España 38 01 01
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España  en llamas (69) La SI 01/01/38 p. 1-2

378. Un gobierno español en París (continuación del número anterior)
            Aprovechando la invitación del Gobierno de Valencia, siete consejeros con su Presidente Antonio Aguirre, se trasladaron a la capital levantina para concurrir a las efímeras sesiones de las Cortes. Inmediatamente después regresaron a París para acometer la ardua labor de abordar problemas de tal magnitud que no es fácil decir si hallarán solución satisfactoria.
            Pasamos la esponja sobre el encerado de la pretendida independencia de Euzkadi. Esa suprema aspiración de la doctrina nacionalista vasca se ha derrumbado con estrépito. También el Estatuto de la región, por los azares de las circunstancias, se ha convertido en nada. Según cálculos aproximados pasan de noventa mil emigrados guipuzcoanos y vizcaínos que pisan territorio francés. De ellos sólo un porcentaje reducidísimo puede afrontar el éxodo con sus propios medios económicos. Los demás están instalados en unos cuatrocientos refugios habilitados en distintos departamentos de Francia.
            El problema económico de la subsistencia en un país extranjero de una cifra tan elevada de vascos, encierra una enorme gravedad, derivada de las divisas monetarias y el descenso progresivo de la cotización de la peseta enferma. Quizá con ser tremendamente tenebroso el asunto, hay otros que superan el interés dramático de las derivaciones de la guerra.
            Ha quedado al frente de la Delegación vasca en París el consejero de Comercio y Abastecimiento del Gobierno de Euzkadi Ramón María Aldasoro. De sus labios oímos las preocupaciones que tiene el Gobierno. Cerca de cuarenta mil combatientes vascos ante la imposibilidad de defenderse en los últimos momentos contra los invasores se rindieron en masa, mediante una capitulación formal que se ha respetado, instalándose esos millares de vascos en campos de concentración en la parte de la costa de Santander, Santona y Castro Urdiales. El antiguo penal de Santona se habilitó para encerrar allí a los que ejercían con mayor o menor autoridad los mandos militares.
            El Gobierno de Euzkadi ha hecho todo lo posible para obtener la expatriación de todos esos cautivos. Se han hecho peticiones a todos los gobiernos extranjeros para que intercedan, pero ha sido inútil. Este delicado pleito envuelve facetas que perfilan las dificultades inevitables para una inmediata solución. ¿Qué se haría con estos hombres, en el caso de que fuesen liberados y consiguieran abandonar la provincia de Santander? Aún descartadas todas las posibles garantías de que no habrían de volver a luchar como combatientes en la zona de los republicanos ¿adónde llevarlos? Son muchos hombres cuarenta mil para acopiarlos en una inmigración.
            Además, en los distintos puertos de la costa del Mediodía de Francia se encuentran amarradas hasta doscientas pequeñas embarcaciones vascas, con sus correspondientes dotaciones, que abandonaron los puertecitos de Bilbao para no caer en manos de las tropas franquistas. ¿Qué hacer con esa flotilla y sus tripulantes?
            Los consejeros del Gobierno vasco se han puesto al habla con los Ministros franceses para recabar una autorización que permita a estos pescadores dedicarse a la pesca en aguas del territorio francés, consideradas como zonas libres. El pescado sería enviado a Cataluña, para no perjudicar a los intereses de los pescadores de Francia y este nuevo método de alimentación podría mitigar la crisis de la falta de víveres en Barcelona.
            La cuestión se halla en el período de trámite, pero también la fórmula por el momento ha tenido acogida de viabilidad, toda vez que parte de la pesca francesa surte a la población catalana y naturalmente esta competencia acarrearía como inevitable consecuencia la depreciación de la mercancía de los pescadores franceses.
            También hay otra cantidad de pequeños problemas que tiene que resolver el gobierno de Euzkadi

379. La ofensiva de Teruel
            a) Apenas concluía la campaña asturiana, con la rendición de Gijón, sin combate, las Derechas anunciaban que se tomarían exactamente un mes, lapso necesario para un doble