06 soc nac 41
Índice del Artículo
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17. Como concebía al mundo la Edad Media cristiana La SI 04/01/41 p. 11
18. Luchas entre Roma y el Imperio La SI 18/01/41 p. 7
19. Las Cruzadas y los ejércitos internacionales La SI 22/02/41 p. 11
20. El Imperio español del siglo XVl La SI 01/03/41 p. 8
21. Vitoria abre una nueva época La SI 08/03/41 p. 11
La SI 10/05/41 p. 10   (Reproduce artículo de La SI, 25/12/33 p.8: 22. Otra vez el P. Vitoria)
La SI 07/06/41 p. 10  (Reproduce artículo de La SI 13/11/33 p.7: 23. Los predecesores de Vitoria)
24. Suarez edifica sobre las bases vitorianas La SI 05/07/41 p. 12
25. España y el Derecho Internacional La SI 19/07/41 p. 8

Sociedad de Naciones

La SI 04/01/41 p. 11

Indice de ideas: sobre la Edad Media y su concepción del mundo: orgánica, daba pié a una Sociedad de Naciones, en base a tres principios: todos los hombres eran hijos del mismo Dios y de una sola pareja y estaban condicionados por las leyes de los organismos; la Edad Moderna: inorgánica, sin base sólida para postular y alcanzar la unidad

17. Como concebía al mundo la Edad Media cristiana
            Es interesante comprender cómo una Sociedad de Naciones era muy comprensible en la Edad Media, mientras había de ser muy difícil de organizar y mantenerse en la Edad Moderna.
            La Edad Media concebía al mundo humano como un organismo, descendientes todos de una sola pareja humana y creación del mismo Dios. Había aquí, por lo mismo, tres bases fundamentales para una unión fraternal y jurídica de naciones.
            Hijos de Dios todos los hombres, habían de estar ligados forzosamente por una misma ley general, común denominador humano. Estaba aquí a la vista el Derecho de Gentes, que ha de ser el espinazo forzoso de toda asociación de naciones.
            Hijos todos los hombres de una sola pareja humana, de la cual todos los hombres descendían, teníamos que, al anterior lazo espiritual y divino, se unía el lazo sanguíneo, corporal y humano. Como hijos de padres comunes, todos los hombres estaban ligados por los deberes de la fraternidad familiar.
            Concibiendo la sociedad el Cristianismo como un organismo, aunque dotados sus individuos del libre albedrío, forzosamente había de haber entre los pueblos, no solo unidad, sino una interdependencia propia de todos los organismos, cuyos órdenes penden en su salud y su funcionamiento unos de otros.
            La Edad Moderna, individualista, atea y poligenésica, podía concebir una Sociedad de Naciones a base puramente voluntaria, del capricho y de la fuerza. Se comprende que no tiene esto base sólida alguna. La tenía, en cambio, aquella Edad en que se comenzaba por la triple afirmación de que todos los hombres eran hijos del mismo Dios y de una sola pareja y estaban condicionados por las leyes de los organismos.

Sociedad de Naciones
La SI 18/01/41 p. 7

Indice de ideas: sobre las luchas entre el Papado y el Imperio Germánico

18. Luchas entre Roma y el Imperio
            Durante más de un siglo, en el corazón de la Edad Media, tuvieron lugar las llamadas luchas entre el Papado y el Imperio Germánico. Lo que han notado pocos es el interés que tienen esas feroces, largas y novelescas luchas para el problema de la Sociedad de Naciones.
            La esencia de esas luchas era la misma, aunque en sentido inverso, para ambos bandos. El Papado tendía a una unión  universal de naciones bajo la autoridad papal y a base de las leyes cristianas. Los grandes ... (aquí falta una línea) ... ban a someter toda la cristiandad –es decir, todo el mundo civilizado- a la autoridad material del Imperio, convirtiendo al emperador germano en rey de los reyes, y respaldando ese poder universal con la fuerza de las armas.
Esa lucha entre la latinidad y el germanismo, entre el Papado y el Imperio tendía, pues, por ambos lados, a unir las naciones bajo un poder común  y con un lazo general entre ellas. El que cada bando concibiese distintamente ese lazo común  y la autoridad que debía ser soberana, tiene un enorme interés histórico, pero no lo tiene desde el punto de vista de la Sociedad de Naciones. Ambos bandos querían lo mismo, aunque por distintos caminos. Y, para ello, derramaron torrentes de sangre.