España 38 11
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El degüello de España La SI 12/11/38 p. 3-5
Solo maestras para la educación de la niñez La SI 12/11/38 p.5

            En la página de la portada verá el lector un mapa que no requiere explicación alguna, casi. Pero es tan grave el problema, que hay que señalarlo con el dedo, mostrando una de las mayores monstruosidades que se están perfilando en los entretelones de la alta política europea.
            El hecho parecería absurdo, si no recordásemos antecedentes que lo hacen, no sólo comprensible, sino amenazadoramente probable.
            a) Que por ambos lados el extranjero ha prestado ayuda a España es cosa bien sabida. Lo no sospechado por muchos era esto: el que, de muchos países, recibían derechas e izquierdas una ayuda pareja, tanto en hombres como en material. Aún de las naciones que más insospechables podían parecer de estar afectas a uno solo de los dos bandos.
            Es que, como examinábamos meses atrás, ha primado en esta cuestión –sin negar que había otras causas- la necesidad económica de los países extranjeros, que han hallado en España una fuente de trabajo, de recursos y de posibilidades para el futuro.
            Bajo este punto de vista, queremos explanar en cifras un pequeño argumento.
            Noticias diarias nos manifiestan la falta absoluta de pan y otros alimentos en la zona izquierdista –digamos catalana- así como la abundancia y baratura de paños y otros productos manufacturados en la misma zona. Es que Cataluña está dotada de tierra pésima, y, siendo su población muy densa, necesita buscar en otras partes los alimentos, así como la mayor parte de sus materias primas. Falta pan y sobran telas.
            En Castilla, vice-versa, sucede lo contrario. Telegramas recientes nos hablaban de un verdadero maná que caía del cielo, cierta madrugada, sobre Madrid, haciéndoseles la boca agua a los madrileños al poder saborear esa bendición de pan blanco. Es que Castilla tiene tanto trigo, que ha tenido que darlo a sus animales. Las plazas consumidoras del trigo castellano eran Cataluña, Madrid y Valencia. Y ahora no compran nada en el otro lado de las fronteras. Pueden fácilmente hacer llover maná de panes todas las mañanas, sin que ello signifique abundancia, España entera mirada, como podrían los catalanes hacer llover paños sobre las grandes ciudades castellanas.
            No sin motivos hacemos estas consideraciones. Continuemos.
            Barcelona –toda la España izquierdista- compra sus trigos y otros comestibles (que antes adquiría en Castilla, Andalucía y Galicia) en posesiones británicas, especialmente Canadá y Australia; algo, también, en Rusia y Argentina. Castilla adquiere sus paños (dobles aros que los catalanes y no mejores) en Gran Bretaña, Italia y Alemania.
            La figura, por lo mismo, está clara. No sólo los países extranjeros hallan en España trabajo a causa de industrias bélicas. Hallan mercados espléndidos que antes no existían. Porque las dos Españas se intercambiaban sus productos y los catalanes, a cambio de productos manufacturados, compraban trigos castellanos.
            Si España se pacifica y los dos bandos se entienden –o uno de ellos vence al otro- esa mina se les acabaría a esos países extranjeros, que han hallado – y han hecho bien en aprovechar la ocasión- la manera de vender en las diez zonas españolas. Más, si por azar, España continuase en perpetua guerra; o bien se hiciesen las paces a base de dividir definitivamente el país en varios Estados independientes, los países extranjeros seguirían vendiendo comestibles a Cataluña y tejidos a Castilla, convirtiéndose en permanente esos mercados ocasionales.

            b) Por tres veces Chamberlain –el hombre de las ideas “nuevas”- ha propuesto a Francia y a otros países el reconocimiento de la beligerancia a los dos bandos, y aun, que definitivamente se reconociera que ninguno de los dos puede acabar con el otro y que, por lo mismo, las cosas quedasen como están: es decir, España dividida definitivamente.