Hispanoamericanismo 48 06
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Hispanoamericanismo 48 06
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Estados desunidos iberoamericanos ¿Nueva ruta? La SI 19/06/48 p. 6
Estados desunidos ibero-americanos Dos escuelas La SI 19/06/48 p. 6
Estados desunidos iberoamericanos. Voces agradables La SI 26/06/48 p. 6
Estados desunidos ibero-americanos. Unión o separación La SI 26/06/48 p. 6

En el número anterior (La SI 12/06/48 p. 1-3) abríamos nuestras críticas con un interrogante. Permítasenos que continuemos  el tema en esta página hoy mismo. Decía, o preguntaba, el interrogante: ¿Por qué no cambiar de ruta?
Así preguntábamos y así debía proponerse una enmienda. Citábamos allí mismo casos ((Pericles, Isabel de Castilla) en que se dio un rápido viraje en dos países, muy distanciado en distancia de lugar y de tiempo. Queríamos decir que nos apoyábamos en hechos reales, con gloriosos precedentes, y no en fantasmagorías y cavilaciones. Preguntábamos, por tanto: ¿por qué no hemos de ser también nosotros los que cambiemos de ruta?
Son muchos los que hablan de que las cosas “marchan bien”. Dudamos que haya uno solo que no sepa plenamente que está diciendo con ello una guasada.  Todos estamos convencidos de que el mundo marcha pésimamente, y todos estamos convencidos de que marcha así porque somos un conjunto de desviados y que el mundo podría marchar de otra manera.
¿Por qué, pues, no cambiar de ruta, emprendiendo un nuevo camino?
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            Hablan muchos de lo incorregibles que son los políticos. Tenemos en la mano un artículo que nos manda un amigo (demasiado pesimista) en este sentido. Dice: cambiar de ruta quiere decir que hay que tener voluntad para cambiar y ¿quién le dice a usted que los políticos quieren cambiar? ¿No es usted mismo quien nos ha dicho, y más de una vez seguramente, que es rol de los políticos enredar los problemas para tener con qué hacer ver que se ocupan de algo, y que ellos son necesarios para arreglar el mundo ... que ellos mismos han creado con sus desaciertos?
            Rememoricemos. Desde el momento, no hemos dicho que ellos cambien, sino que “hay que cambiar”, sean ellos, los políticos, los que cambien, sea que el mundo imponga otros políticos que anden derechamente y que sean un nuevo Pericles o una nueva Isabel la Católica. En el mundo pasan, a veces, milagros. ¿Quién nos asegura de que, por esto o por aquello, por fas o por nefas, sobreviene un cambio de política que quiere decir un cambio de ruta?  Cuando el mal ha llegado a los extremos actuales, no reputamos imposible que no advenga un cambio de rutas, sea por exigirlo el Buen Sentido, sea por la aparición de un hecho milagrero.
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            Pero nosotros somos menos desconfiados. No creemos a los hombres responsables de la marcha de las cosas, tan desnudos de Buen Sentido, de Moral y tan perdidos que no patrocinen una buena idea, un cambio de caminos.
            Tenemos a Mr. Truman por una medianía, en toda la extensión de la palabra.  ¿Quién nos dice que se trate de una imposibilidad de enmienda? La historia nos explica la gestión, en general pésima, de gobernantes sabios y de técnicos en cosas públicas. El Buen Sentido es más bien achaque de medianías y de gente sencilla. ¿Por qué hay que enredar la cosa, asentando que no hay siquiera posibilidad de enmienda?
            Precisamente, Mr. Truman –que ha realizado mil cosas malas- no tiene la paternidad de esas cosas. Lo encontró todo como estaba y así debió continuarlo. Sin tiempo de pensar en el contrario, a tambor batiente continuando lo ya comenzado. ¿Quién nos asegura de que en su interior no opina distintamente, y que él, con plena voluntad, no haría lo contrario?
            Precisamente no es todo malo lo que el Presidente por azar ha hecho. Y varios casos habrán notado, al correr de las cosas, nuestros lectores. Truman lanzó la idea, de franca democracia, de que, en su pensamiento, había de desaparecer esa antinomia norteamericana entre blancos y negros, y que tan ciudadanos y tan derecho-habientes son los blancos como los negros. Y de que, si él triunfara, haría legalmente desaparecer esa antinomia racial que convierte a Estados Unidos en el país más