España 39 08
Índice del Artículo
España 39 08
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8

España recobra su oro La SI 05/08/39 p.12-13
Franco prueba una nueva posición La SI 12/08/39 p. 2-3
El nuevo Gobierno español La SI 19/08/39 p. 3
Nuevo Gobierno Español La SI 19/08/39 p. 4

            Tres noticias interesantes se relacionan con el problema del oro español, y a base de él, sobre esa cualidad, esencialmente hispanofágica que caracteriza a los hijos de la Madre Patria, desde hace siglos. Y vale la pena de pararse un instante ante ese fenómeno, que lo es verdaderamente. Tan fenómeno, que, si España fuese una unidad racial, no titubearíamos en llamarlo anti-natural.
            España era, al iniciarse la guerra social que la agotó durante Mil Días, el cuarto país del mundo rico en oro.  El cuarto país absolutamente hablando. Porque, si se mirase el problema relativamente a la población, era el tercero. Después de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, España era el país del oro. Y el Banco de España abarrotaba en sus arcas obscuras una cantidad que traspasaba los tres mil millones, amén de una mitad más que vegetaba en bóvedas de Bilbao y Barcelona.
            Esto era tanto más importante, cuanto que España no tenía deudas externas. Era, con Venezuela, uno de los dos países afortunados de la tierra. Su deuda perpetua había sido amortizada en gran parte. Los que eran acreedores todavía habían sido invitados a liquidar esas deudas, y no lo habían hecho por voluntad propia, no del deudor. Lo cual quiere decir que, a depender de éste, nada ya habría debido.
            El oro español, por lo mismo, era efectivamente oro español. No había acreedores a los cuales debiese revertir más tarde o más temprano. Se limitaba a respaldar la circulación fiduciaria, según la supersticiosa teoría del siglo pasado, con cuyas ruedas de molino comulgamos todavía.  Cuando comenzó la guerra se temió inmediatamente por ese oro. Y, no se temió en sentido de fraude, sino de desgracia inevitable. Porque si se tiene oro y se necesita, para eso se tenía: se usa. Así las Derechas han enviado fuera millones de toneladas de materias primas, que, solo al salir de las fronteras, se convertían en oro puro perdido.  Y nadie se hallaría dispuesto a criticarles por esto. El que no tiene algo que necesita se lo procura.
            Y España, afortunado país para la paz, nada tenía para la guerra. Durante al monarquía de Alfonso Xll el ejército español carecía de todo. Cuando lo de Cuba y Puerto Rico, un gran político decía en letras de molde que había “un cañón por cada general y cien tiros por regimiento”. Afirmación fastuosamente exagerada, aunque los generales fuesen fantásticamente numerosos.
            No anduvieron las cosas mejor en los días de la república. Las reformas militares de Azaña, eliminando a 702 generales y a cerca de 15.000 oficiales inútiles, , acercándose a la proporción del ejército alemán, fueron esencialmente buenas. Pero la instrucción del oficial siguió como antes y el material continuó siendo absolutamente nulo. ¿Habría alguien que hubiese podido afirmar que, a la mitad de 1936, a pesar de Azaña el reformador, y a pesar de Gil Robles el inútil, un ejército de 130.000 hombres en actividad no tuviese más que cien y tantos aviones y ni uno solo de ellos moderno? ¿Qué los aviadores fuesen pocos y malos?
            Todo tuvieron que improvisarlo ambos bandos. Y decir improvisar quiere decir, no sólo pagar, sino pagar muy caro. Las derechas, como decía recién una revista militar italiana, tuvieron desde el momento 149 buques y más de 2.000 aviones, con sus aviadores, extranjeros, aparatos y hombres. Sin embargo, esto tuvo que ser pagado, y era lógico que así fuese. ¿Cuánto no habrían de haber gastado más las Izquierdas, que tuvieron que improvisar mucho más todo y pasar por una serie de aprendizajes e incompetencias que siempre cuestan muy caras?
            De ahí el temor que el oro español hubiese desaparecido con la guerra. Lo cual todo el mundo daba por regular y lógico. Italia perdía más de 500 millones de liras oro en su guerra etiópica. La guerra española fue lo menos cien veces más intensa.

            b) De ahí que pareciese absurdo a toda persona cuerda -por más que los cuerdos abunden muy poco- que los dos bandos españoles se echasen en cara mutuamente, durante el odioso conflicto, el que gastaban el oro en el extranjero. ¿Ignoraban, tal vez, que España no tenía absolutamente nada para una guerra, o bien que el material no lo regalan gratis los que lo forjan?
            Y aparece lo que yo llamaría hispanofagia de los españoles, que parecen vivir para la negación y para comerse mutuamente los unos a los otros, si no se puede materialmente, moralmente. Tenemos a la vista