p. 5
l. Prólogo. La SI 03/02/40 p. 5
2. En el mundo oriental La SI 10/02/40 p. 7
3. El Imperio tipo penetración La SI 17/02/40 p. 8
4. El Imperio a base bélica La SI 06/04/40 p. 7
5. La Idea de Imperio entre los judíos La SI 01/06/40 p. 13
6. La unidad en la antigua Grecia La SI 15/06/40 p. 11
7. El Imperio Romano y la unión de naciones La SI 20/07/40 p. 11
8. Como pensaba Séneca La SI 17/08/40 p. 11
9. El Cristianismo como catolicidad La SI 14/09/40 p. 15
10. San Agustín y la mancomunidad de pueblos La SI 28/09/40 p. 7
11. Santo Tomás y las cosas comunes La SI 12/10/40
12. El pensamiento del Dante La SI 19/10/40 p. 8
Paseando un cadáver La SI 19/10/40 p. 8
13. Pedro de Blois La SI 02/11/40 p. 15
14. El Derecho Canónico, primera legislación universal La SI 23/11/40 p. 6
15. El Derecho Romano La SI 30/11/40 p. 11
16. El “Consulat de Mar” La SI 28/12/40 p. 8

Las finanzas de la Sociedad de Naciones
La SI 06/01/40 p. 5 col. 4-5

 Una nota cuasi cómica ha venido tras la expulsión de Rusia de la Sociedad de Naciones. “La tristeza es grande –dice- porque parece que Rusia no pagará ya más su cuota, que era muy voluminosa”.
 Cogemos la guía  de la entidad ginebrina y leemos: cuota rusa, francos suizos oro 2.095.163. Del total de los ingresos, que eran, un año atrás, francos suizos oro 20.552.598, se ha descontado este año por baja de 5 países, una fuerte cantidad, quedando el total en 18.033.946. Y, ahora con la baja rusa, quedan no más que 15.938.783 francos suizos oro. Más de una quinta parte desaparecida, como por encanto, en menos de un año.
 Una de las causas de la caducidad de la Sociedad de Naciones es su burocracia. Desde luego, extraña que una sociedad  que publica centenares de folletos mensuales, revistas, Informes, datos de toda clase, no publique jamás el secreto de sus finanzas. Todo lo más, una lista de las cantidades que paga cada país miembro de la Liga, es decir, los ingresos. Los gastos no han trascendido jamás a la luz pública.
 No se sabe por qué, aunque se supone. ¿No habrá un solo delegado  de algún país  que exija que estos datos  sobre gastos se publiquen anualmente, y, a la cabeza de todo, lo que cobran, centavo por centavo, los empleados de todo orden y los que, sin ser empleados, también cobran, como ese incorruptible Paul Boncour, quien ha encontrado en Ginebra la mina para una vida principesca?
 No se ve por qué no puede realizar la Liga de Naciones lo que realiza todo Estado decente, publicando los gastos todos, de los máximos a los mínimos. Se decía, por ejemplo, que el primer Secretario de la Sociedad, Mr. Drummond, cobraba una cantidad siete veces mayor que la que cobraba después como Embajador en Roma.
 Nadie sería opuesto a que los empleados altos, si son técnicos, sean espléndidamente pagados. Los tiempos nuevos lo exigen, so pena de no poder contar más que con medianías. Por lo mismo, no habiendo hostilidad hacia esos buenos sueldos, no se comprende un silencio que hace sospechar o cosas raras donde, probablemente, no hay nada de irregular.
 Se ha dicho por un ex Presidente de la misma Liga que, si la entidad no es enterrada definitivamente, es a causa de una burocracia que defiende a ultranza  y contra viento y mares altos sueldos. Hay necesidad de aclarar todo esto, tanto más cuanto la Sociedad de Naciones realiza labores no políticas que en manera alguna ha de haber interés en terminar.

El Dr. Voronoff y la Sociedad de Naciones. El cadáver de la Sociedad de Naciones.
10/08/40 p. 5

 Pasa raras cosas la institución de Ginebra. Nacía malamente a las órdenes de unos contra otros, siendo nada cuando hubiera podido ser todo. Desarrollaba su vida de tumbo en tumbo, convertido un ideal de paz y justicia en defensa de las injustitas de Versalles y comedero de algunos cientos de empleados. Moría anémica y desamparada, permaneciendo su cadáver  insepulto mucho tiempo. Era al fin enterrado, no asistiendo a la sepultación ni sus mismos padres.
 La Sociedad de Naciones tenía varios apéndices, muchos de ellos técnicos. Han hecho un gran bien algunos de ellos, como la Oficina Internacional del Trabajo, y otros un gran mal. Porque se trataba de técnicos momificados, estilo Gastón Jezé y Guillermo Ferrero, para los cuales los meses y los años han pasado en vano, aferrados a las momias de la Oferta y la Demanda y creyendo de buena fe que el mundo del 1900, con millonadas de esclavos a las órdenes de minorías ineptas, constituía el summum del progreso y el bienestar humano.
 Hay que leer los sendos volúmenes económicos publicados por la Sociedad de Naciones para comprender a qué grado de inconsciencia llega el atraso ideológico de los que cortaban el paño en reuniones, Comisiones y Asambleas.  Hubo grandes Conferencias en que se gastaban millones y a las que concurrían centenares de personas, llegándose a las conclusiones más atávicas e ineficaces. No comprendiendo siquiera