Hispanoamericanismo 47 02 a 06
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Hispanoamericanismo 47 02 a 06
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Estados desunidos ibero-americanos. Ejemplar  imitable La SI 08/02/47 p. 8
Estados desunidos ibero-americanos. El mundo marcha hacia una organización La SI 22/02/47 p. 8
Estados desunidos ibero-americanos. Los valores espirituales La SI 15/03/47 p. 9
Estados desunidos ibero-americanos. El Imperialismo de Wallace La SI 19/04/47 p. 9
Estados desunidos ibero-americanos. El Tratado con la Argentina La SI 14/06/47 p. 7

Ejemplar  imitable
            El Tratado chileno argentino, que se está ultimando en estos instantes en las Cámaras de ambas naciones, había sido previsto (y planificado) hace ya al menos unos dos años. El Gobierno de González Videla ha sido el único, con arrestos de gobernante, que se ha atrevido a llevarlo a la práctica pactada y actuante.
            ¿Audacia? ¿No se trataba de algo con las dos cualidades que hacen las cosas de ley fáciles, como ser que el asunto sea óptimo, y que el pueblo, en su 90%, lo desea ardientemente? Sí. Pero estamos en los tiempos del Mundo al Revés. Por tanto, lo estrambótico, o simplemente malo, que nadie desea, es lo que regularmente se acuerda, mientras que lo que todos desean y lo en sí apetecible y justo, esto es lo arduo y difícil.
            Está la prueba en este mismo Pacto.. Mientras se trataba de alardear, charlar y copuchar, todo era el Pacto y la amistad chileno-argentina. Cuando se trató de pasar de la locuacidad a las obras, pasaron los meses y no se hizo absolutamente nada.
            Subió al Gobierno González Videla, y se pasó inmediatamente a los actos, no temiendo a las dificultades, y tratando no de esquivar, sino de superar y vencer los obstáculos.
            Luego..., según usted, habría obstáculos que había que salvar. Evidentemente, y aquí está el mérito del Gobierno del señor González. Había dos obstáculos: los agricultores chilenos, y el Gobierno norteamericano.
            Se fue al Tratado, esperando que las dificultades se planteasen. La expuesta por los agricultores ha sido atendida. Y ha sido precisamente un notable agricultor el enviado para concretar el Tratado. Lo del Gobierno norteamericano, no ha sido temido, como lo fue antes, y en otro lugar de la revista se trata este asunto.
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            Pero, al firmarse interinamente el Tratado, González Videla (y, luego, lo repitió el Presidente Perón) soltó una idea que han de recoger los gobernantes hermanos de los demás países: el Tratado argentino-chileno es un acto, celebrado por primera vez en América, que tiene fuerza de ejemplaridad: es el primer acto para una íntima unión hispano-americana.
            No pretende el Presidente chileno se le tome por un ente extraordinario, por haber formado algo de difícil concepción y de arriesgado éxito. No. Se quiere decir que los demás países habrán de tener valor para realizar una cosa tan relativamente fácil, pero dificilísima de hacerla realidad, por fácil que sea. A causa de lo difícil que era tener la audacia necesaria para realizar este Pacto entre hermanos.
            Quiere decir esto: era tan difícil vencer la oposición del sector agrícola atrasado, que ni se pensó antes siquiera en la realidad del Pacto, temerosos de una oposición latifundista extremada. Era tan difícil firmar una Acta semejante, que había de ser mal vista, pésimamente vista, en la secretaría de Estados Unidos, que nadie se atrevió a actuar, máxime después de la visita del Presidente Ríos  a Estados Unidos, donde se le dieron consejos que no tenían que ver con Chile.
            Ríos había prometido ese Acuerdo. Se echó constantemente para atrás cuando se trataba de realizarlo.
            Pero asciende al poder el actual Presidente, se calza las botas, se reviste de energía, y se echa de cabeza a los hechos. Las dificultades se presentan. El mira de soslayarlas o resolverlas según razón y conveniencia. Y las ha eliminado, costare lo que costare.
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            Cuando se trata de la Raza, de la hermandad de veras, que es algo más que el Buen Vecindaje, de la resolución de ir todos los hermanos a una, los gobiernos temen demasiado. Cuando se obra bien, no diremos que no hay que tener en cuenta las dificultades, pero sí hay que darles su propio volumen, afrontándolas para bien y voluntad del pueblo.
            Las Repúblicas de América, en su primer siglo de independencia bajo una dictadura latifundista (muchas veces lo mejor que podía haber), han llegado ya a la hora de que no es una clase social, sino todas en conjunto las que decidan los asuntos del Gobierno. Han de tenerse en cuenta las dificultades de todos, aún de las provenientes de defectos: hay que ser humano. Pero la hora, bien difícil, es tal, que hay