Estados Unidos 33 11
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In a common determination La SI 13/11/33 p. 1-2
Estados Unidos reconoce el Soviet ruso La SI  27/11/33 p. 4

            a) Reproducimos en esta misma página –ampliada en un 200%- una elocuente estampilla. La hemos recibido en una carta de la “Carnegie Institution”. Vale la pena de mirarla. Pocas veces se podrá haber dicho que por detalles, o por sencillas figuras visuales, se puede adivinar el alma de una cosa. Quien quiera comprender la estructura interior del plan Roosevelt, que ahora comienza en Estados Unidos a ser violentamente atacado, medite con ojos penetrantes puestos sobre este sencillo sello de correos.
            Arriba: “Correos de Estados Unidos”. A izquierda, las iniciales sacramentales NRA, la famosa NIRA. A derecha: un cuarteto vivo. Cada cual toca su instrumento (agricultor, profesional, obrero, mujer). Los cuatro instrumentos modelan una armonía única: “In a common determination”: en palabras castellanas más enérgicas: “todos decididos, y todos a una”. Abajo a la izquierda: 3 centavos.
            Y en verdad os digo que esto vale, cuando menos un millón de millones de centavos, sea cual sea la virtualidad de la NIRA y sean cuales sean  sus resultados.
            Estados Unidos había sido, hasta estos instantes, el campeón extremista del Individualismo. Cada cual por su parte. El derecho ajeno no tiene valor alguno. Cuando un productor aumentaba el sueldo de su empleado, no la pasaba por la cabeza siquiera la ventaja del empleado, sino su mayor poder adquisitivo, esto es, el poder él, el productor, vender más. Cuando un grupo obrero estaba en una huelga, o se avenía a estas o a las otras condiciones, su especial ventaja era su único objetivo.
            Dentro de ese Individualismo frío y repulsivo, cabía todo menos el espíritu social. Cabía la especulación más extremada, el hambre del pueblo, la ruina de los agricultores, la desesperación de los hogares, la ruina del fisco, la catástrofe de los demás.  Cabía la competencia desleal, el “dumping” económico y el “dumping” moral.
            Se nos quería hacer comulgar con ruedas de molino por parte de no pocos que se quedan boquiabiertos ante una casa de cien pisos. Aquello era el ideal. Estados Unidos marchaban por ahí magníficamente. Colosal, con minúscula y con mayúscula. Estados Unidos había hallado el paraíso. Y no había más que marchar detrás, para poder tocar siquiera un rinconcito de ese Edén.
            Bien les decíamos que todo esto era absurdamente sin base; que se trataba de una casa sin cimientos; que todo había de venirse irremisiblemente abajo. Nada hay más difícil que hacer cerrar la boca de la admiración de un boquiabierto. No la cerraron hasta que el polvo de la catástrofe les entraba por las fauces.
            No podía ser otra cosa. Cuando se tome el cuerpo social, no como un cuerpo, todos los miembros solidarios, sino como un montón informe de cosas desarticuladas que andan sobre dos patas, todo se vendrá abajo. Porque se toma la humanidad, distintamente de lo que es. Se quiere resolver una ecuación con datos falsos. Y no se resuelve nada, simplemente.
            Ha sido honra de Mr. Roosevelt, el haber sido el primero en comprender el errado camino. Y más honroso, todavía, el haber sabido rectificarse a sí mismo. Porque él había sido, desde siempre,  uno de los puntales de aquel Individualismo que ha arruinado al mundo y al cual ahora, tan decididamente, ha vuelto la espalda.

            b) Si concretamos en Estados Unidos el caso de ese agrio y amarillentoso Individualismo, puédese ver toda su absurda e inmoral contextura.
            El Oriente vivía roto e independizado del Poniente, el gigantesco triángulo industrial (Nueva York - Boston - Chicago) de espaldas al enorme esfuerzo agrícola del Far West, esa California maravillosa en la cual la habilidad humana en cultivar bien la tierra ha producido el mejor ejemplo que los siglos hayan visto. La intensa población obrera y capitalista del Este no se interesaba un ápice de las angustias del Oeste. Y el enorme ferrocarril que atraviesa el país de mar a mar piteaba desesperada