España 39 02 y 03
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España 39 02 y 03
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Otra vez Cataluña  La SI 04/02/39 p.6
En España y en Yugoeslavia La SI 11/02/39 p. 7
El acto final de la guerra española La SI 18/02/39 p.3
El derrumbe español La SI 04/03/39 p.7
Los izquierdistas se degüellan en Madrid La SI 18/03/39 p.2

            Dentro de pocas horas, todo lo más una semana, los franquistas estarán en posesión de Cataluña entera.
            A esto lo llamarán muchos victoria completa. Hubiera podido serlo. Tal como se inician las cosas, ahí comenzarán las serias dificultades. Porque las dificultades materiales son poca cosa, ante dificultades morales que pueden entorpecer la marcha de una política. Contra Cataluña se estrelló durante treinta años la monarquía. Durante ocho años se estrelló contra esa roca dura Primo de Rivera, rodeado de los mismos que ahora -el hombre es un animal que no aprende jamás- están rodeando al caudillo de las Derechas.
            Si la reacción antirepublicana hubiese sido algo netamente español, habría, no ya reconocido la autonomía de Cataluña, sino que la habría organizado más radicalmente aún que los republicanos. Porque la tradición hispana así lo manda. Pero los derechistas españoles son medularmente afrancesados, hijos legítimos de la Revolución Francesa y de su corolario el napoleonismo. Y no tienen empacho en tirar derecho contra la tradición hispana e hincarse de rodillas ante un extranjerismo que, además de serlo, está absolutamente fracasado.
            Los republicanos gobernaron mal (sin olvidar muchas cosas que realizaron bien, y aún muy bien) y habría sido posible a sus enemigos realizarlo mejor, especialmente en este trozo de España que, por ser el más dinámico y sensible, es el más delicado.
            Al comienzo del establecimiento de la República hacíamos notar -y así los hechos han mostrado era- que España no sentía fanatismo por forma alguna de gobierno. Ni había para qué mostrarlo. Sabía bien que, mientras en Dinamarca una monarquía hace labor socialista y popular, en varias repúblicas el atraso y la antidemocracia están en auge. España no “iba a la República”, sino que “se iba de la Monarquía”, lo cual es absolutamente distinto.
            Esto había de poner tino y capacidad a los gobernantes republicanos. Solo un buen gobierno legitima y satisface.
            Si los monárquicos de Franco aceptan que el pueblo español se ha ido de la República por el mal gobierno, y así lo claman, acepten, también que rechazará un régimen que, a su vez, mal gobierne.
            Los franquistas dan a entender que buen gobierno o mal gobierno son cosa de religión y de leyes sociales. No negamos la parte positiva de esta afirmación. Pero sería torpe aceptar la exclusiva. Buen gobierno afecta a cien cosas a la vez. Y la primera de todas es aquella que el afrancesamiento de los franquistas no les deja ver: lo natural, los derechos autóctonos, el idioma que es alma y vida de un pueblo.
            Ignorando esto, España es irredimible. Y la guerra será un hecho continuo, sordo, minador de los mismos cimientos del régimen, en acabando la guerra. Porque toda postguerra es peor que la guerra, si la cancelación no ha sido sabia y justa.
            Vienen de España noticias raras, que no podían ser peores. Para los vencedores. Que Franco ha prohibido en Barcelona el “dialecto” catalán, por ejemplo. Y uno se santigua de puro susto, al ver que ofrecerían redimir a España los que ignoran lo que es un dialecto y lo que es un idioma. Nociones elementales, ciertamente.
            No será verdad esto. Serán cosas de corresponsales vacíos. Porque no se comprendería que los que se dicen amigos incondicionales de Primo de Rivera, no piensen como acabó, y como murió, el afrancesado general, que, por otros lados, tenía buenas cualidades.
            Mal comienzan los vencedores. Y mal comienzan también, para los intereses religiosos, los que, pisoteando cánones arengan en la primera misa al pueblo en lengua distinta de la vernácula. Esta acabará mal.
            Hay que esperar que la realidad mejore el buen sentido de los que, por falta de cultura nacional, comienzan por manera torpe.