Estados Unidos 36 11
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El triunfo de Roosevelt significa la derrota definitiva de Wall Street (1) La SI
14/11/36 p.12-14
El triunfo de Roosevelt significa la derrota definitiva de Wall Street (2)
La SI  21/11/36 p.1-2, 6-9
El triunfo de Roosevelt significa la derrota definitiva de Wall Street (3) La SI 28/11/36 p.8-10

1. Estas elecciones como observación y como lección
            Cuando, tres meses atrás, explotaba en España esta terrible guerra social, iniciábamos su estudio            -que durará, todavía meses- de la única manera posible cuando se procede honesta e inteligentemente: como fenómeno mundial acaecido en este miembro vivo de la humanidad que es España. Por esto iniciamos su crítica por el caso francés (obreros y empleados de Francia se apoderan pacíficamente de fábricas, tiendas y bancos) y en todos los artículos del estudio el lector habrá observado la tendencia a mundializar la crítica, elevándola por encima del malestar español.
            La economía clásica, que ha envenenado al mundo, y el liberalismo político, que era su “doble” en el terreno gubernamental, no fueron un fenómeno particular de éste a aquel país. Fueron llaga mundial. Podía tomar una forma especial en cada país, pero era la misma agua tóxica que, amoldándose a la forma de cada vaso es la misma agua tóxica. Podía manifestarse por síntomas distintos, como una misma dolencia aqueja distintamente a cada individuo, no habiendo enfermedades, sino enfermos; pero el veneno interior era el mismo.
            El mundo del siglo XVll, XVlll y XlX se está hundiendo. A Dios gracias, y ya era la hora. Hoy es aquí, mañana allá. Aquí bajo la forma soviética, allá con el haz romano, más allá con el ciclón hitlerista, a veces explotando el tumor en los tejidos populares,, a veces desde arriba viendo el vendaval transformador. Pero todo es uno y lo mismo. Y no digo igual y parejo, sino “lo mismo”, lo cual es distinto.
            La humanidad constituye un organismo vivo, lo cual no impide –antes exige- que tenga también su espíritu, una información idealística, aquello que constituye el más allá de la materia, efecto de la parte espiritual de los individuos que la constituyen en función con todo lo corpóreo.Y este organismo tiene sus miembros, que son las naciones (partes verticales) y sus tejidos vivos, que son los elementos sociales (partes horizontales), corriendo por ambas zonas, que forman la realidad una sola, la misma sangre. De ahí la imposibilidad de que un fenómeno grave que afecta a un miembro pueda tener lugar indiferentemente para los demás miembros. De ahí que un tejido vivo (normal o morboso), que se pudre en una región orgánica no pueda ser indiferente a las demás regiones orgánicas: los tejidos son unos solos para todos los miembros.
            Estados Unidos ha constituido siempre uno de los miembros capitales de la humanidad. Reciente en la vida, joven en su actuar, alcanzaba apenas niño una importancia extraordinaria y llegaba, después de la guerra mundial, a la cima del poderío. Enorme en extensión, con millonadas de habitantes, dueño de inmensas riquezas de todo orden, salido inmune de aquella catástrofe, nadando en oro, dirigiendo el mundo económico, todo hace que los fenómenos que tienen lugar en él tengan un valor excepcional.
            Había tenido, además, el orgullo de ser arquetipo y modelo. No sólo había endiosado los principios de la economía clásica. Los había llevado al último extremo de la perfección, si esta palabra es compatible con lo monstruoso. Y mientras los demás países se arruinaban, los adoradores de los viejos principios nos lo presentaban como una prueba irrefutable de que la vieja economía no había fracasado en sí, sino por culpa de tales o cuales políticos en cada pueblo. Y la prueba era que Estados Unidos flotaba victorioso por el mar de la más enorme y sugestionadora prosperidad.
            De ahí el valor excepcional de fenómeno americano.
            Lo tenemos estudiado a fondo desde su desarrollo, en estas mismas columnas. Las actuales elecciones vienen a remachar el clavo y a poner en evidencia, para los que todavía no veían claro, las entrañas del fenómeno y el acierto de los que no creíamos, en absoluto, en la bambolla y apariencia de los que,  aún en medio de un mundo en ruinas, nos contaban el cuento de una economía perversa haciendo la felicidad de un país.
            Los sucesos norteamericanos, cuyo espíritu late en estas elecciones, han de servir de lección a