Hispanoamericanismo 35 04 13
Índice del Artículo
Hispanoamericanismo 35 04 13
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8

Los ideales internacionales de España La SI 13/04/35 p. 1-5

1. La personalidad internacional.
El mundo es un conjunto de naciones, miembros vivos, específicamente determinados, de la humanidad.
            Se ha discutido mucho sobre la conveniencia o inconveniencia de que el mundo esté organizado en naciones, privativamente fisonominizadas. Sería lo mismo discutir la conveniencia o inconveniencia de que no todos los animales pertenezcan a la misma especie; de que un árbol tenga órganos distintos y no un amazacotamiento de materia uniforme. La manera de estar constituido un ser  cualquiera, organizado o no, es cosa de hecho en manera alguna cosa de cavilaciones subjetivas. Y delataría una falta absoluta de espíritu científico y de instinto práctico el andarse por las ramas de las imaginaciones, prescindiendo de lo que nos da la realidad con evidencia
            De ahí que la discusión sobre si el mundo estaría mejor hecho a base de una sola clase de hombres, sin distinciones nacionalistas, o bien tal como está, organizado en miembros nacionales diferenciados, es cosa que entra en el terreno  de las discusiones teoristas de pura fantasía, sin relación alguna con la realidad viva.
            El mundo es así, formado por nacionalidades, tan distintas como el grupo alemán, el grupo marroquí y el grupo chino.  Y todavía estas nacionalidades nos vienen organizadas en razas, formando una super especificación, que representa el último eslabón de la organización humana, desde el individuo y el grupo familiar, hasta las razas y la humanidad.
            De esa manera de ser del mundo, natural y ajena a todas las voluntades, se deriva el principio de la personalidad de cada nación en el conjunto humano o internacional. El carácter y la personalidad y la acción siguen al ser. Si hay dos seres característicamente distintos, han de efectuar una personalidad distinta y han de aparecer con una acción propia, que los distinga entre todos los demás.
            Cuando algún ser no aparece con esa personalidad destacada, es que se trata de un ser sin importancia o que está debilitado o degenerado, tal como acontece con un árbol que no produce frutos destacados o un animal que yace sin fuerzas en el suelo sin dar señal de vida.
            Un pueblo, si quiere ser digno de tal, ha de distinguirse por su acción de carácter internacional o en conjunto ante los demás pueblos. Así ha sucedido siempre en el transcurso de los siglos y así sucederá en adelante.
            Los grandes pueblos, aún siéndolo principalmente por su acción interior o de política propia, han tenido siempre una destacación internacional fuerte, activa, decidida. Pensemos en Grecia, en Roma; en los grandes pueblos anteriores a Cristo, como ser Egipto, Babilonia; en pueblos posteriores a Roma, como ser Gran Bretaña, Francia, Alemania.
            Pongamos el ejemplo de Roma. Su eficaz acción histórica se aplicaba, en gran parte, a las cosas internacionales. Roma tuvo una significación internacional de enorme importancia. Tenía sus ideales internacionales bien determinados, que interesaban entonces a todo el mundo conocido del Asia al Africa, del Rin al Danubio, de la Arabia a Gran Bretaña. Y esos ideales los toma en sus manos el ejército romano, y las legiones los imponen a lanzazos a los pueblos más lejanos.
            De ahí la grandeza de Roma la vieja. A medida que su política internacional va imponiéndose, aumenta el poder la Ciudad Madre. Y el poder y la fama llega a su culmen, cuando el ideal internacional del Senado y del pueblo romanos es una realidad en todas partes.
            Lo mismo en los tiempos modernos, por ejemplo, Gran Bretaña. Comienza la vida álgida de ese pueblo, bien modesto antes, cuando comienza su vida internacional. Desde los días de Isabel, la virgen-ramera, tiene Inglaterra su ideal internacional, que comienza a imponer por medio de sus comerciantes y de sus piratas. Ese ideal, bueno o malo -siempre quien lo tiene lo considera bueno, y malo quien sufre las consecuencias- va realizándose poco a poco, “con persistencia de inglés”, con la paciencia inquebrantable de aquella raza, con el espíritu práctico y acomodado del espíritu británico. Llegamos, tres siglos después, a la Epoca Victoriana, surgiendo el Imperio. Y le tenemos