Estados Unidos 46 08
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Estados Unidos 46 08
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Marshall derrotado La SI 10/08/46 p. 4-6
Diferencias raciales en Estados Unidos La SI 10/08/46 p. 6
El Imperialismo norteamericano De Marcel Renaudier La SI 17/08/46 p. 7

                a) Un telegrama nos cuenta que el general Marshall, jefe del Estado Mayor durante la guerra, da por fracasada su misión en China, preparándose para volver a Washington, para dar cuenta de su fracaso, al que lo había enviado para una misión determinada.

                Encierra el asunto una lección internacional de primera fuerza, así como, para Mr. Truman, una lección de estrategia.

                Antes de ponerlas en descubierto, será bueno saber por qué, para Estados Unidos, el problema de China (y ¡qué problema! entre los infinitos que afectan a aquel inmenso país) era de primera magnitud

                Cuando decimos “de primera magnitud”, no queremos decir “ de gran interés moral”. Estados Unidos ha aprendido de los pueblos  hispano-latinos la palabra “moral” y pinta usarla a menudo. Es un lenguaje que nosotros, los de origen hispano, entendemos perfectamente, y hasta nos frapa el que con esa elevada palabra nos habla. Y no debemos olvidar que, entre los problemas de Estados Unidos, el capital si no actualmente, al menos hace tres años- era reducir esos pueblos americanos de origen hispano, usando en apariencia su lenguaje.

                Pero si usan esta palabra cuando hablan con alguien relacionado con nosotros, poco la usan entre sí y en cuanto a su filosofía. Dewey es el pedagogo que siguen lo menos el 90% de escuelas norteamericanas desde la primaria a la universitaria, y Dewey sostiene que no hay moral objetiva; que todo es utilitarismo; que, según éste, cambia lo que se llama moral y que los perpetuos han de ser educados así. Y recuérdese que Dewey no inventa una filosofía que los yanquis se apresuran a seguir, sino que formula en filosofía y en pedagogía lo que los yanquis ya practicaban desde “in saecula”, la propia: el utilitarismo material inmediato.

                Por tanto, cuando decimos que China representa para los norteamericanos un problema de “primera magnitud”, dase por dicho que se trata de “primera magnitud utilitaria”  y no de primera magnitud mora. Hay veces que uno usa palabras sin entenderlas. Es un fenómeno psicológico elemental. Pues bien: esa (moral) es palabra de difícil entender para un cerebro norteamericano educado según Dewey, es decir, racialmente.

                 A base de esta distinción hemos de entraren el problema, que carecería de sentido bajo el aspecto hispanoamericano, con raíz en Suárez, Vitoria y Salamanca.

                b) En la concepción materialista de Roosevelt, la guerra representaba el único medio de dar trabajo a ,los millones de desocupados de Estados Unidos, así como al oro acumulado y en huelga forzada. El único medio de avanzar una etapa más en el camino del Imperio norteamericano sobre el Mundo; y (dentro de esta teoría) comenzar por el problema magno: sujetar a América al carro del triunfador.

                Pero esa teoría había de derrumbarse, en parte, al ver y palpar que Rusia, en vez de agotarse con la guerra, se levantaba con ínfulas incontrolables. Tan incontrolables sus fuerzas y tan exigentes sus agallas, que resultaba, al menos para Europa, un rival de Gran Bretaña y Estados Unidos superior a Alemania. Habían aterrado a un enemigo. Había salido uno mucho más temible. Europa era para Rusia.

                El primer proyecto de Roosevelt se venía al suelo, y no fue ese fracaso ajeno, como sabemos, a su muerte. Y nacía el segundo Plan, ya iniciado durante Roosevelt, pero con tesón acariciado  durante Truman y sus adláteres. Puesto que Europa había de quedar forzosamente para Rusia (y de aquí que en Yalta le cedieran todo lo que ella exigía en ese continente), giraban los dioses de la guerra la vista hacia el Asia, que había de substituir a Europa en cuanto a consumo de objetos manufacturados en Estados Unidos. Europa consumía más por habitante. Asia tiene doble número de habitantes que Europa.

                De ahí el interés que, en los  últimos tiempos, puso Roosevelt en Asia. En los primeros tiempos , como que ese continente no entraba  en los planes de Roosevelt, no se preocupaban mucho de ella.  Hubo numerosos conflictos por esa primitiva despreocupación  de la cual protestaban Chiang Kai Sheck y sus ministros. Ahora, Asia había de ser, y especialmente China, la substituta de Europa n los planes norteamericanos de postguerra.      

                De ahí el inmediato reforzamiento de los aeródromos norteamericanos en China, que pasan de 30, sin objeto bélico determinado.  De ahí el trato con los comunistas chinos, porque de la lucha entre chinos  dependía el quedarse allá, “para arreglar las diferencias”. Porque al imperialismo le conviene, en vez de unir facciones y arreglar  conflictos, dividir el país y alzar a unos contra otros. De ahí, más que nadie, un Estado Mayor yanki que los norteamericanos impusieron a Chiang Kai Schck, así como una  Comisión de Hacienda norteamericana en China, de cuyos dos roganismos pende todo, incluso la concesión de minas, terrenos mineralizados y suelos productivos. En suma: de ahí el interés cada día mayor que tenía China  para la política fracasada de Estados Unidos en Europa, y su parchamiento con retazos del Asia.