LA SEMANA INTERNACIONAL 1943
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LA SEMANA INTERNACIONAL 1943
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“La Semana Internacional” en este grave momento
    Veintiún años ininterrumpidos cuenta esta publicación, a base de crítica de los sucesos internacionales, sin que, a través de los graves acontecimientos por que ha pasado el mundo -con el mundo, Chile- ni por una sola vez se le haya tenido que llamar la atención respecto a la imparcialidad de estas sencillas críticas. Hemos -contrariamente- recibido testimonios de aprobación de las más altos gobernantes; y los numerosos gobiernos que se han sucedido en un lapso tan largo de tiempo, de ideales y procedencias tan distintas, no se han visto en el deber, ni por una vez siquiera, de llamar la atención del crítico. Todavía podemos afirmar que, en horas graves en que la censura de prensa era general, tuvimos la alta honra de constituir una excepción, dejando en libertad completa a un crítico jamás abanderado, nunca caminando arrastrado por apasionamientos.
    Por lo demás, nuestros principios estaban a la vista, acatados a través de una larga vida crítica:
    1º Prescindencia absoluta en cuanto a política chilena, solo mostrando al mundo del exterior las grandes cosas de la vida nacional;
    2º Enfocar la vida internacional a base pura de hechos, abominando de la fantasía y, más aún, de la mentirosidad, dispuestos aún a hacer aceptar una censura común acerca de quienes fantasean y quienes inventan;
    3º Crítica desapasionada de esos hechos, aún contrariando los gustos del lector, como sucedía, por ejemplo, en la campaña ruso-finlandesa.
    Esta imparcialidad no podía, sin embargo, estar exenta de ideales. Y aún podríamos afirmar que principios sociales hoy comunes a casi la totalidad de los chilenos, han sido estas críticas las que los introducían en el mundo intelectual y social chileno, no sin aquellas censuras a que están naturalmente sujetos todos los iniciadores. Sin embargo, se trata de ideales elevados y unidores, que podemos decir que hoy son patrimonio de todos.
    A base de estas normas, es lógico que se ame intensamente la independencia crítica, no sólo como corolario del ideal democrático, sino también como sostén medular de la dignidad del escritor que sabe qué terreno pisa y no busca más que la verdad. Sin embargo, no hemos trepidado, a través de tantos años, a hacer constar ante quien se debía que “La Semana Internacional”, en cualquier cosa que pudiera perjudicar directa o indirectamente a Chile, estaba pronta a recibir indicaciones que sabíamos serían sanas y delicadas.  Ni por una sola vez recibíamos repulsa alguna.
    Hoy, que el país ha entrado en graves instantes rozándose las cuestiones internacionales ajenas con las propias, “La Semana Internacional” no tiene más que reiterar aquellos propósitos, de amor a Chile por encima de todo: es nuestra voluntad, que, ni por comisión ni por omisión, los intereses chilenos  puedan en lo más mínimo ser perjudicados, siempre pronto a recibir y acatar indicaciones, en la seguridad de que no por esto quedará ni por un instante interrumpida la alta tradición democrática de Chile, la dignidad científica de nuestra revista y la independencia del escritor  La SI 23/01/43 p. 8


Imparcialidad

    Es costumbre de esta revista no publicar carta alguna cuando alaban, y, en cambio, darlas a luz cuando corrigen. Es una norma severa y seria, y no podía se otra. Esas cartas de loanzas son agradecidas, pero no son tampoco generalmente contestadas: no hay tiempo, desgraciadamente, ni para ponerse en contacto con nuestros estimados lectores particularmente.
    Esto bastaría para que nuestros amigos no extrañen que no hayan sido contestadas las innumerables cartas recibidas acerca del artículo “Mr. Wallace es así”. Pero queremos comentar brevemente una observación que aparece en casi todas estas cartas: la de un profundo placer manifestado por nuestros lectores por haber presentado al Vice-presidente norteamericano sin apasionamientos, tal cual es, con sus luces y sus sombras, más bien inclinándonos a la bonhomía que a la condenación. En una palabra: retratando a Mr. Wallace desapasionadamente, objetivamente, sin retoques intencionados.