Estados Unidos 45 04 28
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El Presidente Roosevelt ha muerto La SI 28/04/45 p. 6-8

(continuación)
                                                                                  XV
            La vida política del Presidente Roosevelt – o sea, sus Presidencias- se desarrollaba, en lo que tuvo de propio y fundamental, en tres campos externamente distintos, pero absolutamente solidarios, el de las reformas sociales, el de la Buena Vecindad Americana y el de la segunda Guerra Mundial
            La labor social del Presidente ha quedado largamente expuesta en el número anterior. Y decimos largamente porque había muchas razones para que nos extendiéramos, mostrando todo el interés de ese sector interno de su política.
            Se trataba de uno de los aspectos más interesantes que ha desarrollado jamás Presidente alguno en Estados Unidos. Tan interesante, que no hay exageración al decir que se trataba de algo tan grande, si no superior, como la acción de Lincoln al desbaratar la trituración de Estados Unidos en dos o más partes enemigas o antagónicas. Lincoln evitaba, mediante torrentes de sangre, que Estados Unidos se partiera en dos trozos físicos, con ansias de personalidad internacional cada uno. Roosevelt desbarataba la ruptura de Estados Unidos en dos secciones más graves todavía: la masa clasal trabajadora por una parte, y la minoría super capitalista por otra, lanzando al país a una guerra social que habría sido mucho más sangrienta y grave que la de la Secesión
             Allí hubo una guerra sin contemplaciones entre dos masas de pueblo. Aquí hubo una guerra sin cuartel entre la sólida minoría de la omnipotente Wall Street, con todos sus elefantiásicos medios de pelear, y por otra parte con el pequeño grupo que capitaneaba Roosevelt, respaldado por el peso del Estado, con un parlamento que,  aunque rezongando, lo secundaba realmente.
            Aquella guerra lincolniana iniciaba una nueva era en Estados Unidos con relación a la convivencia entre norte y sud, éste vencido (en cuanto a la letra) en el arduo y gran problema de la esclavitud negra y en todo propósito ulterior de separatismo. Esa acción presidencial rooseveltiana iniciaba en aquel país también una nueva era en cuanto a dos clases sociales que, por lo menos por el momento, habían de convivir en paz y buena vecindad.
            No se dirá que no seamos justos, reconociendo mérito –y extraordinario- al ilustre muerto. Lo cual es plena garantía de que, al tratar ahora otros asuntos, también con justicia y ecuanimindad, podemos fustigar con el mismo deseo de equidad crítica que nos guiado en esa primera parte de la vida del Presidente.

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            El segundo problema de la Presidencia de Mr. Roosevelt se relaciona con el Pan americanismo y la Buena Vecindad, frases tan usuales en estos años presidenciales.
            El Pan americanismo rooseveltiano ha de estudiarse como una necesidad continental y como una concepción norteamericana. Comparando sus semejanzas y diferencias, se comprende perfectamente lo que se proponía el Presidente, en gran parte logrado, con esa doctrina, para cuya realización hacía esfuerzos extraordinarios.
           
a)En sí mirado, el Continentalismo (Pan europeísmo, Pan americanismo, Pan asiatismo) indica una necesidad corolario del hecho de la Vecindad. Una extensión internacional del “jus solis”, por el cual la conciencia material en un lugar común concede derechos e impone deberes. Exactamente igual, en el fondo esencial, que el Vecindaje entre familias a vecinos individuales.
            Nadie sería tan torpe que negase esa fuente de derechos y deberes que emana de cualquier Vecindaje, sea personal o familiar, sea nacional o internacional. El problema no es éste, sino éste otro: si los derechos y deberes del Vecindaje anulan so se sobreponen a los derechos y deberes de la Sangre (racial), o si, quedándonos en un punto medio, hay que aunar los unos con los otros.