España 38 01 22 y 29
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España 38 01 22 y 29
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España  en llamas (71) La SI 22/01/38 p. 4
España  en llamas (72) La SI 29/01/38 p. 2-4

393. La contraofensiva en Teruel
            a) La guerra comienza ahora. Lo cual quiere decir que puede acabar ahora. Comienza ahora por las circunstancias explicadas en otros artículos. No había guerra posible en esas cuatro ofensivas del Norte (Irún, Bilbao, Santander, Asturias), en las cuales un bando armado de toda clase de elementos disputaba contra otro desarmado. Luchar 150 aviones modernos contra 6, es tan absurda como si una tortuga plantease a un ciervo una apuesta por una carrera. En el único frente actual de Norte a Sur de España, celtas y celtíberos contra iberos, la guerra puede comenzar a ser efectiva.  Tuvo esa guerra efectiva dos antecedentes en el noroeste de Madrid y en Arganda. Ahora no será en ella episodio sino lo usual. Por esto, si podría concluir en un atrincheramiento y la definitiva división de España en dos (ideal británico-francés), asestando el segundo y definitivo golpe después del primero,  consistente en la separación del Portugal (1640), también, y es lo más probable, puede concluir con la victoria de uno de los dos bandos: el de aquel que, ante la igualdad de medios, posea una mejor capacidad directiva.
            Podemos, pues, felicitarnos. Parece que caminamos hacia el desenlace. Y para cuantos sabemos que esa guerra social es la lucha entre dos bandos igualmente egoístas e ilógicos, el fin del conflicto no es especialmente grato. Celebremos, no es el triunfo de éste o de aquél, sino el fin. Como aquel actor malo que cosechaba aplausos ruidosos al final: porque se iba ya.
            La ofensiva de Teruel no sólo puede ser el principio del fin, sino también el hecho que nos guíe para pensar si se estabilizará el conflicto, con la inmovilidad de dos filas paralelas de trincheras y la indeseada bilobulación del país en dos Estados, o se terminará por el triunfo de uno de los bandos y la iniciación de un Estado ya totalitario, ya socializado... en el fondo, idéntico socialmente hablando.

            b) Después de las luchas asturianas la anunciada ofensiva de Franco no venía. Es que sabe Franco que ahora comenzaba la guerra. Probaba –disparate de calibre- atacar por Jaca Sabiñanigo. Era rechazado e inmovilizado en sus trincheras forradas de nieve pirenaica. Paraba unas semanas. Calma.
            Era que esperaba refuerzos vivos y muertos. Moros del Atlas Rifeño que iban desembarcando en Málaga y Algeciras. Italianos de la Libia que habían sido reconcentrados en la cosa africana, para no enfrentarlos ante sus familiares italianos; municiones, aeroplanos y cañones de Alemania, Italia y otros países, que han hallado en la feliz y providencial guerra española (al igual que Rusia) un alivio permanente y formidable a sus millones de desocupados.
            Cuando todo se preparaba sigilosamente para una doble ofensiva en Almería y Guadalajara, la primera, nutrida de moros y falangistas, a las órdenes de Queipo de Llano y su Estado Mayor ítalo-germánico. La segunda, en el mismo suelo donde Miaja imponía la famosa derrota a Moscardó y sus brigadas italianas. Ahora, bajo la batuta magnífica del primer estratega del campo franquista: Yagüe, que ha sido llamado al frente otra vez y ascendido de teniente coronel a general.
            Y, a punto de la doble acción, las izquierdas irrumpían sobre la peña semidesguarnecida de Teruel, saliente peligrosa del frente de combate para Valencia.
            El objetivo de esa ofensiva izquierdista era doble:
            Primero: empujar hacia atrás una saliente tanto más peligrosa cuanto que la constituía una roca inexpugnable; que esto es la ínfima ciudad de Teruel, con no más de 15 mil a 20.000 habitantes menos que más. De ahí, apoyada en esa roca, las derechas podían lanzarse sobre el mar que dista no más de cien kilómetros. Con ello, Cataluña, que se nutre de la huerta valenciana, quedaba sin despensa. Piénsese que sólo Barcelona tiene actualmente tres millones de habitantes y que el catalán sabe y quiere comer bien.