Estados Unidos 40 11 y 12
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Roosevelt por tercera vez La SI 09/11/40 p. 15-20
Estados Unidos y el caso del “Itape” La SI 14/12/40 p. 7

            Por tercera vez tenemos en la presidencia de Estados Unidos, para un nuevo cuatrienio, al que durante los últimos ocho años ha tenido el honor –y la responsabilidad- de ejercer el mismo cargo, representativo del cuarto pueblo del mundo en número de habitantes.
            Días de grandes signos, en que vivimos en el umbral de una nuevas maneras, es necesario estudiar esta elección con criterio objetivo, rascándonos con decisión toda suerte de prejuicios y elevando el sentido crítico a su máxima potencia en cuanto a imparcialidad.
            Por lo demás ¿qué sacaríamos –de no estar alineados entre los carneros de la Vl Columna- con tergiversar conceptos, dar la vuelta a hechos sencillos y mostrar cosas al revés de lo que son, solo por haber convenido, tal vez, a nuestros intereses que ellas se pasasen distintamente de cómo han sido?
            En estas columnas ello no puede tener cabida.
            En ella se han expresado los más altos elogios  a Mr. Roosevelt y también se le han dirigido los más hondos ataques. Durante años hemos venido notando el esfuerzo extraordinario de ese hombre resuelto, cuya parálisis ha equivalido a la más extrema dinamicidad; cuyas intenciones hemos tenido siempre por intachables bajo su punto de vista nacional, cuyas ideas sociales, tomadas en su mayor parte de la democracia cristiana y del totalitarismo, han salvado a Norte América de una catástrofe. Y en estas mismas columnas en que hemos cantado las alabanzas de ese hombre extraordinario, no hemos tenido empacho en iniciar una honda campaña condenatoria, bajo el título de la Conferencia en Pijama, en la cual el ataque iguala a la alabanza en cuantas cosas ésta era merecida.
            Con el mismo desapasionado criterio que remos analizar ese acto electoral, apartándonos de
Los extremos sectarios que juzgan según el propio deseo, desconociendo, por lo mismo, la objetividad histórica y las normas de justicia.

1. Triunfo infalible
            Desde luego, ese triunfo de Roosevelt era bajo todos sentidos descontado. Constantemente hemos venido, desde muchos meses atrás, considerándolo así. Luego del primer período,  dimos por reelegido al Presidente mucho antes de haberlo sido. Y ya entonces afirmamos textualmente que “será reelegido por tercera y cuarta vez siempre que esté en su voluntad ser reelegido”.
            Que no lo creyesen así muchos no quiere decir sino que los cortos de vista son numerosos, o que los que se hallan cegados por el propio interés son infinitos. Y, ya aquí, he de complacerme en mostrar una antítesis, constante en nuestros tiempos modernos, entre la mayoría de ciudadanos y la prensa.
            En la actual campaña norteamericana se habían declarado contra Roosevelt los más grandes diarios del país, que son los que tiran mayor número de ejemplares y tienen más lectores, por lo mismo. Nombremos al “New York Times and Tribune” que marcha al frente de la prensa norteamericana en circulación. Salta a la vista un hecho que aparece anormal. Esos grandes diarios acaparan al público como lector. Sostienen en sus columnas campañas constantes contra Roosevelt. Leen estas campañas el mayor número de ciudadanos. Votan éstos. Y votan contra todo lo que decía el diario que constantemente han estado leyendo.
            Esto dice algo a favor del Buen Sentido popular. Pero dice mucho más sobre la escasa eficacia del periodismo de esos diarios, incapaces de convencer a sus mismos cotidianos lectores.
            El hecho no es norteamericano. Tiene lugar en todos los países, para descrédito de esa prensa. En París, por ejemplo, en Barcelona, en casi todas las grandes ciudades del mundo, esa gran prensa apoya  una determinada candidatura  en momentos de renovación de poderes supremos. Las candidaturas por ellos propiciadas quedan “ipso facto” desacreditadas y vencidas.