Hispanoamericanismo 41 10
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En el día de la Raza: el peligro de la trituración de la raza ibero-americana
La SI 11/10/41 p. 10-11
Documentación. MCXXXV. Diego Portales sobre la doctrina Monroe La SI 11/10/41 p. 15
Panamá se arrodilla La SI 25/10/41 p. 6-8

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Día de la Raza. No. Día de América. América es la geografía, el Solar. La Raza es la Estirpe, la Sangre. El Solar es algo que vale la pena de ser muy tenido en cuenta. La Raza es el nexo interior del cual fluye la vida integral. Y esos pueblos americanos, que necesitan tener los ojos fijos en el Solar para ser fieles a las reglas del Buen Vecino, tienen el deber, más hondo todavía, de tener los ojos fijos en la Sangre, para ser fieles a las reglas del Buen Hermano.
Son eso bases que tienden a ser tergiversadas. Hay siempre en el mundo, cualquiera que sea l período histórico, Pueblos de Presa. Los hay, por lo mismo, y en correlación, que son Pueblos Víctimas. Y, días de dinamismo y vida intensa que vivimos, siempre hemos defendido en estas columnas, que quieren ser vitales y vigorosas, que, si la fiera de presa tiene su responsabilidad y su culpa, la tiene mayor el pueblo que se agacha a ser víctima.

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            Los pueblos de habla inglesa están entendiendo sus necesidades, al menos por parte de ese deber de hacer primar la sangre por encima de todo.
            El Imperio Británico ha realizado en los últimos treinta años movimientos de enorme interés en este sentido.  Cuando la guerra mundial, las colonias dominoniales se pusieron lado, inmediatamente y sin distingos, de sus hermanos los británicos. Por muchos fue ello criticado. No hacían más que responder a uno de los más salvadores movimientos  de estas horas providenciales. El espíritu, venciendo a la materia. El australiano alargando kilométricamente el brazo por encima de los océanos, y estrechando cordialmente la mano del hermano mayor de las islas británicas.
            Venía luego, el Pacto de Ottawa los pueblos hermanos de sangre y lengua establecían, aún en lo material, primacías entre sí. Primero comprar a los de la raza. No importaban las consecuencias. Peores que la disensión entre hermanos, no podían ser. Argentina quedaba a la deriva, sólo amedias vendiendo a Londres. No llevaba razón. El Pacto de Ottawa podía ser algo perjudicial para éste o aquél. Era algo lógico y natural.
            El Imperio británico – entendiendo por tal la unión de los grandes pueblos que lo forman- no es más que una íntima unión sellada por la Sangre. Es el “ius sanguinis”, derivando del “factum sanguinis”, y trayendo como austero corolario el “debitum sanguini”. Imperio, por encima de todos sus defectos, admirable si el nexo fuese material, sería una feble convivencia.  Siendo el nexo a base de sangre, la Unión Imperial, no sólo es fuerte, sino que ni siquiera requiere ser escrita.

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            Una nueva tendencia a base de la actual guerra. Estados Unidos se ha unido tan fuertemente a Gran Bretaña, que Hore Belisha -judío inteligente, magüer que envidioso- ha propuesto públicamente una íntima unión, aún estatal, entre los dos grandes pueblos de habla inglesa.
            Para explicar esa unión, se han dicho muchas cosas. Acostumbran ser verdades, pero a medias.  Y ahora es tiempo de las grandes y desnudas y enteras verdades. Se ha dicho que Estados Unidos se unía a Gran Bretaña para heredarla. Es verdad. Pero, ¿y qué?  
            Roosevelt ha dado una idea que merece ser tenida en cuenta. Años atrás, cuando muchos criticaban la manía de aquel Gobierno de endeudarse mediante grandes empréstitos internos, temblaban algunas esferas. Decían: estamos horrorizados de ver que nuestras deudas suben ya a 22 mil millones. Pero esas deudas fueron subiendo con vertiginosidad de relámpago. En estos instantes, se han encaramado a la cifra estelar de más de 54 mil millones., 54.000.000.000 de dólares. Calculemos: 163.000.000.000.000. Ciento sesenta y tres millones  de millones de pesos chilenos. Y cuando en el Parlamento se armaba un gran cisco a causa de ese endeudamiento, contestaba Mr. Roosevelt: