LA SEMANA INTERNACIONAL 1940
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LA SEMANA INTERNACIONAL 1940
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Meditaciones sobre la guerra
Por el Canciller de Hierro
La SI 21/12/40 p. 11

 

            El escritor, como el abogado, no siempre defiende causas justas; pero si en el abogado no es censurable el hecho  porque en razón de su cargo muchas veces está obligado a ello, en el escritor es imperdonable, porque nadie lo puede obligar a escribir contra su voluntad, a menos que sea un mercenario.
            Pero si el escritor defiende una causa injusta puede con su talento y su dialéctica hacer incurrir en error a sus lectores; de aquí que la honradez sea una cosa esencial en el escritor. Desgraciadamente no todos los escritores son suficientemente honrados.
            La honradez del escritor está sometida a pruebas de fuego y quizá si por eso habrá que perdonar también a los escritores que no son honrados. “En este mundo rutinario –decía Eca de Queiroz- las ideas,  para agradar deben ser como las maneras, generalmente adoptadas y no individualmente creadas”. ¡Ay de quien trate de desafiar esta consigna impuesta por la triste condición humana!
            Un escritor que ha estado defendiendo los regímenes democráticos, pongamos por caso, no podría después retractarse y apoyar los regímenes totalitarios, aun cuando lo haga con pleno convencimiento de que estos regímenes son superiores a los otros. Sería tildado inmediatamente de reaccionario o de influenciado por las doctrinas dictatoriales.
            Esta es otra prueba de fuego para el escritor sincero que pretenda seguir los dictados de su propia conciencia.
            No hablemos de casos hipotéticos sino de hechos que son más frecuentes de lo que podemos imaginarnos.
            Yo he afirmado en mis libros y en una serie de artículos de prensa, siguiendo la doctrina alberdiana, que “la paz, como la paloma nace de la paloma y que lo que la razón no puede resolver por la discusión no puede ser resuelto por la espada. Lejos de ser la última razón del derecho –la suprema ratio, como dicen los juristas- la espada es la primera razón del crimen”.
            Hemos criticado a Grocio, llamado el padre del derecho internacional moderno, por haber sostenido su célebre consigna de que “si quieres la paz debes prepararte para la guerra”, en la cual parece estar fundada la estructura del mundo moderno con su mecanismo de la paz armada.
            Los conceptos alberdianos nos sedujeron por su hermosura ética y nos cogieron en los años mozos cuando nuestro corazón estaba influenciado por el ideal. Pero habíamos olvidado aquella tremenda advertencia del filósofo que dijo: “Vivir sin ideal es imposible pero vivir un ideal no es de la tierra”.
            Siguiendo las corrientes idealistas del genio tucumano y encendidos por una fe pacifista escribíamos La Paz y la Guerra y Conceptos Modernos de la Neutralidad que tan hondas satisfacciones nos produjeron muchas veces por los inmerecidos elogios que recibiéramos.
            Hoy podemos exclamar parodiando al rey sicambrio que quemamos aquello que adorábamos y adoramos aquello que quemábamos.
            No podemos seguir sosteniendo que la paz nace de la paz, como la paloma nace de la paloma. Ahora debemos decir que la paz nace de la guerra, así como la luz nace de las sombras, porque paz y guerra, como luz y sombra, no son más que efectos de contraste.
            “La Ley de la Vida –decía Epitecto- es la Ley de la Muerte”. La existencia es un círculo donde la cuna y el sepulcro se confunden. Tanto vive el cadáver en su ataúd –decía el fino ironista portugués que más adelante citamos- como el águila que bate furiosamente sus alas en la cumbre”.
            La historia nos enseña que solo las grandes guerras han cambiado la faz de los pueblos y hasta el curso de la civilización. la invasión de los bárbaros destruyó el imperio romano y sobre sus cenizas las cruzadas erigieron al mundo cristiano.
            Nadie podría negar que las guerras de independencia de los tiempos modernos son guerras justas. La justicia o injusticia de una guerra no se prueba por la victoria. Mientras no exista un juez internacional que dirima las luchas armadas no se podrá decir en propiedad si la guerra es justa para una parte e injusta para la otra.  Solo sabemos en nuestros días que las