Estados Unidos 37 01
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El triunfo de Roosevelt significa la derrota definitiva de Wall Street (8) La SI 02/01/37 p. 1-6

24. El “comunista” Roosevelt
            ¿Este es el lenguaje usado por Roosevelt en su gira electoral? No sólo es este su lenguaje. Son estas sus obras. Es esto el “New Deal”, el Nuevo Plan. De no, ¿a qué llamar nuevo a lo que sería una nueva forma de lo viejo? Y precisamente porque este es el lenguaje de Roosevelt, obtiene tan formidables votaciones.
            Dirían en muchos países que esto es desquiciador y comunista. También lo dicen los republicanos, los amos de la Wall Street. Cuánto más lo dicen, más votos reúne el Presidente. Porque, usando sus palabras, si esto es desquiciamiento, es necesario ser desquiciador para salvar al pueblo... e incluso para salvar la parte decente de los negocios de sus mismos enemigos.
            Landon, candidato de la Wall Street, decía en uno de sus más sonados discursos: “Roosevelt aumenta constantemente la deuda nacional de tal modo que más que deuda es una pura confiscación a los grandes ricos”.
            El “New York American” en una edición dominical de gran tiraje, financiada se supone como, desarrollaba en un largo artículo esta tesis: “La nueva política de Roosevelt está respaldada por el comunismo ruso”.
            Steiner, senador fogoso y de cortos alcances, gritaba así en plena Convención Republicana: “La actual desocupación es fruto de las ideas de Roosevelt, copiadas del Soviet ruso, en vez de apoyarse en el sólido sistema  económico americano... El Presidente está empujando a todo el país hacia el comunismo con su New Deal ruso”.
            Borah decía: Yo le acuso a Roosevelt de haber dado libertad de acción a un clan de demagogos teorizantes y extremistas, que han atemorizado a la alta producción y aletargado las transacciones”.
            Y, para no traer más testimonios de ese reblandecimiento cerebral en ciertos sectores yanquis, un párrafo de un documento oficial del Partido republicano, publicado el 15 de Octubre y rubricado en Chicago, la capital del chantage y del gangsterismo político: “El programa que acaba de publicar el Presidente Roosevelt lo convierte en un agitador peligroso y en el Kerensky del movimiento revolucionario estadounidense... El impuesto confiscatorio sobre las utilidades excedentes deriva directamente de Moscú y conduce derecho a la destrucción del sistema capitalista.... Los comunistas estarán satisfechos... Los que han ganado algo, verán esfumarse sus ahorros... Llegaremos a la conclusión comunista de que el gobierno será, al fin, la única empresa comercial del país... Es una lástima que Roosevelt no vea que se deja conducir por media docena de teorizantes que, formando el antidemocrático “Brain’s Trust”, nos conducen a la debacle comunistas”.
            Y, henos aquí, según estos singulares emisarios de la Wall Street, a Roosevelt convertido en un feroz y desquiciador comunista... Lo cual cuatro fenómenos dignos de ser tenidos en cuenta.
            Primero, la tónica general de llamar comunistas a cuantos anhelan la destrucción del régimen individualista y de la dictadura económica de los grandes especuladores. Es el “cuco” del momento. Treinta años atrás había dos espantajos que tenían la culpa de todo: los Jesuitas y la Masonería. Eran, respectivamente, el cúralo-todo de los ateos y de los religiosos. Los Jesuitas eran responsables de los fenómenos atmosféricos poco deseables. Y los francmasones formaban un ejército de criminosos omnipotentes, que hacían rodear el globo terráqueo según sus conveniencias. El disco ha cambiado hoy. Y el comunismo lo resuelve todo. ¿No se ha dado el caso en estos instantes, en una nación europea, de haber expulsado del país, por comunistas, a los líderes de un partido conservador y de que inmediatamente una República americana haya imitado la trágica huasada?
            Segundo fenómeno, la supina ignorancia de esos que, desconociendo elementos de economía, el azar los haya colocado en las cimas directrices de la vida económica. ¡Y así anda ello! Porque es desconocer elementos creer que la “confiscación de utilidades excedentes”, doctrina Tomista, sea cosa moscovita y que romper el espinazo de los grandes trusts sea “aletargar la producción”. Es -¡todavía!-