Hispanoamericanismo 41 12
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Asia en llamas. Chile, Argentina y Brasil definen perfectamente su actitud
La SI 13/12/41 p. 1-9

1. Arde el Pacífico
            El incendio se ha corrido al gran mar. Y, a pesar de tratarse de las grandes aguas, las llamas serpentean doquiera, desde el cielo cayendo sobre ese Lejano Oriente rayos y centellas. En Hawai, que los norteamericanos creían resguardado absolutamente por la infranqueable lejanía, aparecen los monstruos de acero, y caen como alcatraces furiosos sobre buques y flotas, y se van al fondo del mar los grandes acorazados. Sobre Filipinas planean las águilas negras sembrando destrucciones doquiera. Y Málaca, y Thailandia, y Borneo, y Wake, y Guam, y por todos los ámbitos celestes de es Oceanía inmensa y de esa Asia Oriental en plena transformación, están llegando al cielo las llamas gigantescas, prontas a extenderse y a constituir una única gigantesca hoguera.
            En Agosto pasado, cuando Estados Unidos declaraban la guerra comercial al Japón –y ha dicho Roosevelt que la política es una pura consecuencia de lo económico- decíamos en estas mismas columnas: “Hito delimitador en estos tiempos que nos marcan un cambio de Edad será considerado en la historia ese gesto, que parece definitivo, de Estados Unidos de intervenir activamente en los afanes de otros continentes, así como ese plantarle cara con que ha respondido el Japón a las potencias blancas entrometidas en el Asia. Hacía años, por no decir lustros, que se miraban de reojo Japón y Norte América. Se han necesitado treinta años para que el enojo se manifestase claramente, apareciendo los intereses respectivos en Asia como irreconciliables.
            Con este episodio de semirompimiento entre esas dos grandes potencias, el Pacífico entra de sopetón en la arena donde dos Edades combaten a morir... Todo para llevar a la conclusión de que realmente el Pacífico ha entrado en la liza y que solo un milagro podría detener la furia de Marte en el gran mar. Un gran escritor inglés de principios del siglo pasado aseguró que el Pacífico sería el mar del porvenir. Y no sería raro, siguiendo la tónica de todos los grandes hechos, que ello tuviese lugar mediante una sangría bélica, que es la manera más rápida y efectiva de ser parte activa en un proceso histórico.”
            Y así ha sido, porque así debía ser. La mundial tragedia no está constituida por esta guerra, sino por las ruinas inmensas que han dejado al mundo la política, la diplomacia y la economía del siglo XlX, de las cuales es esta guerra liberadora un simple corolario. Sobre esas ruinas la humanidad ha de edificar de nuevo. Y ha de hacerlo en medio mismo de esa enorme crisis. La cual, siendo mundial, porque los imperios fracasados habían extendido sus tentáculos sobre toda la tierra, había de abarcar lógicamente toda la extensión del mundo.
            Era absurdo –pura manera siglo XlX- que las llamas solo tocasen a Polonia, a Noruega, a Palestina, a los pueblos subyugados. Había de llegar el incendio también a los pueblos subyugantes, donde la causa vegeta y tiene sus raíces. Y había de llegar también a ese Pacífico inmenso, cuyas aguas puede decirse que, habiendo vegetado hasta ahora en la placidez de la paz que sigue a las conquistas imperialistas, era hora ya de que entrasen de lleno en el hervir civilizado, acompañando a Europa en la buena y en la mala fortuna.

2. El Pacífico era la paz
            La historia de la humanidad está ligada, más a los mares que a las tierras. Hay que recalcar esto, que es la faceta que no nos muestra n muchas veces los libros elementales sobre historia. Cierto que es la tierra, por ser despensa de víveres y almacén de materias primas, el enorme ring de las luchas locales y hasta continentales. Pero son las aguas las que han definido hasta ahora los rasgos generales que van a caracterizar a una época de la vida humana. Porque han sido hasta ahora las aguas el único camino fácil entre los continentes, y, por lo mismo,  el gran instrumento de viación    -o de desviación- mundial.
            En los viejos tiempos fue el Mediterráneo el mar núcleo de vida internacional, así como causal de fisonomización  de la vida humana. Las grandes guerras con trascendencia internacional y civilizadora, solo en ese mar tuvieron lugar durante dos mil años. El hecho de dominar Roma ese mar, abatida Cartago,