España 38 02 05 y 12
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España 38 02 05 y 12
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España  en llamas (73) La SI 05/02/38 p. 13-14
España  en llamas (74) La SI 12/02/38 p. 3-5

402. Periodicidad en las embestidas

(encabeza este párrafo un gráfico así: 
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Las líneas representan “silencio”; los puntos “ofensiva”)

            Las únicas tres ofensivas que de verdad han tenido lugar en la guerra social española (Madrid, Arganda, Teruel) prueban dos cosas que tenemos interés en poner constantemente de relieve, porque son fundamentales. Se trata, por un lado, de guerra de posiciones a base de trincheras. Dos líneas tortuosas de excavaciones, más o menos paralelas, se miran cara a cara. Y están construidas de tal modo, que ya ni la más densa granizada procedente de aviación o de artillería realizan en ellas perjuicios decisivos. La tierra y las ramas son el mayor obstáculo de toda ofensiva a base de metralla.
            El ejemplo de la guerra mundial se repite ahora nuevamente. No ha habido, de 1918 a 1938, a pesar de haberse desencadenado docena y media de guerras, una que pueda considerarse “de posiciones o trincheras”. Han sido guerras de movimiento, al estilo clásico, a causa, principalmente, de la desigualdad de potencia entre las partes luchadoras, incluyéndose entre los distintos factores que constituyen esta desigualdad el escaso personal para construir excavaciones, al menos por parte de uno de los dos bandos.
            De esa faz de la guerra (de posiciones) hay que estudiar las causas y los efectos. Atengámonos ahora a estos últimos.
            Los principales efectos son éstos: periodicidad de las ofensivas a base de ritmo lento y duración de la guerra por parte de las líneas de combate.

            a) En campo abierto se necesita mucho material modernamente,  cuando se intenta una ofensiva. Pero en guerra de posiciones se necesita, por lo menos, seis veces más todavía.
            Recordemos los infernales ataques de una de las partes durante la guerra mundial, durante los cuales caían la metralla y el fuego por manera fantástica. Se calcula que no menos de dos millones de trabajadores fabricaban toda clase de medios de combate por cada una de las partes. Necesitaban por término medio unos cuatro meses para construir lo que los ejércitos respectivos consumían en un término medio de doce días. Para continuar la ofensiva sin interrupciones hubieran necesitado:
            diez veces más trabajadores (veinte millones);
            diez veces más materias primas;
            diez veces más dinero.
            No se disponía nada de todo esto.
            De este modo se daba lugar al ritmo de descanso de cuatro meses (descanso en las trincheras y trabajo intensivo en las usinas) y ofensiva de dos semanas o menos. Y este ritmo fue constante durante toda la guerra.
            Actualmente sucede lo propio. Franco, que ha llevado la iniciativa en las ofensivas casi constantemente (el caso actual de Teruel es la excepción tal vez única), las ha tenido que espaciar siempre. Y hay que tener en cuenta que sus contrarios disponían de escaso material, lo cual le ahorraba también material a él.
            Después de cada ofensiva, Franco declaraba que había que limpiar el terreno y rehacer las unidades. La primera afirmación es absurda. En una guerra no limpian jamás las tropas de choque, sino brigadas de mediana calidad, expresamente dedicadas a cosas de tras-líneas  de fuego. Rehacer las unidades es cosa de horas, desde el momento en que nunca han tomado  parte, hasta ahora, más de cien mil hombres en una ofensiva, parte de un ejército que pasa de los 400.000. la razón verdadera no eran estos alegatos, sino el que se había agotado el material, y había que esperar lo nuevo de Alemania e Italia. Para obtener material constantemente a mano,