España 39 01
Índice del Artículo
España 39 01
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10
Página 11
Página 12

El Papa manda 1.000 Libras a Barcelona La SI  07/01/39 p.6
Ofensiva y contraofensiva en España La SI  14/01/39 p.5 
La lucha de los tres puertos La SI 21/01/39 p. 1-4
Los franquistas ante Barcelona La SI 28/01/39 p.8

La guerra de España se eterniza. Ni con las actuales cinco divisiones italianas y la equivalencia de dos alemanas, puede una de las partes pasar fácilmente ante la muralla de carne viva que les oponen los catalanes. Porque lo raro es esto: que brigadas munidas de toda clase de elementos y dirigidas por oficiales técnicos no puedan fácilmente derrumbar a elementos muy inferiores en material, comandados por el “general” Modesto y otros improvisados oficiales.
            La actual ofensiva contra las líneas de Cataluña representa lo siguiente, al menos hasta el día 3 en que estas líneas son escritas: que, con unos avances iguales a los actuales, se necesitarían varias docenas de años para llegar a la victoria total.
            Estamos confeccionando un mapa a gran escala, que permita ver el avance de las tropas franquistas. Después de seis meses de descanso y rehacimiento de los cuadros más que diezmados, la ofensiva, indudablemente bien preparada, ha avanzado muy poco y ha puesto fuera de combate a demasiados elementos.
            Dos notas han coincidido con esta ofensiva, ofreciendo varios aspectos cada una de ellas: las causas de ser iniciada en los días sagrados de la Pascua y el donativo del Papa a los católicos izquierdistas de Barcelona.
            Cuando Franco se negaba a suspender las hostilidades en los días pascuales –que hubiera sido una muestra de cordura religiosa, no derramando sangre sobre el mismo pesebre de Jesús- es que había graves motivos para iniciarla. Aducen algunos que todo estaba preparado. Sabido es que esto no es razón. Porque no hay nada entre los elementos de combate que pierda eficacia por suspender su aplicación unos días.
            Es que Mr. Chamberlain iba a Roma. Y precisamente el jefe político inglés, de acuerdo con Mussolini, decidía que la ofensiva derechista tuviese lugar antes de fin de año, para que, resultando    -ésta era su opinión- decisiva contra las Izquierdas, hallase en este hecho el jefe británico motivos para aconsejar a los laboristas ingleses una actitud menos hostil al Gobierno del general Franco.
            Pero la ofensiva no ha dado los resultados apetecidos y esperados.
            Mr. Chamberlain, según dicen, va a pedir al Papa su intervención personal para poner fin a la horrorosa guerra española. Se basaría es este “impasse”, en el cual ninguno de los dos bandos es capaz de arrollar al contrario.
            El pontífice ha realizado en estos días un acto que, pareciendo banal, puede tener significación suma. Ha enviado a un Comité católico republicano de Barcelona 1.000 libras para socorro de necesitados.
            Hasta aquí se había limitado el Vaticano a auxiliar a la parte contraria, aportando dinero para la reconstrucción de Iglesias y auxilio de huérfanos de la guerra. ¿Significaría ese donativo de última hora un principio de contemporización, equiparando a todos en las miserias, y colocándose como padre común de todos los católicos, sin preferencias por un bando político?
            Gran Bretaña tiene interés sumo en que el Papa inicie un movimiento interventor, en el cual, poniéndose al habla ambos bandos, se llegase a una inteligencia y se designase gobernante a un tercero. Sabe él que lógicamente Italia y Alemania, vencedoras, tendrían un colosal apetito para pedir colonias y privilegios. Le interesa, además, colocar en el trono español al príncipe de su hechura, Juan de Borbón, que estaría a las órdenes absolutas del ministerio de Relaciones Exteriores británico. Y ha de pechar la Browning Street para salir avante con sus planes, que nadie ni nada le hacen torcer jamás.
            ¿Se retirarán los italianos de España, y acabarán por ser evacuados los extranjeros que pelean en el campo izquierdista, aunque sean estos últimos muchos menos en número que los primeros?
            Sería hora ya de concluir con una carnicería absolutamente inútil, que dejará ruinas por todas partes.

Ofensiva y contraofensiva en España
La SI  14/01/39 p.5