España 37 12 04 y 11
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España 37 12 04 y 11
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España en llamas (66) La SI 04/12/37 p. 4-6
España en llamas (67) La SI 11/12/37 p. 3-4

364. Los templos en la guerra (conclusión del número anterior)
            Numerosos prisioneros revolucionarios han sido alojados en el hospital. Algunos son ya soldados curtidos, mientras otros son adolescentes, de 14 a 16 años de edad, todos heridos.
            Belchite ya no es más una ciudad de proporciones medianas; todas sus casas se hayan en estado de ruina, y las calles en situación de difícil tránsito por las explosiones de bombas y granadas de mano, cuyos restos se hallan por las calzadas junto a juguetes infantiles, restos de diarios y mil objetos más”.

365. Santiago Alba habla de robos
            Santiago Alba ha sido uno de los hombres más funestos de España. Entraba en la política como secretario de uno de los movimientos más hermosos del fin de siglo español, acaudillado por aquel gigante que se llamó “el león de Graus”. Era un movimiento económico-cultural, sin tinturas políticas.  Tomó gran cuerpo en toda España en pocos meses. Y marchaba paralelamente a la rebelión de los contribuyentes de Cataluña contra la podredumbre política.
            Santiago Alba traicionaba el movimiento y, luego, entraba en la política. Y en uno de los sectores más desprestigiados: el agrarismo capitalista  de Castilla la Vieja. Fue ministro, diputado, hasta presidente de las Cortes. Y en una sesión del Congreso decía un diputado:
            - Lo único que sé de S.S. señor Alba es que entró en la política de simple abogadillo, sin un centavo, y ahora, sin saber, cómo no creer en milagros, tiene usted casas en Valladolid, dinero abundante y qué se yo cuantas cosas más.
            Santiago Alaba acaba de hablar. Y ha dicho así:
            - Ocurren cosas inauditas. Individuos a quienes usted y yo hemos conocido sin dos pesetas, hoy giran por millones...

366. Retiro de voluntarios
            Las proposiciones del Comité de No intervención acerca del retiro de voluntarios, que estaban estancadas a causa de la oposición rusa, han podido llegar a mano de los dos Gobiernos españoles, a causa que Moscú ha retirado sus observaciones.
            Las proposiciones consisten, en general hablando, en que ambas partes retiran un determinado número de extranjeros, los gobiernos extranjeros reconocen la beligerancia a ambas partes y continúa la retirada del resto de voluntarios, hasta el fin.
            Franco ha aceptado en principio, después de haberse retirado ya a Italia, según cables de Roma, unos 42.000 italianos, antes que cualquiera Comisión neutral pudiese hallarlos en fila.
            Barcelona ha contestado con objeciones, la más importante de las cuales es la de tener que diferenciarse los extranjeros en dos grupos: voluntarios y soldados.
            La observación de Barcelona es lógica, pero tardía e inaceptable por Francia y Gran Bretaña. Porque no les conviene a esas potencias esa diferenciación.
            Lógica. Porque la retirada de extranjeros, si son voluntarios, no habría para qué censurarla. En el ejército francés, durante la guerra, había más de 90.000 extranjeros, sin tener en cuenta los moros. En el actual ejército francés de Marruecos hay como 20.000 extranjeros en la legión y otros 3.000 senegaleses como guardia del Sultán y del Residente contra las posibles revoluciones de sus nacionales. En las recientes revoluciones palestinianas, Gran Bretaña ha peleado allá con extranjeros hindúes. Siempre, en todos los siglos y en todas las guerras, sin excepción, los extranjeros han podido enrolarse, recibiendo su paga. Y de ahí viene la palabra soldado. El que recibe sueldo, el pagado, el soldado.
            Lo único interesante (y esto era la causa de la organización del Comité de No Intervención) era si había, no voluntarios, sino soldados de un país extranjero. Es decir, no era cuestión de voluntarios, sino de agresión armada extranjera.
            Pero el Gobierno de Valencia entonces, con la habitual torpeza diplomática, a pesar de sus Alvarez del Vayo y sus Madariaga –siempre a remolque de Eden- aceptó que se hablase de