España 39 04
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La guerra de los mil días La SI 08/04/39 p. 1-2

            El 17 de Julio de 1936 se alzaban en Canarias y Melilla los militares españoles, dando la señal a sus compañeros de armas de las demás guarniciones hispanas. Se iniciaba la guerra social. A través de mil peripecias y altibajos, se ha llegado al actual estado de cosas, en que las Izquierdas están completamente vencidas y completamente disueltos sus ejércitos. Es cosa de horas no más el que los últimos núcleos republicanos sean “limpiados” y eliminados. Mañana, día 10, se cumplirán los 1.000 días que exactamente habrá durado esa agarrada. Tenemos, por tanto, otra Guerra de los Mil Días. La tenía Colombia. La tiene ahora España.
            ¿Son susceptibles los viejos de experiencia? He ahí un problema que, tal vez, resolvería un psicólogo contrariamente a lo que creen muchos. Suele decirse que la edad madura es capaz de corrección, mediante las experiencias propias o ajenas. Estaríamos por afirmar todo lo contrario. Es ley de la historia todo lo contrario. Precisamente mueren los pueblos, desaparecen épocas, por no ser capaces los pueblos viejos de experiencia. No aprenden. Tienen endurecidas las carnes, petrificados los cerebros, momificados los sentimientos. Y, si hay alguien capaz de experiencia –lo cual es muy dudoso, porque se confunde ésta, a pesar de ser contrarias, con la imitación- han de ser precisamente los jóvenes. Pero este es un problema que sería imposible desarrollar en breve espacio. Queríamos solo apuntarlo, para servir un nuevo aliciente a la inquietud del lector selecto.
            Pero, no sin propósito hacía esta alusión. En un número anterior, presentando maneras medulares de Colombia, explicaba cómo tuvo allá existencia la guerra de los mil días, que fue cruel, horrorosa, sin cuartel, casi tan salvaje, porque sería pretensión querer igualarla, como la actual guerra española que está dando las últimas boqueadas. Pero Colombia, pueblo joven, robusto y calculador, supo tomar experiencia. Desde aquella contienda sangrienta, nadie quiere, en esa joven república, oír hablar siquiera de guerra civil. Todo, menos esto. Moros y cristianos sienten un horror decisivo a esas crueldades. Pueden ser vejados unos y otros. Ni aún en este caso aspiran a la guerra. Ha habido retraimiento de un gran partido histórico durante más de seis años. Guerra, jamás. Su jefe –que es un raro y eminente tipo de final del XlX- grita, amenaza y gesticula. Todo el mundo sabe que esto  es aquella natural expansión  del temperamento nervioso que permite al exaltado derramar por el canal de las invectivas y los gritos la ira interior. Ahora, después de más de un lustro de abstención, ha vuelto el Partido Conservador a las urnas. Guerra, no. Colombia ha sido capaz de experiencia.
            ¿Lo será España? Su hija joven ha tenido esa suprema virtud de comprender. ¿La tendrá la vieja madre, después de cien veces más sangre derramada, de mil veces más crueldades por todos lados, de un cien mil veces más terrible terremoto físico y moral?  Este es el problema. Esa Guerra de los Mil Días de España, ¿será lección para los españoles de mañana, como lo ha sido en Colombia para los hijos y nietos de los que se rompieron las costillas mutuamente, o, siquiera, lo será para los mismos españoles que han sido actores en la horrible tragedia? Lo dudamos. Por esto escribíamos hace poco que la guerra verdadera comienza ahora, como comenzaba la guerra europea en los precisos momentos en que, firmado el tratado de Versalles por la fuerza, una parte, que tenía los mismos derechos que la otra, juraba no dejarse atropellar. Guerra que parece incruenta y que produce más víctimas que las mismas acciones de guerra.
            Recordemos las guerras civiles en el siglo pasado español, y nos convenceremos de que no hay allí capacidad de experiencia, ni del uno ni del otro lado. 1821, 1823, 1827, 1833 (siete años seguidos, concluida con ejércitos ingleses), 1840, 1848, 1852, 1860, 1868, 1874 (cuatro años)... Al lado de diez guerras, más de veinte conatos de revolución abortados, de derecha, de izquierda, de centro, de todos los lados habidos y por haber.
            Esta Guerra de los Mil Días, felizmente ya terminada, ¿tendrá la virtud de volver juicioso e inteligente al pueblo español, poniendo punto final a esa cadena de revueltas, o bien será la primera contienda que abrirá el Ciclo Social, golpeando sobre la impermeabilidad de las clases adineradas del