LA SEMANA INTERNACIONAL 1947
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LA SEMANA INTERNACIONAL 1947
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La SI
Año XXV concluye en ejemplar del 22/02/47

La SI
Año XXVl comienza en ejemplar del 01/03/47, que lleva el Nº 1.304

Terminó el Año XXV: Bodas de Plata de "La Semana Internacional"

            l. EL PASADO

            El 27 de Febrero de 1922 salía por vez primera en Valparaíso, "La Semana Internacional".
            Desde 1919 eran publicados diariamente, con diversos motivos, y en distintos periódicos chilenos, comentarios sobre diversos sucesos, nacionales o internacionales. Y fue iniciativa de un periodista nato, que olía en la atmósfera los problemas y sus soluciones, el "organizar" esas crónicas de una manera metódica bajo todos los aspectos, con fines concretos de noticiario crítico de la vida internacional y de reforma de la vida pública.
            El iniciador de esas crónicas -que no fue el que las suscribe- no se equivocaba. El soñaba, no solamente con que se registrase un éxito periodístico, sino con que surgiese una iniciativa de reforma, y no de reforma periférica, sino substancial: avanzar en el medio lectivo las novedades que se imponían para una época nueva. Otros, pesimistas (o que vivían en las horas políticas de aquel tiempo) no comulgaban con estas ideas, mejor dicho, con esas iniciativas esperanzadoras, y auguraban a la nueva iniciativa un fracaso rotundo. A pesar de lo cual, la iniciativa era llevada a cabo, y salía la primera crónica con el título ya muy manoseado ahora, de "La Semana Internacional".
            Hace, hoy día, 25 años largos. Se han cumplido las Bodas de Plata de la publicación, y cerramos un período hoy día, después del cual es bueno detenernos unos minutos sobre la marcha, girar la vista atrás, y decir algunas cosas que nada tienen que ver con el nombre humilde del que subscribe esas crónicas, sino con la marcha de la publicación.
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            Acaba la primera guerra mundial, y se veía a lo lejos que, pese a las arcaicas maneras de la mayoría, el mundo terminaba de doblar una esquina de la historia, y que entraba, manchado de sangre y de miserias, en una nueva época cuyo umbral estábamos pisando.
            Muchos ni siquiera la percibían. Estaban en ella, y no sabían que marchaban con ella, formando ellos mismos en la procesión de la historia nueva.
            Muchos -son legión- tienen la virtud negativa de no "darse cuenta". Muchos. Y no sólo de la masa, sino también de las esferas llamadas alto-comerciales, y de las pésimamente llamadas clases intelectuales, porque los que están en ellas arrastran, pegados a la espalda, un cartoncito vulgar que certifica que salieron de los moldes (no, cernidores) de las aulas universitarias.
            No se daban cuenta de que ellos mismos habían ya entrado en el vestíbulo de una nueva época, y que sus pobres ideas, si es que había ideas en un marxismo vivido, eran ya cosa de museos, como aquellas hojas que se arremolinan al pie de los árboles de un bosque, y que meten más bullas que las hojas nacientes en la cima viva de los árboles. No se daban cuenta; y ello era, además de trágico, suicida.
            (¿Por qué es común a todos los cambios históricos de fuste, el que los desplazados por los nuevos hechos ni siquiera se dan cuenta de cómo van las cosas, y de que ellos mismos van siendo desplazados? ¿Por qué es unánime la falsa creencia de que se trata de cosas accidentales, y que las viejas aguas volverán a su nivel anterior, retornando viejas horas? ¿Será un designio de los dioses, que hacen que pierdan la mente y la memoria los que deben desaparecer, quién sabe por qué ley de las cosas y de los cambios? ¿O será que se trata de gente enquistada en la prosperidad de algo "de época", y que, como enquistada, son cosas muertas, incapaces de