Hispanoamericanismo 36 10 10
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Hispanoamericanismo 36 10 10
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Ideal racial  La SI 10/10/36 p.1-2
Mirando al porvenir de la raza. Una nueva calamidad: la raza ibero americana cortada paralelamente en dos zonas enemigas  La SI 10/10/36 p. 35

Ideal racial  La SI 10/10/36 p.1-2
 

            Día de gloria. Sobre un débil leño un aventurero de mirar fijo y unas docenas de bravos y decididos marinos  de Andalucía. Soplan a su alrededor los vientos del mar y los vientos del destino. Arriba, el cielo y a sus pies, el abismo.
            Las aves revolotean, preguntándose por caras nunca vistas, y los cetáceos de fauces enormes se preparan para un nuevo festín. Marcha el barco, viento en popa, por el camino del sol, en pos de la noche obscura, como si quisiera atraparla y pelear con ella en singular combate.
            Sobre la nave, suaves temblores de nueva vida. Al criterio ha sucedido el silencio. Los pies marineros andan quedos, semipisando las rudas negras tablas. Las cabezas se levantan sutiles, como ceñidas por un gran ideal. Y los ojos miran entornados, como fijando la pupila en un misterio que se está escudriñando. Braman las olas una canción de gesta, entremezcla de dolores y de gloria.
            Es la hora del Alumbramiento colosal, cuando Energía echó a la vida un Nuevo Mundo. Allá lejos clarea una luz, que crece, se ensancha, rasga el negror, se traga las tinieblas y aparece, tierna y rudimentaria, dando un vagido, la América.
            Instante histórico, superior al cual no ha habido más que dos: aquél en que apareció el hombre, y aquél en que el Hombre, con mayúscula, moría en un leño con los brazos abiertos, convertida una cruz patibularia en la Escuela de Historia.
            Instante histórico de alcurnia áxica en que el mapa conocido se multiplica por cuatro y la Edad Moderna brota de él como la fecunda semilla se desprende de la bella flor.
            América ha nacido. Al nacer América, se inicia la Era de la Raza, es decir, el desdoblamiento doloroso y heroico de un pueblo en el espacio y en el tiempo, en la materia y en el espíritu.
            Cuando alborea un ser, echando los primeros vagidos, comienza, por absoluto deber paternal, la Conquista. Hay que conquistar el crecimiento, la salud, la fuerza, la vida, si no queremos que al alumbramiento suceda la muerte. Primero, la conquista.
            Epopeya de titanes, todavía hoy absurdas, como se emprendieron con los pobres medios de antaño. Todavía absurdas, aún emprendiéndolas con los medios magníficos de hogaño.
            ¿Quién, hoy, es capaz de orillar el Magdalena en centenares de kilómetros, pisando en los abrojos multiformes de la selva? ¿Quién meterse en los aledaños misteriosos de la hoya amazónica y habérselas triunfalmente con la Dificultad, con el Dolor, con la Enfermedad y con las Indiadas.
            En los 200 años últimos, con los enormes medios modernos ¿ha habido, por ventura, la mitad de conquistas de zonas insumisas –de zonas materiales insumisas- de la que hubo en diez años de aquellos días energéticos del descubrimiento?
            Exploración de mares como si fuesen ríos.
            Exploración de ríos anchos como mares.
            Escalamientos de cumbres que tocan las nubes. Escalamientos de abismos que se bajan a lo más hondo. Travesías locas de desiertos inacabables. Lucha feroz con la brava fiera de la Yungla. Lucha más feroz todavía con esa fiera concentrada y traicionera que es el mosquito proteico de las cien pestes. Defensa contra la flecha envenenada y contra la santa ira del indígena. Envolvimiento sagaz de la rabia de los naturales. Pelea a morir con la lluvia torrencial del trópico, con el calor aplastante de la Línea, con el frío helador de las punas solemnes, con el mareo hemófilo de las alturas que invierte el estómago y hace trizas el corazón...
            Y, en medio de esa epopeya de energías, el bautizo civilizador de cien pueblos por el hierro: por ese hierro que es, a veces, espada flamígera e instrumento de bautismo de fuego, y que es, a veces, cruz y lábaro y dulce cuna, y bautizo de agua purificadora...
            La Energía triunfante, dolorosamente triunfante, tan dolorosa y triunfante como ningún pueblo jamás había conocido, como ningún pueblo conocerá jamás.